2008/06/26

Toda la obra de Margaret Atwood, premio Príncipe de Asturias, contiene una mirada crítica

El Premio Príncipe de Asturias de las Letras ha galardonado este año a la escritora canadiense Margaret Atwood por su defensa "de la dignidad de las mujeres" y su "denuncia de situaciones de injusticia social", tanto en su obra novelística como poética. En la última votación, Atwood (con seis títulos publicados en España por Ediciones B) se impuso a Juan Goytisolo, defendido por los miembros del jurado que reclamaban que el galardón recayese en un escritor en lengua española.Candidata al Premio Nobel de Literatura desde hace algunos años, Margaret Atwood (Ottawa, 1939) es la personalidad literaria más representativa de la literatura canadiense actual y una de los escritores más sobresalientes de las narrativas occidentales de hoy. No obstante, pese a que es la novela el género que le ha otorgado reconocimiento internacional, hay que tener en cuenta que Margaret Atwood es también ensayista. Una brillante ensayista y, sobre todo, poeta. De hecho, la poesía fue su primera expresión literaria, y los 20 títulos que ha publicado en este terreno le han valido el estar considerada como una de las poetas mayores de la poesía que se escribe hoy en lengua inglesa. Y aunque su prestigio y reconocimiento internacionales obedecen a su excelente producción narrativa --por razones obvias--, la autora no ha dejado nunca de escribir y de publicar poesía: The Door (La puerta, de próxima publicación en Bruguera), su último poemario, apareció ahora hace tan solo un año, al cabo de unos meses de la aparición de su última entrega narrativa Desorden moral (Bruguera, 2008).
ENTRE DOS GÉNEROS Así, pues, sin que el éxito como novelista la apartara de la poesía, Atwood ha ido alternando siempre la escritura poética y la narrativa. Ha dividido su quehacer literario en la práctica de dos escrituras completamente diferentes, o eso al menos es lo que se deduce de sus propias palabras en Under the Thumb: "En mi opinión, la poesía se nutre de la parte melancólica del cerebro, y, si no haces nada para evitarlo, te encuentras caminando lentamente por un largo túnel sin salida. Yo he evitado esta situación convirtiéndome en ambidiestra; también escribo novelas".Y, en una entrevista publicada en The New York Times, insistiendo en la radical diferencia existente entre su poesía y sus novelas, afirmaba que críticos y lectores, que se obstinan en entablar paralelismos y semejanzas entre su poesía y su narrativa, no reconocerían su escritura poética en caso de que la publicara con pseudónimo.Sea como fuere, el caso es que Margaret Atwood abandona el universo "aural" de la poesía --así lo denomina ella, quien confiesa que no podría vivir siempre inmersa en él-- para refugiarse en la "racionalidad" de la novela. Y, gracias a esa disociación, sus lectores podemos gozar de la obra de dos magníficas Atwood: la poeta y la novelista.Margaret Atwood, en sus construcciones novelísticas, realizadas con sabia perfección, nos remite siempre a cuestiones íntimamente ligadas con el ser humano, con el ser humano actual, inmerso en un mundo tejido a base de violencia, de domino de los más fuertes sobre los más débiles, de problemas que nos afectan a todos.
Desde El cuento de la criada, novela futurista cuyas páginas constituyen una crítica feroz a los totalitarismos, y Ojo de gato, extraordinaria recreación del universo infantil, calificada por buena parte de la crítica como su mejor novela; hasta Doña oráculo, parodia de los cuentos de hadas y de las novelas de amor, hasta Oryx y Crake, ficción especulativa de anticipación, escalofriante visión del mundo destrozado por la tecnología en oscura alianza con los intereses económicos de la industria farmacológica, las novelas de Margaret Atwood constituyen una mirada crítica sobre el mundo que nos rodea. Ecologista, defensora de los derechos de la mujer y de la libertad de expresión, en sus novelas profundiza en las razones y complejidades del comportamiento humano, de los hombres y mujeres que luchan presos entre sus sombrías interioridades y la feroz realidad exterior, a la vez que denuncia los mecanismos de poder, ya sea económico, político o religioso, capaces de generar toda clase de injusticias.

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