Mostrando entradas con la etiqueta La entrevista. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La entrevista. Mostrar todas las entradas

2010/09/17

La entrevista


Luego del armado del curriculum vitae (CV), la entrevista laboral es el segundo y, tal vez, definitivo paso para conseguir un trabajo. Aquí se presenta una serie de consejos para aprovechar al máximo ese momento.

Además, se agregan pautas sobre qué actitudes no tomar durante el encuentro, ya que podrían ser contraproducentes en la imagen que queda de uno en el entrevistador.

Para antes de la entrevista

Informarse lo más posible sobre la empresa a la cual se intenta ingresar. Se debe preparar la entrevista, el seleccionador va a hacerlo también.
.
Tener bien presente y en claro toda la información del propio CV, ya que en él se basarán muchas de las preguntas. Llevar uno a la entrevista.

. Si la citación a la reunión llega por escrito, lo correcto es llamar para confirmar nuestra asistencia.
. No llegar con lentes oscuros, evitar todo tipo de ropa llamativa.
. Llegar temprano.
. Buena apariencia. Se debe lucir prolijo. Además, sonar seguro y hablar de forma clara. Sólo un 7% de la opinión que el entrevistador tiene sobre el entrevistado se forma sobre lo que éste dice. El resto se juzga por cómo luce, actúa y suena.
. Para no sufrir contratiempos, lo mejor es estar bien informado. Saber de antemano dónde está ubicado el lugar de la entrevista, cómo llegar y cuánto tiempo lleva.
. Preparar respuestas para las principales preguntas, como por ejemplo: por qué uno quiere el trabajo, por qué se considera la persona idónea para hacerlo, cuáles son nuestras fortalezas y debilidades.
Durante la entrevista

Recordar que no está mal visto tomarse un tiempo al responder cada pregunta. Es preferible asegurarse de haber interpretado bien y de estar contestando lo que realmente uno quiere decir.
. Acompañar siempre las explicaciones con ejemplos. Si se habla sobre ciertas aptitudes o habilidades propias, enumerar aplicaciones reales de ellas.
. Tratar de percibir el tipo de persona que están buscando y pensar en cómo orientar la respuesta hacia ese lado.
. Venderse a uno mismo, en el buen sentido. Vender las propias virtudes, porque nadie más va a hacerlo mejor que uno. Tratar de ser positivo sobre las propias capacidades y experiencia.
. Si se discute el salario, uno debe haberse informado previamente sobre el sueldo promedio para esa profesión y experiencia.

Llevar la entrevista con respeto. Darle a la otra persona toda la atención.
. Apagar el celular.
. Mantener las respuestas focalizadas en lo que se puede hacer por el otro, el empleador o la empresa, y no en lo que ellos pueden hacer por uno.
. Algunas posibles preguntas durante la entrevista

¿Por qué se postula para ese puesto?
.¿Qué tipo de experiencia anterior tiene?
.¿Cuáles son sus objetivos profesionales a futuro?
.¿Cuáles son sus ventajas para el puesto?
.¿Cómo se llevaba con sus compañeros de trabajo?
.¿Por qué debemos contratarlo a usted y no a otro postulante?
.¿Cuánto espera ganar en este puesto?
.¿Está dispuesto a trabajar en cualquier horario y cualquier día de la semana?
.Si tuviera que mencionar tres virtudes y tres defectos que tiene, ¿cuáles serían?
.Si tuviera que definirse en tres palabras, ¿cuáles elegiría?
Qué no hacer durante la entrevista

No demostrar excesivo interés en el trabajo ni mostrarse prescindente.
. No hablar en tono monótono
. No interrumpir al entrevistador
. No hablar en forma despectiva o negativa del anterior empleador y colegas.
. No esconder hechos ni mentir.
. No confrontar con el entrevistador.
Después de la entrevista

Preguntar todos los datos sobre la próxima etapa del proceso de selección: dónde, cuándo y con quién tendrá lugar.
. Memorizar el nombre de la persona que hizo la entrevista.
. Pasado un tiempo, si no se reciben noticias, se puede llamar para pedir información sobre el proceso de selección.
. Analizar los resultados, anotar puntos fuertes y débiles. Puede servir para una segunda entrevista o para próximas entrevistas en otras empresas.

2010/01/06

Para ver cumplido un propósito debes hacer tuyo el compromiso

ketell Berthois

En China, cuando se acerca fin de año, las familias dedican días a limpiar a fondo sus hogares. No se puede entrar en el nuevo año con la casa sucia. En todos los países, fin de año marca una frontera psicológica. Año nuevo es un trampolín de buenos propósitos, como dejar de fumar, adelgazar o buscar trabajo. Desde una cima imaginaria, visionamos con facilidad un valle con los caminos hacia esas metas.
Pero, ¿dónde queda luego tanta buena intención? Katell Berthois acompaña a las personas en su camino hacia los objetivos profesionales o personales que se han fijado.
–¿Por qué el año nuevo impulsa tantos objetivos?–Igual que es momento de cierres contables, lo es de balances. Eso invita a hacer una reflexión, que habitualmente no hacemos, sobre el año que acaba y lo que se quiere lograr en el próximo.–Encontrar trabajo, por ejemplo.–Sí, en tiempo de crisis, este es sin duda uno de los propósitos más comunes. Por ejemplo, para personas mayores de 40 años, algunos, incluso, altos cargos acostumbrados a entrevistar a candidatos, no a ser los entrevistados, y con una visión restringida de sus posibilidades.
–¿Cuál es su trabajo en ese caso?–Abrir posibilidades donde la gente no las ve. Si amplías el campo de visión, amplías la capacidad de acción de la persona. Para ello, primero hay que trabajar bien la parte emocional, donde se predispone la acción. Alguien sin trabajo, o víctima de un ERE, puede tener la autoestima muy baja, aunque no siempre lo parece.
–¿Qué requiere un buen propósito?–Debe ser desafiante, aunque realista, concreto y formulado en positivo. No es lo mismo querer dejar de ser pobre que proponerse ganar 3.500 euros al mes.
–¿Dónde nos encallamos?–A veces, vemos un solo medio para conseguirlo, cuando puede haber más. Queremos estar en forma y nos apuntamos al gimnasio, pero no vamos. Otras, nos autolimitamos: me apunto a inglés, pero me considero una negada para los idiomas. Y también sucede que a muchos de nuestros propósitos les falta una motivación interna real.
–¿Cómo podemos distinguirla?–Reflexionando sobre el para qué voy a hacer tal esfuerzo. El objetivo tiene que tener sentido para ti. Solo así puedes hacer tuyo el compromiso de llegar hasta el final, prescindiendo de las presiones sociales o de nuestro entorno. Esta es una de las claves para ver cumplido un propósito, aunque estar comprometido no garantiza el éxito.
–¿Qué más se requiere?–Aceptar que todo cambio supone acción y eso puede representar un esfuerzo, adaptación a nuevas costumbres, incomodidad...
–¿Algún consejo para el 2010?–Disfrutar del camino hacia los objetivos. Aunque no se alcancen, esos caminos van abriendo otros y así, siempre evolucionamos.

2009/11/21

"Internet y la TV pueden acelerar el odio y la intolerancia"


GEORGE SAUNDERS Escritor
Edad : 51 años.
Nació en : Texas, Estados Unidos.
Estudios : comenzó con ingeniería geofísica, pero luego obtuvo un máster en Creación Literaria.
Profesor : enseña Escritura Creativa en la Universidad de Siracusa, Estados Unidos.
Premios : sus cuentos fueron galardonados con el National Magazine Award, en 1994, 1996, 2000 y 2004. En 2006, recibió una beca Guggenheim.&#8195

George Saunders era un escritor de culto en los Estados Unidos hasta que su último libro de ensayos, The Braindead Megaphone (algo así como El megáfono descerebrado), salió a la luz y se convirtió, casi inmediatamente, en un best seller.
El libro desarrolla la idea que Saunders expuso en la entrevista con La Nacion: "La era de la hipercomunicación, con Internet y la televisión, puede acelerar el odio y la intolerancia". De un día para otro, este autor de cuentos y novelas que satirizan la cultura corporativa y el consumismo recibió invitaciones para ir a decenas de programas de radio y televisión... para hablar de un libro cuyo eje central es, precisamente, la creciente banalidad de la televisión norteamericana y el daño que puede causarles a los espectadores.

"Imaginemos una fiesta. Los invitados hablan sobre temas que les interesan, dan voz a sus opiniones y escuchan atentamente las de los demás -escribe Saunders al comienzo del ensayo que da título al libro-. De pronto entra un tipo con un altoparlante. No es el más inteligente de la fiesta, ni el más experimentado, ni el más articulado. Pero tiene ese megáfono." Intuitivo, informal: así es este hombre de 51 años. Saunders no es un filósofo ni se dedica a crear un pensamiento sistemático, sino un escritor y ensayista sensible que intenta transmitir los temores que el mundo actual le inspira.

-Cuando nuestros hijos sean adultos habrán visto una inmensa cantidad de asesinatos y muertes en la televisión, el cine, los videojuegos. ¿Cree que esto afectará de algún modo su sensibilidad y su relación con el prójimo?
-Me parece que debe afectarlos, ¿no cree usted? Cuando mis hijos eran pequeños, hice todo lo posible por restringir la cantidad de violencia que veían. Luego, mi esposa y yo pensamos que los estábamos formando mal, y aflojamos las restricciones. Nunca olvidaré lo que sucedió después. Les mostramos lo que, para mí, era una película bastante inocua, Los cazadores del arca perdida . Y nuestra hija, que tendría diez años, se puso a llorar cuando vio el cadáver del ayudante de Indiana Jones. El tipo muere cuando una lanza le atraviesa el pecho. Y yo pensé: "Dios mío, le he mostrado adrede un asesinato a mi hija como si no fuera gran cosa, ella reaccionó de la manera en que cualquier ser humano decente reaccionaría ante un asesinato... ¡y mientras tanto yo estaba sentado a su lado, comiendo pochoclos!"

-¿Piensa que la violencia, la política y la moral son diferentes ahora que en el pasado? ¿Qué hace, a su juicio, que nuestra época sea tan distinta de las anteriores?
-Tal vez nada haya cambiado. Pero parte de la dinámica del mundo ha sido siempre que el sector con tendencia hacia la tolerancia y la empatía ha estado diciendo "¡alerta!". Así que tenemos que seguir haciendo eso, aunque más no sea para conservar el equilibrio. Sin embargo, tengo la sensación de que nuestro increíble poder de comunicación acelera las cosas: acelera el odio, acelera la intolerancia. Tal vez esto obedezca simplemente a que el número, la frecuencia y la capacidad de seducción de nuestras comunicaciones electrónicas empiezan a opacar las comunicaciones de escala más humana. Caminamos todo el día por ahí sin prestarles atención a pequeños actos de generosidad, actos humanos, que muchas veces ocurren frente a nuestras narices. Esto nos debilita y nos hace pasivos. Cuando reviso mi e-mail , cosa que hago unas 400 veces diarias, la página de AOL siempre está ahí vociferando algo monstruoso: "¡Un hombre devoró a su propio cachorro!" "¡Asesino asesina a otro asesino!" La frecuencia y el grado de espanto son mucho más altos que en la vida real. Es una especie de retrato animado megaviolento acerca de la vida. ¿Y por qué? Por el rating.

-Usted ha escrito mucho acerca de la "falsa urgencia" de los medios norteamericanos y, sobre todo, de la televisión. En su opinión, ¿cuáles son las cosas realmente importantes de las que los medios deberían estar hablando?
-Creo que no se trata tanto de qué hablan los medios, sino de cómo lo hacen. En los Estados Unidos parece que el principal objetivo de los canales que transmiten noticias las 24 horas es dejar al espectador agitado, molesto, resentido y enojado con aquel que se percibe como "otro". ¿Y por qué? Bueno, por el rating. Esto es tremendamente cínico y no tiene nada que ver con construir un mundo mejor. Se trata, simplemente, de un entretenimiento perverso.
-No podemos legislar contra la banalidad de los medios audiovisuales, pero quizá podríamos legislar para tener una mejor educación.
¿Qué sucedería si los niños fueran advertidos sobre el poder del rating? ¿Cree que esto sería posible?
-Me parece una gran idea. En Estados Unidos, en el nivel universitario, hay algunas materias relacionadas con lo que usted plantea. Pero creo que sería bueno que también en las escuelas primarias y secundarias se hablara sobre esto. Y es que hay un arma gigantesca, millonaria, seductora y muy poderosa apuntada hacia nosotros. El propósito de esa arma es enriquecer a quienes controlan el arma. A veces esa arma parece atentar contra nuestra humanidad más básica. Así que, ¿por qué no habríamos de protegernos aprendiendo acerca del arma? Quién la controla, cómo funciona, cómo es la índole de sus distorsiones, quién se aprovecha de ella. Esto, me parece, es la base de una buena ciudadanía.

-En uno de sus ensayos, usted habla sobre la necesidad de resistir la tendencia a generalizar. ¿No es eso lo que hace la buena literatura? ¿Quizá la política sea el arte de generalizar y la literatura de lo específico?
-Me parece que tiene razón: lo específico, lo singular, es la literatura. Cuando imaginamos completamente, en detalle, nuestra tendencia a odiar a un "ellos" abstracto se desvanece. Para mí, el secreto está en tratar de recordar que la otra persona, quienquiera que sea, es muy parecida a mí. Que es casi igual que yo. Y de esto trata la literatura: de proporcionar una especie de meditación guiada hacia dentro de la cabeza de otra persona, hasta lograr que esa persona nos importe.

2009/09/08

"Debería existir un ranking de universidades" Argentina


"Las universidades deben competir y cooperar. El secreto está en el equilibrio." Así resume el flamante rector de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), Manuel Mora y Araujo, la misión de las instituciones argentinas de educación superior, en tiempos en que el mundo ofrece ejemplos e instrumentos para avanzar hacia una educación de calidad.

Por eso, recomienda elaborar un ranking público e independiente de evaluación de las universidades y poner en marcha un sistema de créditos que permita a los estudiantes elegir en qué institución cursar determinadas materias de una carrera.
"En la Argentina debería haber mayor preocupación por establecer estándares mínimos de exigencia en todo el sistema universitario", dijo a LA NACION el sociólogo y abogado, profesor de opinión pública de la Maestría en Periodismo y presidente del Consejo de Dirección de la UTDT, que hace una semana asumió como rector por cuatro años, al suceder al economista Juan Pablo Nicolini.
Fundada en 1991, la UTDT reúne hoy unos 3000 alumnos en carreras de grado y de posgrado. A la nueva gestión la aguardan arduos desafíos, como completar la mudanza al antiguo predio de Obras Sanitarias, en Figueroa Alcorta y La Pampa, donde se constituirá el campus universitario.
Próximo a cumplir 62 años, Mora y Araujo estimó que el sistema universitario argentino es bueno, pero con muchas diferencias entre las instituciones. Dijo que "las universidades no están formando a las personas que necesitan la economía y la sociedad", y advirtió sobre la desproporción entre el número de alumnos de carreras de ciencias sociales y los que eligen las áreas tecnológicas.

-¿Es viable en la Argentina un ranking de universidades?
-En la Argentina todo es difícil. Pero lo creo deseable y me gustaría que ocurriera. Si podemos contribuir un poquito, lo vamos a hacer. Muchos países tiene rankings y todas las personas pueden saber cómo están clasificadas las universidades.

-Para eso es indispensable que las universidades se sometan voluntariamente a la evaluación.
-Por supuesto. En todos los países hay resistencias de las universidades que creen que serán mal evaluadas. Pero sería bueno que existiera. Hay otro problema muy preocupante. La Argentina tiene una escasez de ingenieros, agrónomos, profesionales de muchas disciplinas vinculadas con las ciencias básicas, y una abundancia de abogados, estudiantes de economía y de ciencias sociales.

-¿Por falta de planificación?
-Puede ser. Pero no sé si la solución es una planificación de la burocracia estatal. Debería depender de cada universidad. Una carrera de ingeniería o de física nuclear es más costosa que una de derecho o comunicación. Pero, más allá de eso, hay un tema de demanda. Quizás algún día tengamos acuerdos con otras universidades para no duplicar esfuerzos.

-¿Se puede avanzar en alianzas entre universidades?
-Se puede y se hace entre universidades privadas y públicas. Hay muchas áreas de cooperación. Es fundamental para evitar superposiciones.

-¿Cómo sería un acuerdo?
-Una posibilidad es otorgar créditos por materias cursadas a través de convenios como los que hoy existen entre universidades argentinas y del exterior. Es difícil imaginar en el país que un alumno de una universidad pueda cursar materias en otra. Deberíamos ir en esa dirección.
-¿Cómo se compatibiliza la idea del ranking, en el que las universidades compiten, con la necesidad de establecer acuerdos?
-Las empresas y organizaciones de una misma industria compiten y al mismo tiempo integran una misma cámara. Se saludan y no se detestan. Competir y a la vez cooperar no es antagónico. Un sistema así es en beneficio de todos, salvo de aquellos que estén muy seguros de que nunca van a salir bien parados.

-¿Es conveniente debatir una nueva ley de educación superior?
-Es innecesario y va a generar debates ideológicos estériles. Hace tres años el entonces presidente Néstor Kirchner valoró el esfuerzo de las universidades privadas en favor de la enseñanza y la investigación, al otorgar en la Casa de Gobierno la habilitación definitiva a varias universidades, entre otras la UTDT. Dijo que la Argentina necesita a todos y que estaba orgulloso de entregar esos reconocimientos. Si este gobierno respondiera a la misma línea, su orientación debería estar definida por ese discurso, que fue notable.

2009/08/23

"Contar es una necesidad humana"


Al presentar su última novela, Isabel Allende reivindica la literatura como una forma de memoria común.


SANTIAGO, Chile.- Providencia es un barrio tranquilo, salpicado de buen gusto, a pocos minutos del centro de esta ciudad. Allí viven los padres de Isabel Allende, que pasa unos días para visitarlos y, de paso, para "encontrar el ritmo, la cadencia del idioma", que a veces se le escapa después de vivir desde hace más de dos décadas en los Estados Unidos.
Allende, una de las escritoras más vendedoras de habla hispana, es una anfitriona cálida y atenta, y mientras esperamos por un café y un té pregunta si se sienten mucho los efectos del smog. "Los primeros días lo sentí, pero después uno se acostumbra", dice.

La excusa del encuentro es la aparición de una nueva novela, La isla bajo el mar (Sudamericana), que estará en las librerías el próximo miércoles. La historia, que se desarrolla entre fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, hace foco en la esclavitud y en todo un sistema de vida basado en esa lógica. Y en el sueño de la libertad.

-¿Cómo nace La isla bajo el mar ?
-La idea original apareció cuando hice la investigación para El Zorro , creo que fue en 2005. Fui a Nueva Orleáns para hacer la investigación y me fascinó lo que vi, sobre todo porque allí nació mucho de la cultura afroamericana como la conocemos hoy. Eso me llevó a averiguar lo que estaba pasando en Saint-Domingue, en esa época y, bueno, se me fue la novela para ese lado. Empecé a fascinarme y a horrorizarme con todo lo que pasaba.

-Si bien la novela tiene varios epicentros, el tema excluyente es la esclavitud.
-El tema es la esclavitud y la obsesión de mi protagonista de librarse de ella, porque en aquella época la mayor parte de la gente pensaba que la esclavitud era irreemplazable porque nadie iba a trabajar por dinero en ciertas cosas. El sistema económico del mundo estaba basado en la esclavitud. Y había también esa especie de determinismo racial de que la raza blanca tenía casi una obligación mesiánica de controlar la vida de la gente de color porque ellos eran como niños que no tenían ninguna capacidad de entendimiento, de razonamiento, tenían menos sentimientos.

- En el libro, hay detalles de la vida cotidiana que no suelen aparecer en los libros de historia. ¿Cómo fue la investigación?
-La información está en todas partes. Una vez que te metes es como desenredar una madeja; empiezas a tirar y tirar, y eso te lleva a otras cosas. Ahora, la investigación la facilita mucho Internet, antes había que ir a las bibliotecas y pasarte meses encerrado con unos textos. Ahora también se hace, hay que consultar los libros históricos y las novelas escritas, pero si quiero saber qué distancia hay entre Le Cap y Puerto Prince, Internet te lo da en un minuto.
-¿Cuánto tiempo llevó la escritura?
-Por lo menos, un año, pero la investigación comenzó antes de La suma de los días , que fue un libro que me dio tiempo, porque la memoria no hay que investigarla, sólo hay que escribirla.

-Se nota en la novela lo complejo que era el entramado social.
-Exacto. Había más de sesenta clasificaciones por color, por tono, y cualquier persona que viviera en Saint-Domingue podía decirte: "Este es tal cosa". Que tú fueras esclavo siempre dependía de que tu padre te liberara, cosa que ocurría, y eso creó un cierto grupo de gente de color libre que viajó a Nueva Orleáns. Pero cuando llegaron los americanos a Louisiana, por 1805, lo hicieron con sus leyes mucho más restrictivas. Los esclavos duraban entre siete y ocho años. Escapaban o se mataban. Por eso había tantos esclavos que escapaban, y gracias a ellos fue posible la revolución de Haití.

-Además, ellos peleaban junto con los espíritus de quienes se habían liberado.
-Había toda esa cosa supersticiosa de que los espíritus de los muertos peleaban con ellos; se paraban delante de los cañones con un látigo, porque creían que podían desviar las balas. Ahí está el realismo mágico de Alejo Carpentier en todo su esplendor.

-Cambiemos de tema. ¿Qué otras cosas disfruta hacer?
-Tengo una vida familiar que disfruto mucho, mi hijo, mis nietos, mi marido. Una vida bastante privada. Leo mucho, hago collares, cosas así, pero no tengo muchos hobbies, casi ninguno. Me encanta el cine.

-¿Qué lee ahora?
-En este momento, compré novelas en español, de autores chilenos y otros del continente, porque leo casi todo en inglés. Es muy difícil para mí conseguir una novela de la actualidad en español. Leo mucho sobre el tema que estoy investigando, porque hay cosas que no salen en los libros de historia. No sale, por ejemplo, qué se ponía la gente abajo del vestido, cuánto podía andar un caballo en el día, qué se hacía ante una muela infectada. Si uno encuentra crónicas o cartas, es lo mejor. Y, a veces, biografías.

-¿Qué libros no pueden faltar en su biblioteca?
-Diccionarios. Muchos diccionarios. Mapas. Poesía de Neruda, porque como yo vivo en inglés, me falta el castellano. Muchas veces estoy escribiendo y veo que la frase es chata, entonces leo un poco de poesía y me vuelven todas las palabras, las imágenes. No olvides que yo vivo con un gringo que cree que habla castellano, y eso es muy peligroso, porque termino escribiendo como él habla.

-¿En qué trabaja ahora?
-Estoy escribiendo una novela que es muy distinta a todo lo que he escrito antes. Sucede este año, donde vivo, por la zona de Berkeley, y una parte sucede aquí, en Chile. Mi protagonista es una joven. Estoy un poco asustada. He escrito mucha novela histórica, y me sale fácil, porque una vez que tengo el escenario, mover a los personajes cuesta mucho menos. Escribir una novela urbana es mucho más difícil, porque uno está ahí, no lo puedes ver como en un teatro. Ahora lo único que tengo es el personaje.

-¿Cómo ve el futuro del libro?
-Electrónico, por pantalla, o te van a meter un chip en el cerebro que se va a conectar con algo. Es muy posible que la forma del libro cambie, que no tengamos papel, pero la literatura va a seguir siempre. Contar historias es parte de la necesidad humana, como comer. Contar historias perpetúa la memoria colectiva, enseña, es la experiencia humana.

2009/08/02

"Los padres que no saben poner límites producen dictadores"

ALDO NAOURI Escritor, pediatra y psicólogo


PARIS.? Hay quienes lo consideran un auténtico reaccionario. Aldo Naouri, el más célebre de los psicopediatras franceses, se encoge de hombros con desdén, y persiste: "Creer que una relación horizontal con los hijos puede ser útil o satisfactoria es una locura. En vez de educar demócratas, los padres terminan produciendo dictadores", afirma.

Es autor de una docena de libros que vendieron más de 300.000 ejemplares cada uno. Naouri tiene 72 años y pasó su vida destacando el papel de las madres en la educación de los niños y advirtiendo sobre los peligros de que ellas se pongan a disposición de sus hijos por temor a traumatizarlos."Es imprescindible evitar que los chicos tomen el poder. Las consecuencias son nefastas para la sociedad", dice.

Benjamín de una familia judía de diez hermanos instalada en Libia desde hacía tres generaciones, Naouri nació en 1937 en ese país, pocos días después de la muerte de su padre. Expulsados por el ocupante italiano, en plena Segunda Guerra Mundial emigraron a Argelia, donde sobrevivieron gracias al coraje de su madre, que lavó y planchó la ropa de los soldados estadounidenses sin dejar de rodear a todos sus hijos con un amor sin condiciones.

"Cada noche, a pesar del cansancio, mi madre se sentaba en el piso del precario alojamiento donde vivíamos, con todos nosotros a su alrededor, para contarnos cuentos en el único idioma que conocía, un dialecto judeoárabe", recuerda.

Por esa razón, Aldo Naouri llegó a Francia en 1957 sin hablar una palabra de francés. Y gracias a una inteligencia fuera de lo común, en vez de ser peluquero, como soñaba su madre, terminó siendo el más adulado y célebre de los pediatras, especializado en psicología infantil.

-¿Por qué es usted tan severo con las madres, después de la fabulosa relación que tuvo con la suya? -Al contrario, tengo pasión por las madres. Y mi único interés es servirlas. El problema es que esas madres son engañadas por un discurso de moda que las esclaviza, en vez de servirlas.

-¿Desde cuándo rige ese discurso?
-Desde hace 40 o 50 años. Todo el trabajo que hice durante cuatro décadas tuvo el objetivo de mostrarles que se las engaña con ese discurso, que son sus primeras víctimas. En mis trabajos trato de decirles que no hay que escuchar esos propósitos engañosos, que comenzaron prácticamente cuando pasó mayo del 68.
-En otras palabras, "ahora está prohibido prohibir".
-No solamente eso, sino la promoción del placer sin límites, el individualismo o la potencia infantil. Yo no les digo a las madres qué es lo que tienen que hacer. Les digo: "Este es el objetivo". Imagínese que una madre se encuentra al volante de un vehículo. Su hijo es el pasajero a quien tiene que llevar a buen destino. Antes, había carteles indicadores. Había luces verdes y rojas, agentes para regular la circulación. E incluso habían puesto al lado de ella una suerte de copiloto, que era el padre de su hijo. Pero hace medio siglo le hicieron creer a esa madre que lo que vale la pena es el viaje, y no el destino. Amordazaron al copiloto y le sacaron los mapas.

-Entonces, ¿qué hace la madre?
-Trata de utilizar su inteligencia, que es lo único que tiene a mano. Y parte del principio de que su hijo, cuando estaba dentro de ella, estaba en absoluta seguridad. Entonces, construirá alrededor de su hijo un útero virtual, infinitamente extensible, de donde nunca deberá salir. Le dará todo lo que quiere. Si la despierta diez veces por día, se levantará diez veces por día, y si quiere que camine a cuatro patas, también lo hará. Al pobre señor que tenía al lado dejará de prestarle atención. Y terminará colocándose en una terrible soledad, que la conduce al divorcio en la mitad de los casos. Esa es la forma en que engañan a la mujer moderna.

-Si esto comenzó hace medio siglo, ¿qué ha pasado con esos "pequeños tiranos" al transformarse en adultos?
-Desde el punto de vista económico, son adultos con un profundo desprecio por el esfuerzo. Quieren ganar dinero, pero, sobre todo, no complicarse la existencia. Quieren todo sin hacer absolutamente nada como contrapartida. Esto explica por qué nos hallamos en la situación actual. La crisis financiera fue provocada por esos individuos, que sólo piensan en sí mismos y en sus deseos, y se olvidan de toda consideración altruista. Esta es una característica del mundo occidental, mientras que en China, en la India y en otros países emergentes, el conjunto de los individuos son gente que, habiendo sido privados de tantas cosas, hacen esfuerzos y los aceptan.
-¿Qué haremos para salir de esta situación?
-Estamos ante el triunfo de una estructura psíquica que se llama "perversión". Esto es extremadamente preocupante, porque el reverso de la perversión es la neurosis, y los neuróticos se fascinan con los perversos.Todos somos neuróticos. Porque la neurosis, en líneas generales, es lo que construye el vínculo social. La neurosis se constituye en la infancia, cuando un niño tiene una pulsión que trata de satisfacer. Los padres están allí para poner límites a esa pulsión. Para decir: "No, eso no se hace". El perverso es aquel que ni reprime ni rechaza, que no ha sido educado para eso. ¿Qué sucede entonces? Que el neurótico se encuentra totalmente fascinado ante el perverso. Cuando aparece Freud con el psicoanálisis, se dedica a leer la neurosis. Pero lo que quería Freud no era suprimir la neurosis como estructura psíquica, sino curar la neurosis que enferma.

-¿Cuál es la diferencia entre ambas formas de neurosis?
-Si quieren saber lo que es una estructura neurótica, basta imaginar al niño como una casa. Esa estructura se enfermará cuando los padres digan: "En este comedor voy a poner la mesa Luis XV que heredé de mi madre y el vajillero que heredé de mi tío, más los cuatro sillones de mi abuelo materno". En poco tiempo será imposible circular. El niño se ahogará y se enfermará.

-¿Cómo hace usted para liberar al niño de todos esos trastos viejos?
-Tratando de ver con los padres cuál es el interés de poner dentro de la estructura del niño todas esas cosas. La tarea del psicopediatra es decir a la madre de ese niño: "¿Sabe? Usted creció...". En cuanto al marido, él también vive lo mismo. Y aquí nos encontramos en pleno simbolismo del matrimonio, institución muy criticada e ignorada en nuestros días. El matrimonio, simbólicamente, está destinado, precisamente, a sacar a los individuos de su condición infantil. Pero las madres no sólo se han vuelto más castradoras, sino más infantiles. Psíquicamente, han dejado de animarse a oponerse a sus propias madres.

-Después de estos terribles diagnósticos, ¿acaso le queda a usted un poco de optimismo para el futuro?
-No. Creo que los perversos tienen años de reinado por delante y que el planeta no dejará de padecer sus consecuencias durante mucho tiempo.

Este personaje ALDO NAOURI es rscritor, pediatra y psicólogo. Nació en: Libia, en 1937.
Títulos: se recibió en París, donde vive desde 1957, de médico y de psicólogo.
Familia: es casado, con tres hijos: Laurent es un reconocido barítono, Agnès es escritora y Elsa se dedica a la puesta en escena de óperas.
Obras: tres de sus muchos libros tienen traducción española: Hijas y madres (1999, Tusquets), Padres permisivos, hijos tiranos (2004, Tusquets) y Educar a los hijos, tarea urgente (2008, Taurus).

2009/06/27

El arte de escribir en voz baja


Foto:

El viejo Juan Carlos Onetti

La entrevista a Muñoz Molina.


Dicen que cuando Faulkner murió, en su pueblo natal de Oxford, Mississippi, en el sur de Estados Unidos, las vidrieras de los negocios pusieron un cartel que decía: En memoria de William Faulkner este negocio estará cerrado desde las 2.00 hasta las 2.15 de la tarde, 7 de julio de 1962 . "Es decir, ¡quince minutos sin ganar un mísero cent!", escribió Juan Carlos Onetti, para agregar: "El muerto no podría imaginar un homenaje mayor y más sacrificado que éste de los pequeños gold diggers de su país".
Faulkner, admirado por Onetti, ya había anunciado que buscaba ser "el único individuo del mundo que no hubiera dejado huellas de su pasado". Y, como su gran maestro, Onetti desdeñaba cualquier clase de honores.



"Por eso -aclara Antonio Muñoz Molina- hay que tener mucho cuidado sobre cómo se homenajea a Onetti: ¡es la antítesis del homenajeable!" Autor de la introducción a varias de las novelas de Onetti y, más recientemente, del texto que acompaña una compilación de sus cuentos ("Después de 20 años, éstos me siguen intoxicando y sigo siendo ferozmente sensible a sus efectos", dijo), Muñoz Molina no puede hablar de Onetti sin que una sonrisa ilumine su rostro.


-¿Por qué Onetti es poco leído? ¿Se lo considera demasiado difícil?
-Muchos escritores no son para las masas, pero eso depende de la casualidad. En un mundo tan global como éste, las cosas se difunden como en un contagio vírico que no tiene nada que ver con la calidad. Y hay libros que no son fáciles que de pronto tienen una difusión enorme. El tema, la dificultad respecto de Onetti, es que tiene que ser leído con mucho cuidado. Es una obra muy orgánica, cualquier elemento tiene una conexión con todos los elementos en ella. Si lees La casa verde o Cien años de soledad o Pedro Páramo, no necesitas nada fuera de esos libros para entenderlos plenamente. Ahora, si vas a El astillero y no sabes que forma parte de una especie de constelación en la cual está Juntacadáveres, en la que hay referencias que aparecen en La vida breve, o Dejemos hablar al viento, y en los cuentos, no estoy seguro de que los puedas disfrutar plenamente. Onetti te exige una lectura muy intensa, con los cinco sentidos.


-¿Por ejemplo?
-En La vida breve, casi al final, llegan unas personas al reservado de un restaurante y están hablando. Claro, tú estás con ellos porque son los protagonistas, pero de pronto oyen en la habitación de al lado a otras personas. Eso es como en la vida real, aquí estamos hablando pero oímos a este señor que está a la izquierda tomando un café, pero este señor no es parte de nuestra vida, tiene su vida, y lo que él dice no lo comprendemos por falta de contexto. En el libro, eso que se escucha en la otra habitación tiene que ver con el prostíbulo que va a salir en Juntacadáveres muchos años después. Pero sólo después de haber leído Juntacadáveres estás en condiciones de reconocer y entender al personaje que habla en la habitación de al lado. Toda la obra de Onetti forma parte de un mundo que él fue creando y que parecería haber tenido en la cabeza desde el principio, un poco como Balzac, como Faulkner.


-¿Tiene algún libro favorito?
-Por su organicidad, es muy difícil elegir una sola obra. Sólo puedo decir que, a mi juicio, los libros más completos son El astillero y Los adioses. Pero los cuentos son fundamentales...
-Hay quienes opinan que El astillero es una metáfora del decadentismo uruguayo. Otros, que refiere a un decadentismo más de corte argentino.
-Puedo equivocarme, pero creo que para un lector de ahora mismo, El astillero es una fábula tan extraterritorial como El castillo, de Kafka. Eso le da su fuerza tremenda.



-¿Qué pasó con el libro sobre Onetti que usted estaba escribiendo?
-Se me metieron varias novelas entre medio. Ahora estoy bastante optimista, así que espero tener el libro listo para fin de año. Tomo muchas notas a mano; gran parte del libro ya está, pero manuscrito en un cuaderno. Se trata de un ensayo literario confesional, una tentativa de lectura de la obra de Onetti en conexión con su vida y época. También es una reflexión sobre la creación literaria y sobre cómo mi propia creación literaria ha sido influida por él y por la literatura de América latina. No sé, es una especie de libro muy raro...


-¿Leyó el que hizo Vargas Llosa?
-No todavía. Estuve con Vargas Llosa hace dos años, en Bard College al norte del Estado de Nueva York y hablamos mucho de Onetti. Incluso estábamos con unos norteamericanos e hicimos mucho proselitismo. A veces pienso que la idea de hacer el libro le salió de aquellas conversaciones, porque estábamos los dos muy entusiasmados, pero él me tomó ventaja. ¿Vargas sale mucho en el libro? En el libro mío no salgo, salvo como lector. Somos escritores demasiado distintos...


-¿Se puede hacer algo para que Onetti se lea más?
-El año pasado estuve en Cartagena de Indias en una celebración, más bien una megaglorificación, de García Márquez, con mucha palabrería oficial. Los colombianos son muy narcisistas con el idioma español, con lo bien que hablan español, y se estaba haciendo mucha demagogia sobre la necesidad de defender al español del inglés. Cuando me tocó hablar, dije que el enemigo del español no era el inglés sino la pobreza. Esto es lo mismo.


¿Qué hay que hacer para que la gente lea más a Onetti? Hay que tener buenas escuelas públicas y buenas bibliotecas, y así habrá más gente que lea a Onetti. A Onetti, y a Tolstoi, y a Faulkner. No hay un problema específico para leer a Onetti como no lo hay para leer a William Carlos Williams, hay un problema general de pobreza que llega a la educación.


-¿Cómo conoció a Onetti?
-Yo todavía vivía en Granada en 1990 y había venido a Madrid a participar de una mesa redonda sobre Bioy Casares, por quien tenía mucha admiración y quien estaba presente. Al terminar se me acercó una señora y me dijo: "Soy Dolly Onetti, y a mi marido le gustaría conocerte". Al día siguiente yo volvía a Granada en avión y pasé a visitarlos por la casa que ellos tenían camino al aeropuerto. Él estaba bastante enfermo, y después de eso nos escribimos y hablamos por teléfono, pero a mí me daba tanto miedo importunarlo que, mezclado eso con mi timidez, no volví a visitarlo más. Fue una cosa que mantengo muy privada, pero muy emocionante para mí. Onetti me marcó desde siempre. Incluso cuando de joven estaba en el ejército, en esa vida horrorosa, entre mis pocos consuelos estaba el aprenderme los poemas de Borges de memoria para recitar mientras desfilábamos y el haber encontrado, en el primer domingo que me dejaron salir del cuartel en Vitoria, en el escaparate de una librería, Dejemos hablar al viento.


-He leído que Onetti y usted se admiraban profundamente.
-Jamás lo diría así, me parece obsceno...
-Lo dijo Dolly Onetti. En Madrid declaró: "Muñoz Molina adora a Juan. Una vez le pregunté si le gustaría tener el Nobel y me contestó: "Ya lo tuve". "¿Cómo que ya lo tuviste?", le pregunté. Me contestó que su Nobel era la crítica que Juan escribió para El País de Madrid sobre su libro El jinete polaco. El artículo lo tiene encuadrado y colgado en la pared de su lugar de trabajo, en su casa. Ellos son tan faulknerianos que se admiraban mutuamente".


-Si lo decía ella, está permitido. Lo más importante para mí es todo lo que pude aprender del trabajo de Onetti, pero es verdad que fue un orgullo que a él le gustara lo que yo hacía. Recuerdo al principio de mi carrera, la emoción cuando un poeta, Félix Grande, me llamó para decirme que había estado en la casa de Onetti y había visto un libro mío en su mesa de noche. Y efectivamente tengo una reseña que escribió Onetti sobre un libro mío enmarcada y colgada en mi cuarto. No sólo era una reseña, era una defensa, una respuesta a otra reseña que había salido en El País, ¡el diario mismo donde yo escribo!, que no sólo era muy mala sino humillante. Él escribió su respuesta inmediatamente tras leerla.


-Mencionó el Nobel. ¿Cree que Onetti lo debería haber ganado?
-Me parece una vulgaridad lo de los premios, son una cosa que puede estar bien o no; no creo que Onetti sea menos por no haber recibido el Nobel.
-¿Cómo cree que Montevideo y Buenos Aires marcaron a Onetti?
-Tengo una afinidad muy fuerte por lo rioplatense, y no sólo por la literatura, es algo más emocional. Fui dos veces a Montevideo, y tengo allí buenos amigos, pero creo que es importante la dialéctica entre Buenos Aires y Montevideo, ese ir y volver, para comprender la obra de Onetti. Las diferencias eran grandes entre una sociedad tanto más laica como es la uruguaya y otra tanto más clasista y con impronta mucho mayor de la Iglesia como es la argentina. Hoy nadie habla de clases sociales, pero Onetti tiene una impronta de clase muy fuerte. Por ejemplo, cuando él estaba en Buenos Aires, consiguió salir publicado, creo que en el diario Crítica. Pero Onetti era muy pobre y los escritores porteños, girando en torno a Victoria Ocampo, no eran pobres, salvo Roberto Arlt, y no escribían sobre la ciudad que tenían a su alrededor. Entonces yo creo que cuando Onetti se forma como escritor, curiosamente, no tiene influencia de los escritores de allí, solamente tiene influencia de Arlt y del tango, porque considera que allí estaba el habla verdadera. Montevideo luego imprimió en él esa especie de talante pudoroso que tienen los uruguayos en contraposición al talante porteño. Y luego, claro, esa ciudad está como Santa María, donde se sabe mucho sobre las cosas que ocurren, pero se está muy lejos de donde ocurren. Creo que eso se nota mucho en Montevideo. La gente de Montevideo es mucho más cosmopolita que la de Nueva York, pero a la vez los inunda una especie de melancolía de saberse lejos del centro del universo. En Santa María saben que están en la periferia. Eso pasa en muchos sitios: la alternativa es creer que se está en el centro, pero en general, entonces, se está equivocado.


-¿Qué paralelismos encuentra entre Faulkner y Onetti?
-Hay una semejanza obvia, la de la invención de Yoknapatawpha inspirando la de Santa María, con una diferencia importante. En Faulkner ese mundo existe desde siempre, como una extensión del mundo real. Mientras que en Onetti es creado por un personaje, Juan María Brausen, en una novela concreta, La vida breve. Eso implica dos mitos de los orígenes muy distintos entre sí: el de Faulkner es terrenal; el de Onetti, plenamente literario. La otra semejanza obvia es que la trama de cada historia del ciclo de Santa María es parte de una gran novela general. Se subrayan menos otras cosas: en Onetti, como en Faulkner, raramente hay historias contadas en una tercera persona objetiva: toda historia es el relato de alguien, y por lo tanto el narrador está siempre o casi siempre dentro de lo narrado. Y el amor por los débiles y por los dejados de lado. También Faulkner y Onetti son dos escritores ajenos a la mundanidad literaria, apartados del centro geográfico o social en el que suceden las cosas. Faulkner, más aislado aún: escribir en Mississippi no es como hacerlo en Buenos Aires o en Montevideo, sino como en el fondo de la pampa. No nos dejemos engañar por el brillo de los nombres literarios.

2008/10/28

''El suicidio se evita hablando de él''

Carmen Tejedor, psiquiatra: ''El suicidio se evita hablando de él''

--¿Qué le dicen un bombero o un policía a quien se balancea colgando del balcón de un sexto piso?

--Si esa persona está sobrecargada de cocaína, irritable y delirando, le dirá pocas cosas. En cualquier caso, intentará ganar tiempo, distraerla hasta que venga alguien por detrás y la coja. Entretenerla para asegurar la supervivencia. Luego vendrán los discursos persuasivos.
--¿Y cómo se entretiene a alguien en esas circunstancias?

--Transmitiéndole tranquilidad y dándole las claves de su identidad. Los bomberos lo saben: le repiten su nombre muchas veces, como se hace al salir del quirófano para que el enfermo despierte. Hay que decirle: "Fulanita, eres tú; Fulanita, estás aquí; nunca me opondré del todo a que te suicides, pero espera un poco. Hablemos primero, Fulanita". En ese momento no se debe hacer un canto a la libertad o a la belleza de la vida. No serviría de nada.-

-¿Qué intenta un suicida?
--Hacerse daño, con mayor o menor intención de matarse. Poner en juego la vida para que cambie su vida, eso que se ha llamado "el grito de ayuda". Quien intenta un suicidio siempre querría vivir de otra manera. El que lo tiene muy claro, ya no hace un intento: lo suele conseguir, excepto esos que sobreviven de milagro tras lanzarse al vacío porque abajo había un toldo que los frenó.

--¿Por qué personas en situaciones terribles se proponen vivir, y viven, y otras con circunstancias menos graves deciden matarse?
--Es una cosa muy misteriosa. Nadie quiere vivir del todo o morir del todo. No me preguntes por qué, pero la humanidad se divide entre los que piensan que el suicidio es la solución del dolor insoportable e irresistible, y los que no lo ven así. Tus pensamientos y tus sentimientos determinan tu realidad. Cómo piensas y sientes hace que enfoques un aspecto u otro. Lo que nos hace sufrir no son los acontecimientos, sino la valoración que hacemos de ellos.

--Puntos de vista cambiantes.--
Sí. Personas que han sobrevivido tras precipitarse desde una gran altura relatan que un segundo después de tirarse ya se decían: "¡Qué horror! ¡Quiero volver atrás!". Y les aterroriza lo que tenían dentro. Esto se ve claramente en un documental, brillante y polémico, The Brigde, en el que entrevistan a supervivientes del Golden Gate, el puente de San Francisco en el que cada dos semanas se suicida una persona. Casi todas reconocen que, si hubieran podido, habrían retrocedido al instante.

--¿Eran suicidas por equivocación?
--No. Eran suicidas verdaderos. Hay líneas filosóficas que sostienen que el suicidio es libre, voluntario, que se elige tras pensárselo. Eso es falso. El suicidio es la muerte más desoladora: se convierte en la única salida, y no se ve más solución que esa.

--¿Se pierde la libertad de decidir?
--No tienen esa libertad. ¿Es usted libre para elegir una hepatitis o una depresión? El suicida deja de sentir la vida. Se le queda el cerebro vacío de las sustancias que nos atan a la vida. Como si estuviera muerto.

--¿Qué motivo más recurrente tienen quienes intentan un suicidio?
--El amor. El primer y principal motivo siempre es la ruptura de una relación amorosa. Nos seguimos suicidando por amor. En todas las edades. Recuerdo un payés de 88 años que intentó suicidarse seis meses después de que muriera su chica, la mujer con la que se había casado a los 20. Me decía: "Ella murió diciéndome 'te quiero'". Precioso. Él se colgó con el tubo del oxígeno.

--¿Y los adolescentes?
--Aún más. Si una chica de 15 años ve que su chaval se besa con otra en la discoteca, eso puede llevarla al suicidio, aunque, vista desde fuera, la circunstancia no tenga sentido.

--¿Influye la situación económica?
--La escasez económica ocupa el cuarto o quinto lugar entre los motivos para intentar suicidarse. Antes están, además del tema amoroso, la familia, los límites que ponemos, los hijos. Y la enfermedad mental, que conlleva un gran riesgo de suicidio.

--¿La crisis financiera actual incide?
--Pues no lo sé. Pero creo que incluso cuando parece que alguien se intenta matar por eso, en el fondo suele haber un conflicto grave con su pareja. Perder mucho dinero no influye más que el hecho de ganar el gordo de la lotería. Pueden ser factores de acorralamiento vital, acontecimientos estresantes susceptibles de descompensar por exceso de ansiedad. Aunque no he visto a nadie que se suicide por ser feliz.

--Este asunto aún es un tema tabú.-

-Así es. Existe la creencia de que hablar del suicidio aumenta el riesgo. Se cree que es contagioso, porque un 90% de la conducta humana se aprende por imitación. Yo pienso que el suicidio se evita hablando de él.

¿Sabe qué es lo que más preocupa a quien ha intentado matarse y se lo han llevado en ambulancia de casa?:
Volver a casa. Un vecino con tendencia suicida es mucho más censurado en el barrio que un borracho.

2008/10/26

"No hay nada más hermoso que ser los ojos de un ciego"


La gente tiene la sensación de que escalar es la mar de fácil, y es un deporte muy duro, mucho. Hay que ser un gran deportista para poder alcanzar la cima y, sobre todo, soportar la dureza, no solo del esfuerzo que supone la escalada, sino también de las condiciones climatológicas a las que te enfrentas a ciertas altitudes. Escalar es un reto personal muy grande, pues, por más ochomiles que hayas coronado, siempre te enfrentas a la duda de si podrás alcanzar el reto de hacer cima, siempre.--Se diría que en eso de la montaña también estamos en la cúspide, como en fútbol, tenis, baloncesto, F-1, balonmano, ciclismo, motos...
--Pues sí. España está en montaña entre los grandes, no solo en ochomiles sino también en dificultad, en expediciones de todo tipo. Ahí están Juanito Oiarzabal o Edurne Pasaban, por citar solo a los más populares, sorprendiendo a todos con escaladas increíbles. Sí, también en lo que hace referencia a la montaña gozamos de muy buena salud deportiva.
--De todos modos, para gestas increíbles, las que usted lidera, pues eso de coronar montañas de casi 7.000 metros con cordadas integradas por ciegos y discapacitados físicos es digno de admiración.--
Antes de hablar de lo mío, bueno, del Grupo Militar de Alta Montaña, déjeme que le diga que deberíamos encontrar una palabra que pudiese definir a los discapacitados, a los deficientes, con más acierto, tacto o mimo. Yo no sé cuál sería, pero hablamos de que les falta algo --ojos, piernas, manos, brazos--, y cuando estás con ellos tienes la sensación de que son tan capaces como tú. Ellos nos demuestran que la única barrera, el único límite, que existe es el que uno mismo se impone. Si un ciego se empeña en subir un pico de 6.962 metros como el Aconcagua, subirá. Bueno, es más, ya ha subido.
--Pero siempre necesitarán de usted, de sus lazarillos, de su guía.--Por supuesto, sí, ¿y qué? Como yo necesito de todos los demás. No más. ¿Necesita un guía?
Pues se lo ponemos y punto. Yo he estado con ellos en el Parinacota, en Bolivia, a 25 grados bajo cero, con ráfagas de viento helado, y ellos me demostraron que su fuerza de voluntad, de entrega y superación estaba a la altura de los mejores, de los campeones. Da gusto escalar con ellos. No hay nada más hermoso en esta vida que ser los ojos de un ciego. Nada.
--¿Qué es lo más impactante de trabajar --sobre todo con ciegos-- en esas condiciones, con ese riesgo?--
Sin duda, el momento en que haces cima. Afortunadamente, hasta ahora, siempre que las condiciones climatológicas nos lo han permitido, hemos hecho cima, como por ejemplo en el Aconcagua, el pico más alto de Suramérica, o el Ojos del Salado, de 6.934 metros, en Chile, el volcán más alto del mundo.
Y ¿sabe por qué es lo más emocionante y enternecedor?--
Porque la expedición logra el objetivo previsto, supongo. ¿No?--No, no: porque la mayor recompensa, el mayor placer que tenemos cuando alcanzamos una cima, sea de 6.000, 7.000 u 8.000 metros, es la satisfacción de la vista que tienes a tus pies. Y, llegado ese instante, tú tienes que compartir el placer visual con alguien que te pregunta insistentemente: "¿Qué se ve? ¿qué se ve?", porque él, que también ha hecho cima y está tan feliz como tú, no puede disfrutar por sí mismo de esa vista. Es ahí donde tú te conviertes en sus ojos y le narras, con todo lujo de detalles, siempre y cuando la niebla no te lo eche todo a perder, lo que se ve. Y puedo prometerle que no hay cosa más linda y emocionante, insisto, que contarle a un ciego lo que ves y lograr que él se sienta tan recompensado como tú. No es fácil entenderlo, lo sé, pero ha de creerme: se trata de un instante único.
--Me cuentan que usted y sus guías acaban afónicos cada expedición.--Es lógico, ¿no? Escalamos arrastrando una barra direccional de unos tres metros de longitud. Delante va uno de nosotros; detrás, un manco o un ciego B2 (es decir, con un 10% de visión) o un B3 (con un 30%) y, en medio, el ciego B1 o total. Él aprende a conocer la dificultad de la orografía por la posición de la barra. Si yo subo, la barra sube; si giro, gira; pero nunca, nunca, hay que dejar de hablarle: escalón, piedra, desnivel, barro, hielo, nieve.... y, claro, acabas afónico. Pero muy feliz, felicísimo. La recompensa es enorme.-
-No me engañe: ¿a que un día coronará con los suyos un ochomil?--
No sé si lo lograremos, pero preparados lo estamos, ellos y nosotros. Es más, tenemos en marcha un proyecto para intentar el Cho Oiu, la sexta cima del mundo, con 8.201 metros. Y, sí, ese puede ser nuestro próximo gran reto, el ochomil que nos falta.

2008/10/02

Miserias del periodismo

La historia ha demostrado que no es necesario estudiar Periodismo para ser un buen hombre de prensa. Ahí tenemos los casos de César Hildebrandt y de Jaime Bayly, quienes siguieron Educación y Derecho en las universidades Villarreal y Católica, respectivamente. Ambos no terminaron estas carreras. ¿Para qué?

En mis clases en San Marcos recuerdo a Manuel Jesús Orbegozo criticando que no se contrataran egresados de Periodismo en los medios. Lo curioso resultó que cuando vino su hijo Erick, de España, donde estudiaba Medicina, lo primero que hizo fue contratarlo en el suplemento «El Dominical», del diario El Comercio.

Es cierto que antes no había escuelas de Periodismo. César Lévano, otro de mis profesores, tampoco pasó por aulas universitarias. En consecuencia, pienso que no es necesario llevar esta carrera en un centro superior de estudios. Lo mismo pasa con ser escritor. Eso sí, es indispensable leer mucho (literatura, en especial) y escribir. Algunos empezaron como practicantes, fueron contratados y no volvieron a las aulas, no les interesó más el título.

Llama gratamente la atención la reciente aparición de cronistas de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC) con libros de reportaje, como Pedro Favarón (Caminando sobre el abismo. Vida y poesía en César Moro, 2003), Sergio Vilela (El cadete Vargas Llosa, 2003), Daniel Titinger (Dios es peruano, 2006), María Luz Díaz (Las mujeres de Haya, 2007), Juan Manuel Robles (Lima freak, 2007), Rafael Romero Tassara (La armonía de H.: Vida y obra de Luis Hernández Camarero, 2008).

Todos ellos son producto del taller de Julio Villanueva Chang, autor de Mariposas y murciélagos: crónicas y perfiles (1999), ex periodista de El Comercio y ex director de la revista Etiqueta Negra, ahora en manos de Marco Avilés, quien editó Día de visita (2007). Hay que tener en cuenta que Toño Angulo Daneri, quien fue uno de los editores de esta publicación, publicó teñido de polémica Llámalo amor, si quieres (2004). Siempre les digo a mis amigos de Literatura que hoy los mejores escritores del país se encuentran en el periodismo. Se enfadan y no lo toman seriamente.

Los primeros pasos en este oficio siempre son duros. A veces no cobras un centavo. Hay que pagar derecho de piso. Hay que recordar que el autodidacta José Carlos Mariátegui empezó en el diario La Prensa como «alcanzarrejones», luego pasó a ser ayudante del linotipista y corrector de pruebas. Años después dirigió la importante revista Amauta. Si te pica ese bichito de querer seguir en esta profesión, no piensas dejarlo por más tentaciones que tengas de irte a otro empleo mejor.

Muchos diarios están hechos con una gran cantidad de practicantes. Estos muchachos prefieren aprender algo en las salas de redacción, soportar en ciertas ocasiones el malhumor de los jefes, que estar en sus casas sin hacer nada, recibiendo reproches de sus padres por no tener empleo. Pero hay un exceso, sin duda, de estudiantes de Periodismo y eso es alarmante. ¿Adónde se irá esa multitud? ¿No es risible que tengamos como futuras bachilleres de Periodismo a las vedettes Mónica Cabrejos, Karen Dejo y Maribel Velarde? ¿Qué calidad de redacción puede ofrecer una revista que dirige Daisy Ontaneda: D’Farándula? Otro detalle: por más bueno que seas en prensa, si no sales en la tele eres un absoluto desconocido.

Volvamos a La Prensa, hoy desaparecido. Hasta hace algunos años los ex trabajadores de ese diario reclamaban en el jirón de la Unión que les paguen sus beneficios sociales. En ese sentido hay bastante maltrato a los colegas. Algunos llegan al colmo de pagar con canjes. En ciertas ocasiones he cobrado con camisas, perfumes o vales en restaurantes, cuando lo que más quería era dinero contante y sonante para cancelar mis deudas. «Que pague», señalaba un titular del diario La Primera hace unos días refiriéndose al empresario televisivo Genaro Delgado Parker. Con qué cara. Los dueños de ese periódico les deben quincenas a sus redactores y se jactan de ser defensores de los derechos sociales.

En «El intelectual barato», capítulo de El pez en el agua (1993), las memorias de Mario Vargas Llosa, se muestra cómo varios novelistas, periodistas y académicos se rinden a las dictaduras por una mejor posición económica, política o social. En el régimen de Alberto Fujimori encontramos muchos con un pasado progresista (incluso participaron en la expropiación de medios en el gobierno del general Juan Velasco en 1974) que terminaron en defensa del liberalismo más feroz.
En los diarios limeños es común leer a colegas que hace poco aplaudían las gestiones de la dictadura, lanzar ahora puyas a los fujimoristas. Estos periodistas defienden o atacan según las órdenes de los dueños de los medios de comunicación donde trabajan, quienes se acomodan a las circunstancias.

«No tengo independencia por falta de dinero. No soy Vargas Llosa», me confesó un reportero, quien se excusó así de defender a un régimen pestilente por tener hijos a quienes mantener. «No vivo en Londres», agregó, resignado, mi condiscípulo sanmarquino.
¿Y la seguridad social? Varios colegas mayores, al caer enfermos, organizan almuerzos para solventar sus gastos en clínicas. ¿Y el Colegio de Periodistas? Sigue dividido, incapaz, sin importancia. Un recibo por honorarios no dice nada. Esto es tan absurdo como tener profesores de Periodismo que jamás escriben artículos.

2008/09/03

Sobre la química de las alucinaciones

DIALOGO CON ARTURO VITALE, DOCTOR EN QUIMICA, INVESTIGADOR DEL CONICET
Alucinado, el jinete se interna en los difíciles caminos de los neurotransmisores, la distorsión de lo real y la creación de mundos paralelos mediante drogas que abren el camino para comprender la esquizofrenia.
–Usted se dedica a la química de las alucinaciones... me pregunto... ¿por qué no me cuenta un poco cómo es eso?

–Le cuento un poco de historia: yo soy químico orgánico bien orgánico: esto es, los datos son los datos y se acabó.
–¿No es mucho decir?

–Le cuento cómo fue: un día, hace unos 20 años, apareció un grupo de médicos en el laboratorio, psiquiatras, que nos dijeron que tenían una teoría sobre la esquizofrenia y nos pidieron si podíamos determinar qué problema químico había allí. Nos trajeron un bidón con cinco litros de orina. Hasta llegar a los primeros resultados tardamos unos 4 o 5 años.

–No es poco.
–La investigación en química tiene otros tiempos que la investigación en medicina. Bueno, empezamos a estudiar la bibliografía, incorporamos gente al grupo. Dos semanas después aparecieron con diez bidones, que también analizamos. Encontré de todo menos lo que ellos esperaban. Los bidones eran del Moyano y del Borda y el problema que tenían era que por ley esos lugares están obligados a calmar al paciente apenas llega: lo que no- sotros detectábamos eran los medicamentos que se les daban. En ese momento conseguimos una bioquímica de Corrientes que se comprometió a mandarnos orina de pacientes esquizofrénicos apenas llegaban al hospital. Así fuimos consiguiendo orinas vírgenes de medicamento y detectando los verdaderos componentes químicos. De aquí pasamos a la ayahuasca.

–De la orina a la ayahuasca, que tiene su fama...
–Bueno, sí. Es un brebaje precolombino, de los indios de la Amazonia, que lo utilizan para alucinar. Tienen alucinaciones “reales”.

–Alucinaciones reales... parece una contradicción...
–Es que no es lo mismo una distorsión de la percepción (como provoca el LSD) que una alucinación real.
¿Usted tomó LSD antes de venir acá?
–No. No conseguí.
–Bueno, si hubiera tomado LSD, para usted esta puerta seguiría siendo una puerta, aunque deformada.
–Pero igual se podría abrir...
–O no. Con la ayahuasca, no es así: es como un sueño, se ven cosas que no existen...
–Pero usted existe.
–Sí.
–¿Un sueño es una alucinación?
–Eso hay que preguntárselo a un psiquiatra... la investigación que nosotros hacemos es química. Pero podría ser, habría que investigarlo también.

–Volvamos a la ayahuasca.
–Con la ayahuasca se tienen alucinaciones de colores, se siente volar por encima de las ciudades. En general, tiene un problema serio, aunque se diga que es inocua. El chamán (que es el que sostiene la ceremonia) orienta las alucinaciones de los bebedores. Mire: se sospecha que el suicidio colectivo de 900 personas liderado por Jim Jones en 1978 pudo haber formado parte de una ceremonia alucinatoria. Es decir, pueden ser alucinaciones orientadas y eso siempre es peligroso...

–Como las que provoca la televisión.
–Una vez pasado el efecto, se vuelve a la normalidad.

Al revés que con la televisión.
–Bueno, el caso es que este efecto nos sirvió como modelo experimental para la esquizofrenia: una vez que se define que la esquizofrenia es una enfermedad química, metabólica, se abre la posibilidad de que tenga una cura real, cosa que hoy en día no existe; sólo se puede intentar una normalización del paciente. El uno por ciento de la humanidad tiene trastornos esquizofrénicos y no importa el lugar de nacimiento ni nada por el estilo.

–El uno por ciento es una barbaridad.
–Esto, acompañado por la presencia de neurotransmisores metilados... es decir, cuando la serotonina, que tiene un grupo oxidrilo y un grupo amino, en lugar del grupo hidrógeno tiene un grupo metilo (CH3). Y resulta que el componente principal de la ayahuasca es una serotonina metilada y es por eso que el receptor, en la célula, la puede reconocer como serotonina. Y aquí viene la segunda parte del problema de los esquizofrénicos.

–Que es...
–Que tienen inhibida una enzima (la monoaminooxidasa), que se encuentra en el hígado y en el cerebro y cumple una función vital para la neurotransmisión: dentro de la neurona se sintetiza la serotonina. Después, para que las neuronas manden la información, mandan un disparo de serotonina que atraviesa la sinapsis. Una vez que se mandó, la serotonina es captada por los receptores.

–Mmmmm... ¿y entonces?
–Y entonces pasa que para que los receptores reciban la información, es necesario primero que actúe la enzima que le mencioné, que convierte la serotonina en un ácido; en forma elemental, ése es el mecanismo de neurotransmisión. Y el esquizofrénico, justamente, tiene inhibida esa enzima, con lo cual la serotonina se acumula y satura el receptor. Pero existe otro problema más: tiene otra enzima, la transmetilasa, muy activada: parte de la serotonina se metila y la monoaminooxidasa no la reconoce.

–¿Y cómo se conecta con las alucinaciones?
–Se conecta porque, aparentemente, las alucinaciones provienen de algún tipo de acumulación de neurotransmisores en los receptores. Todavía es un problema no resuelto en la psiquiatría. Ahora bien, si en lugar de serotonina uno tiene un seudotransmisor metilado, que es muy parecido, cumple el mismo efecto: se acumula en los receptores y la otra enzima tarda mucho en degradarla. La ayahuasca está compuesta en proporciones exactas por un seudoneurotransmisor metilado y un inhibidor de la mono-amino-oxidasa. Lo que hace es dejar que se acumule la serotonina. Y como le decía, aparentemente, esa acumulación tiene efectos alucinógenos, porque obstruye los neurotransmisores. Por qué las produce, no lo sabemos; una alucinación es una imagen que se genera dentro de uno sin el input.

–Para que la ayahuasca haya servido como modelo experimental, tiene que haber alguna relación entre los que la beben y los que presentan esquizofrenia.
–Sí. De hecho, lo que genera la ayahuasca es una esquizofrenia transitoria. Si una persona sana tiene alucinaciones durante un rato por la ayahuasca y después se le pasa, tenemos un buen modelo experimental. Además, es algo que no podemos estudiar en las ratas: no nos damos cuenta si están teniendo alucinaciones.

–¿Y cómo hicieron?
–Conseguimos el brebaje que preparan los chamanes y conseguimos individuos psiquiátricamente sanos que se la tomaron. Una vez tomada, en el momento en que se tenía el pico alucinatorio, se les extrajo sangre para medir los parámetros. Veinticuatro horas después se les hizo un análisis de orina y resultó que tenía la misma cantidad de dimetiltriptamina (la serotonina metilada) que los esquizofrénicos. Con lo cual esa parte de la hipótesis estaba comprobada. O sea que de manera artificial se generaba lo que en los esquizofrénicos se producía de modo natural. Llegar a esta conclusión nos demoró 10 años.

–¿Y causa acostumbramiento?
–Justamente, la segunda cosa que había que ver era si no tiene efecto residual ni causa acostumbramiento. Desde ya, no es como el tabaco, la cocaína, la morfina, eso es cierto, pero sí (y eso lo demostramos recientemente) causa variaciones en los parámetros bioquímicos. Después hicimos otra prueba: tipos que nunca habían tomado y tomaban por primera vez y consumidores habituales. Ahí hicimos los tests de medición de serotonina, de cortisol y de prolactina en sangre, y tests psicométricos. La serotonina en sangre disminuía en el tipo que la tomaba por primera vez; en el que ya estaba acostumbrado, no había mucha diferencia. Prolactina en sangre: en el tipo que tomaba por primera vez, disminuía y después se normalizaba; el consumidor habitual ya la tenía bastante alta y le subía más todavía. Con el cortisol lo mismo. Es decir que el consumidor habitual ya tenía una alteración de los parámetros.

–¿Y con la percepción qué pasaba?
–Hay tests de percepción que se hacen y que son muy iluminadores. Se hacen, por ejemplo, veinte preguntas de las cuales un tipo normal puede contestar diecinueve. El no consumidor, que está bajo los efectos de la ayahuasca, apenas puede contestar cinco. El consumidor habitual respondía entre doce y catorce. Es que para tener el mismo efecto perceptual de la primera vez, necesitaba aumentar la dosis. Es decir que es adictiva. Y faltaba la tercera parte.

–Que era...
–Ahora le cuento. Esta tercera parte la hicimos con conejos. Yo soy especialista en síntesis de moléculas marcadas: lo que hicimos entonces fue marcar dimetiltriptamina e inyectársela a un conejo (en general los conejos que se tienen para experimentar son los conejos chiquitos, pero nosotros tuvimos que buscar el conejo gigante de Flandes). Tenemos una ventaja con los conejos y es que sabemos perfectamente dónde están los receptores de serotonina. Y bien, le inyectamos la dimetiltriptamina y empezamos a tomar imágenes centrándonos en la cabeza y la vejiga. A las tres horas, seguía acumulada en la cabeza y una parte se iba por la orina. A las seis horas, lo mismo. Y resulta que se acumulaba en la zona de los receptores de serotonina. Pero además, a los cinco o diez minutos de inyectado, el conejo empezó a pegar gritos; después hicimos lo mismo con un placebo y no pasó nada. No quiero decir que el conejo alucine, pero algo pasa.

–Mire, no me siga contando. Los experimentos con animales verdaderamente me impresionan. Cuénteme mejor qué demostraron con todo esto.
–Que la esquizofrenia es una enfermedad metabólica, generada por un problema de actividad de las transmetilasas e inhibición de las mono-amino-oxidasas, por la cual no se degradan el tiempo suficiente. Encontramos que la ayahuasca es un buen modelo experimental. El próximo paso es probar en monos si la dimetiltriptamina se acumula también en los receptores de serotonina...

–¿El encefalograma de la alucinación es parecido al del sueño?
–No lo sé... La otra cosa que hemos demostrado es que no es inocua.

–¿Y yo existo para usted? Ja



2008/06/28

Mario Bunge es un genio de antaño...Todo un positivista


"La razón no existe separada de la emoción"

El físico y filósofo argentino evoca su infancia, habla de sus preferencias literarias y reflexiona sobre los riesgos que entrañan las religiones. También señala la importancia de que los ciudadanos se involucren en la vida política del país y de que el Estado invierta recursos en investigación científica y tecnológica.
Buenos Aires es un caos de tránsito incluso en la coqueta zona de Plaza San Martín, donde Mario Bunge se hospeda con su esposa durante su estadía otoñal en la Argentina. Llegamos apurados a conversar con él, pero la impuntualidad no parece molestarle a este señor atildado, sin exageraciones ni poses de celebridad. Hace siete años que no viene a la Argentina, pero Bunge no encuentra mayores diferencias: las veredas destrozadas, la misma basura en las calles. "Eso sí, la gente parece estar mejor, mucho más amable", dice el filósofo, epistemólogo y físico que ha pasado sus últimas cuatro décadas en Canadá. Desde su cátedra de Lógica y Metafísica en la Universidad McGill, en Montreal, Bunge se ha dedicado a enseñar y a escribir incansablemente. De esa labor resultaron tratados de erudición inmensa, como los ocho tomos sobre filosofía que están empezando a traducirse al español; además de artículos especializados y libros sobre su gran pasión: la filosofía y la metodología de la ciencia. Pero es posible que su fama se la haya ganado, para bien o para mal, gracias a sus posiciones recalcitrantes respecto del "psicoanálisis, la homeopatía, el existencialismo y otras pseudociencias", tal como se encarga de subrayar.

A esta altura, a Mario Bunge se le puede perdonar todo: su lucidez, su escepticismo, su mordacidad, su estilo de predicador del progreso y sus críticas despiadadas a los que no son de su gusto. Y eso que la lista de los que caben en su categoría de "charlatanes" es larga: empieza con los filósofos Husserl, Kant, Heidegger y Sartre, sigue con los pensadores y científicos neodarwinianos Daniel Dennett, Steven Pinker y Richard Dawkins, y termina, siempre, con Freud, "el rey de los macaneadores", como le gusta decir a Bunge en uno de los tantos giros porteños que se le agradecen. En 1995, una revista de actualidad lo puso en tapa con el título "Bunge: El hombre más inteligente de la Argentina". ¿No será mucho?, se preguntaron algunos entonces. No obstante, hay que reconocerle a Bunge el haber sido fiel no a su inteligencia sino a sus pensamientos. Este hombre tiene la cualidad de la honestidad intelectual, esa virtud que precisamente falta en muchos de quienes lo acusan de "dinosaurio".

Como dice, "se puede ser arrogante cuando se es muy ignorante". Bunge quiere ser exacto en todo, hasta en la filosofía, la psicología, la sociología y la moral. Pero es capaz de pasar del análisis lógico y distante de una cuestión metafísica a confesar su adoración por los niños con una sonrisa encantadora. Con unos ojos azules que se adivinan tras los lentes, y con un visible esfuerzo para superar la sordera de un oído, Bunge se abre a la entrevista con la paciencia de quien ha escuchado a decenas de periodistas "que no tienen idea de nada", como se encarga de advertir desde el principio. -Usted ha investigado en filosofía política, en economía y le apasiona la política. Además, una parte de su familia (la vinculada a Bunge & Born) tiene profundas vinculaciones con el campo.

¿Qué piensa del conflicto por las retenciones al agro? -No me interesa contestar sobre eso, no estoy al tanto. Hay dos bandos ideológicos claros, pero no quiero meterme en esto. -Pero usted siempre se declaró socialista. -Sí, pero del socialismo auténtico, el que nace de abajo para arriba, el que propugnó en el siglo XIX Louis Blanc. Si uno predica el socialismo desde arriba, estatizando, está buscando la dictadura política. Y socialismo sin democracia no es socialismo. -Evo Morales, el presidente de Bolivia, estatizó las petroleras y las comunicaciones.


¿Cuál es su opinión al respecto? -Asocio la nacionalización con una medida de emergencia. Cuando una compañía extranjera estorba al país, puede ser conveniente, pero no creo que el Estado deba convertirse en industrial. La única función del Estado es administrar el bien común, facilitar el progreso y la iniciativa privada sin apoyar el privilegio.

-¿Usted se siente privilegiado en algún sentido? -Sí, por supuesto. No he pasado mayores apuros económicos, salvo durante el peronismo. He tenido el privilegio de ser el hijo de mis padres [el médico y diputado socialista Augusto Bunge y la enfermera alemana María Schreiber]. He ido a las mejores escuelas que había en ese momento y he enseñado en las mejores escuelas, tanto aquí como en Canadá y en Europa. He tenido la gran suerte de que me dejaran seguir estudiando a pesar de que en la secundaria era un alumno mediocre. De mediocre para abajo.

-¿Cómo es eso? ¿No fue al Colegio Nacional de Buenos Aires y dio las últimas materias libres? -Sí, al final me fui, y me puse a estudiar en serio. Porque entonces ya no era la responsabilidad del profesor sino de mí mismo. Y me encantaron materias como Matemática, Física, Química, Biología.

-¿Por qué era un alumno mediocre? ¿No le interesaba estudiar en esa época? -Me interesaba mucho más estudiar la naturaleza, jugar al fútbol, andar en bicicleta, explorar los alrededores de la ciudad, conversar y leer sobre política, que siempre me apasionó, y leer novelas que estudiar para el colegio. No es que fuera vago, es que no me interesaba la enseñanza autoritaria. Una vez me llamó el rector del colegio, un noruego altísimo y muy seco, para preguntarme por qué no me interesaba el colegio. Y yo le dije que ahí regía una disciplina medieval [se ríe]. No se podía silbar, no se podía caminar si no era a una cierta velocidad, no se podía hablar, parecía un monasterio. Le causó gracia lo que le dije pero es que había que memorizar unas poesías de poetas españoles que a mí me parecían mediocres, prefería leer poesía en otras lenguas, prefería a Heine en alemán que a Gustavo Adolfo Bécquer, que me resultaba muy cursi.

-¿Cómo aprendió a leer alemán? -Recibí clases particulares. Mi padre apreciaba mucho la cultura alemana y hablaba alemán perfectamente. A mí me encantaba leer en francés. De hecho, al único profesor que estimaba era al de francés: Osmar Moyano. Era el único que comprendía a los chicos, los trataba individualmente, incluso les regalaba y les recomendaba libros que podían interesarles. Era muy buena persona y muy buen profesor. Desgraciadamente, mis compañeros se burlaban de él, pero yo siempre lo traté con respeto.

-¿Cuáles son los autores que aún le calientan el corazón o los nuevos que le gustan? -Los más grandes novelistas son Cervantes y Tolstoi. El Quijote y La guerra y la paz para mí son libros insuperables, los sigo leyendo y los leía de a poquito, de a cuatro o cinco páginas, para que no se terminaran y poder disfrutarlos. Pero yo leo omnívoramente, hay muchos autores de distintos países que me gustan. La última novela que me causó impresión fue la del afgano Khaled Hosseini, Cometas en el cielo . Leo a franceses, indios, albaneses, canadienses. Mi favorita entre los últimos es Margaret Atwood. Es una gran estilista, ha escrito poesía, novela, teatro, y también es una gran activista social.

-¿Un escritor tiene que tener siempre un compromiso social? ¿O la literatura se sostiene sola? -No necesariamente tiene que tener un compromiso social. En el caso de la poesía lírica, no. Pero en la novela sí, porque se trata de gente de carne y hueso. Por eso me gustan tanto los escritores indios, que generalmente viven en Inglaterra, en Estados Unidos o en Canadá.

-¿Qué tiene Canadá que atrae a gente de tantas partes del mundo? -Canadá es una sociedad muy poco conflictiva, la tasa de crimen es muy baja, es muy raro que alguien se muera de hambre. Es una sociedad pacífica y bastante igualitaria, aunque últimamente ha aumentado la desigualdad de ingresos. No hay conflictos de razas, de creencias. Ninguna de las iglesias es agresiva, a diferencia de las de los protestantes estadounidenses, que son de una mentalidad medieval. Y no tienen influencia sobre la educación, por ejemplo. No ponen trabas a la biología evolutiva o a ciertas investigaciones científicas. No tienen influencia sobre el gobierno. A ningún primer ministro canadiense se le ocurriría decir que su gobierno está basado en la fe, la gente se reiría. Hay separación completa entre Iglesia y Estado.

-¿Qué piensa de la religión? -Pienso que las religiones son creencias primitivas, que las religiones casi siempre han apoyado el statu quo . Cristo, como sabemos, no fue un revolucionario social sino un reformista religioso. Nunca se pronunció contra los peores males de su época: la esclavitud y la guerra; no combatió el imperialismo romano. Las religiones, todas, han sido usadas como instrumento de control social. La única que no ha sido usada así en el comienzo fue el budismo, pero como sabemos, el budismo no es una religión, porque Buda era ateo.

-Usted mismo es un ateo [Interrumpe] -Ah, sí, sí, sí. Pero no soy un ateo militante. Creo que hay problemas mucho más importantes que las religiones. Tengo mucho cariño por parientes y amigos que son católicos fervientes, y los aprecio mucho más que a algunos compañeros ateos. Tienen buenos sentimientos y buenas ideas acerca de la sociedad. Stalin era ateo y no tenía precisamente buenos sentimientos.

-¿De dónde surge esta necesidad de creer? -Durante 5000 años China ha sido un país ateo. Y Japón, uno de los países más avanzados del mundo, es un país de ateos. No es una necesidad la religión, es algo impuesto desde arriba. -¿No hay alguna creencia que suplante la necesidad de la religión para usted? -Sí, la necesidad de vivir lo mejor que se pueda la única vida que tenemos y ayudar a los demás. -La base de su filosofía ética es: "Disfruta de la vida y deja a los demás disfrutar de la suya". -Sí, exacto. Creo que es la máxima máxima moral. Todo lo demás sale de ahí.

-¿Qué es para usted disfrutar la vida? Porque para cada uno puede ser algo diferente. -Claro, creo que ninguna Iglesia ni ningún Estado debería decirle a uno cómo disfrutar la vida, pero sí debería ayudarlo a uno a disfrutarla como mejor le parezca. Y ayudarlo en todo caso a no dañarse a sí mismo. A comprender que el alcohol es malo y el tabaco, si se puede decir, es peor; que la cocaína es mala, que matar es malo, que el egoísmo es malo, etcétera. -Las sociedades consideran un crimen quitarse la vida. -Eso es otra cosa. Creo que el suicidio es criminal si perjudica a otras personas, por ejemplo, si alguien al suicidarse deja a una familia desamparada. Pero una persona que no puede seguir gozando de la vida ni puede ayudar a nadie, que sufre de una enfermedad horrorosa o que se siente ya inútil, triste y deprimida, tiene el derecho de matarse. Hay derechos y obligaciones en la vida. Eso es lo malo de la Declaración de los Derechos del Hombre. Tendría que ser Derechos y Obligaciones del Hombre. Hace muy poco me enteré de que la máxima que yo creí haber inventado ("No hay derechos sin obligaciones y no hay obligaciones sin derechos") era un lema de la primera Asociación Internacional de Trabajadores.
-¿Cuáles son las obligaciones humanas? -Pagar los impuestos, no jorobar al prójimo, tratar de ayudar cuando lo necesite, hacer contribuciones a organizaciones no gubernamentales, participar en política. Para mí, participar en política es un derecho y una obligación. Usted tiene el derecho de votar y la obligación de informarse para hacerlo. No tiene por qué afiliarse a un partido, aunque es aconsejable, pero el ciudadano tiene que participar de alguna manera en la vida política. Precisamente lo malo de nuestras democracias es que son muy restrictivas en cuanto a la participación.

-Hay un movimiento de intelectuales que reclama que sólo voten los que quieren. Que haya libertad de no votar, como en Estados Unidos. -Ah, no, no. Todos tenemos la libertad de votar en blanco, pero todos tenemos la obligación de considerar, de estudiar la situación y tomar alguna decisión. Aunque sea la decisión de decirles a todos los partidos: "Ninguno de ustedes me gusta", que es votar en blanco. Si el voto no es obligatorio, el resultado es que los más emprendedores, los más pillos toman la delantera y ocupan el espacio político. Como usted sabe, en los países europeos, como aquí, la votación es obligatoria. En Estados Unidos, el presidente es elegido por una cuarta parte del electorado. Sólo vota la mitad, y la mitad de ellos elige al presidente. Bush representa, en el mejor de los casos, el 25% del electorado. Eso no es democracia.


-Usted ha sido a lo largo de su vida un adalid del progreso, un abanderado de las ciencias. ¿Se sostiene todavía eso en un mundo donde la ciencia está imbricada con la tecnología y puede resultar negativa para la sociedad? -Por supuesto que sigo siendo un abanderado de las ciencias. Pero el progreso tiene que ser en todos los órdenes: hace falta no sólo progreso cultural y técnico sino también social, político, económico.


-¿Pero la ciencia y la técnica van, per se, hacia un progreso benefactor? ¿Habría que ponerles algún límite? -A la técnica, sí, porque hay técnicas benignas y malignas, como la del asesinato en masa, la tortura. Pero el conocimiento no hace bien ni daño por sí mismo. Algunos pocos conocimientos pueden utilizarse para el mal, pero la mayoría no. Por ejemplo, la matemática pura, la astrofísica, la historia no sirven para dañar a nadie.

-Para usted, se sigue sosteniendo la diferencia tajante entre ciencia y técnica. Le pregunto, entonces: ¿la política y los intereses económicos influyen en la ciencia o ella es neutra completamente? -Seguro que influyen, pero la política puede favorecer la investigación o coartarla. Por ejemplo, en la Argentina jamás gobierno alguno ha favorecido el desarrollo científico en la medida en que ha debido hacerlo. Los argentinos son tacaños con la ciencia, invierten solamente el 0,3% del producto bruto interno. Brasil invierte el 1%, por eso nos ha ganado la carrera y produce mucho más ciencia que la Argentina. Ni hablemos de países como Corea del Sur, la China, Inglaterra.

-Tal vez algo pueda cambiar ahora que se creó el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva en la Argentina. ¿Qué le parece? -Depende del poder que se le dé. Sadosky [designado en su momento por Raúl Alfonsín] no tenía poder, tenía un presupuesto mínimo y heredó una infraestructura que no pudo cambiar. Los ministros de Ciencia y Técnica de otros países tienen poder porque tienen presupuesto. Por otra parte, la ciencia no les interesa a los partidos políticos ni acá ni en Estados Unidos, donde los candidatos no han dicho una palabra sobre la ciencia, porque no saben, no están enterados.

-Creo haberle escuchado decir a Obama que va a bajar el presupuesto de la NASA -La NASA es una empresa técnico-política. Tiene poca ciencia. Ha hecho cosas interesantes, especialmente al mandar sondas a Marte para ver si hay vestigios de vida y al estudiar el origen de la vida. Pero hay mucha gente en Estados Unidos que está de acuerdo en que es absurdo gastar tanto en el programa espacial cuando se gasta tan poco en programas sociales sobre la Tierra. Pero no hace falta quitarle el presupuesto a la NASA, con el del Pentágono alcanza. El gobierno de Bush heredó un superávit. Ahora tiene un déficit de 10 trillones de dólares. Es criminal gastar ese dinero en aventuras bélicas que ni siquiera han dado el resultado esperado, cuando hay tanta miseria.

-Hay una gran discusión sobre el proyecto de la presidenta argentina de construir un multimillonario tren bala. ¿Qué piensa? ¿Puede ser una idea-fuerza hacia el futuro, como cuando Kennedy se impuso el objetivo de llegar a la Luna? -¿Por qué no adoptar un plan mucho más barato y más útil: restaurar las vías férreas que fueron desmontadas por el gobierno de Menem? Esto sólo favorece a los camioneros y a los autobuses pero quedan desamparadas decenas, sino centenares, de poblaciones. Lo mismo pasó en Estados Unidos: levantaron miles de kilómetros de vías férreas para favorecer el famoso trío formado por las empresas camioneras, petroleras y constructoras de caminos.

-¿Ha perdido las esperanzas respecto de la Argentina como país? -Al contrario, de ninguna manera. Creo que la Argentina tiene un material humano de gran calidad y además, a pesar de todo, el ingreso medio de los argentinos es el doble que el de los brasileños. Es decir, el ingreso está mejor repartido que en el Brasil. Desgraciadamente, no hay cifras en la Argentina sobre la desigualdad de ingresos. El índice GINI se usa en casi todos los países del mundo para medir desigualdad. Así se sabe que Suecia y Japón son los países más igualitarios del mundo, mientras que Guatemala, Brasil y las semicolonias centroamericanas tienen el índice más alto de desigualdad. América latina es la región del mundo caracterizada por la mayor desigualdad del ingreso. Más que África. Estamos a la cola, sobre todo después de la aplicación del Consenso de Washington en los años noventa.

-Me gustaría preguntarle si una persona tan racional como usted ha tenido lugar para el amor en su vida. -¡Ah! Siempre he sido muy enamoradizo pero soy también gran partidario de la familia. Yo he estado casado dos veces: la primera, durante 17 años; respecto de la segunda, estoy por cumplir 50 años de casado. Y por supuesto que quiero muchísimo a mis hijos, y no sólo a ellos. A cualquier chico que anda por ahí, me paro a mirarlo, me parece una maravilla. Y la razón no existe separada de la emoción, por la sencilla razón de que en el cerebro humano, la corteza cerebral, que es el órgano de la razón, está íntimamente relacionada con el órgano de la emoción, que es el sistema límbico. La idea de Descartes de la razón pura, de que es posible pensar sin las emociones, es completamente absurda. Yo soy un apasionado de la razón. Pero además trato de controlar mis emociones, controlar mi cólera, aunque me resulta muy difícil frente a la industria de la charlatanería (el psicoanálisis, la homeopatía, el existencialismo y tantas otras cosas). No tienen la menor idea de lo que es el método científico, jamás sometieron a pruebas experimentales sus ideas. Son macaneadores completos, pero ganan bien.

-¿Qué piensa de la aplicación de categorías darwinianas en la sociología y la psicología? -No creo en la llamada psicología evolutiva. Es una pila de fantasías porque dan por sentada la teoría evolutiva de Richard Dawkins, y no es cierto lo del gen egoísta. La tesis de que somos fósiles andantes cuya mente fue conformada hace 100.000 años y que nuestra mente está adaptada a la sabana, a la llanura, a las pampas del África Oriental cuando nuestros antecesores tenían que luchar contra leopardos y cosas así es completamente ridícula. Las mentes modernas han producido la teoría de la evolución, la física cuántica, la biología molecular y tantas otras que han abordado cuestiones que no tienen nada que ver con la supervivencia del hombre primitivo. Es puro macaneo. Y, además, ha servido para apuntalar el conservadurismo político, la idea de que la educación y las reformas sociales nada pueden. Dennett, Pinker y Dawkins, los tres mosqueteros los llamo yo, propagan pseudociencia al mismo tiempo que se proclaman a sí mismos los inteligentes ( the right ones ), lo que es muestra de su arrogancia. Y se puede ser arrogante solamente cuando se es muy ignorante.

-Usted tiene 88 años. ¿Le teme a la muerte? -A morir, sí. A la muerte, no. Es decir, al proceso de morir le tengo miedo, a quedar impedido. Por eso he firmado el living wills [una especie de deseo testamentario] donde pido que si estoy impedido de hablar, de pensar, traten de matarme lo antes posible. Yo no trabajo para la muerte, sino para vivir lo mejor posible.

¡Oh! no que genio, pero toda una eminencia. Me hace recordar mis años universitarios... el pesado Mario Bunge.