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2010/04/25

Cuáles son los límites del ser humano

Investigadores ofrecen respuestas sobre las capacidades físicas y mentales, como la fuerza, la concentración y la memoria

New Scientist
Todos tenemos impulsos irresistibles de marcar nuevos récords. Pero ¿cuánto más lejos podemos ir, física y mentalmente, antes de alcanzar nuestros límites?

¿Cuál es el límite humano de velocidad?
Mark Denny, de la Universidad de Stanford en California, analizó cuán rápidamente puede un ser humano correr los 100 metros. Examinó los récords de varias competencias atléticas desde 1920 y encontró un patrón: se mejoran los tiempos de manera constante hasta alcanzar una meseta.

Para los 100 metros femeninos, ésta se alcanzó en 1977. Denny opina que para los corredores masculinos todavía no es éste el caso. Predice que el límite absoluto serán los 9,48 segundos, 0,1 segundo por debajo del récord de Bolt.

¿Qué limita la velocidad humana? Denny lo explica por la relación energía-peso: en cierto momento, los beneficios de tener músculos más poderosos y extremidades más largas no compensará la energía extra que gastaríamos para mover el peso extra.

¿Durante cuánto tiempo nos podemos concentrar?
Para trabajos en los que la concentración es crítica, como el de los cirujanos, el de los conductores de camiones o el de los pilotos de avión, el límite son las 12 horas.
Nuestros poderes de concentración declinan con el pasar de las horas. Nos volvemos menos eficientes y tardamos más en tomar decisiones. "Nuestra vigilia es una de las áreas que más se resienten por culpa de la fatiga", explica el neurocientífico David Dinges, de la Universidad de Pensilvania en Filadelfia.

¿Cuánto podemos sobrevivir en el vacío?
Lamentablemente, sabemos cuánto puede sobrevivir el ser humano en el vacío: tres cosmonautas soviéticos murieron en 1971 cuando su cápsula se despresurizó a 168 kilómetros de la Tierra: fallecieron luego de padecer entre 30 y 40 segundos de hipoxia.
Ahora, si el tiempo es menor, es posible recobrarse. En 1966, un técnico de la NASA estaba probándose un traje de astronauta cuando la presión cayó a un nivel similar al que tiene en una altura de 36.500 metros. Se desmayó entre 12 y 15 segundos después. Cuando represurizaron la habitación, volvió en sí en 27 segundos, y aunque estaba pálido no mostró ningún problema de salud duradero.
Cuando se reduce la presión externa, se forman burbujas de gas en la sangre (porque el agua se vaporiza a baja presión) lo que causa daños en los pulmones en apenas unos minutos.
¿Cuánto es lo máximo que podemos recordar?
Chao Lu obtuvo el récord de memoria al recordar 67.890 dígitos de ? en 2005. Pero ¿qué significa esto frente a la verdadera capacidad del cerebro?
Nuestra habilidad para absorber información es vasta. En 1986, Thomas Landauer, en ese momento investigador de Comunicaciones Bell en Nueva Jersey, analizó cuánta información visual y verbal se podía almacenar y cuan rápido se olvida. Estimó que el adulto promedio recuerda alrededor de 125 megabytes de este tipo de información durante toda su vida, que es el equivalente a alrededor de 100 libros del largo de Moby Dick .

¿Cuánto frío podemos aguantar?
Los seres humanos suelen sufrir el frío? y con toda razón: nuestros cuerpos, con largas extremidades, están muy bien adaptados para perder calor, pero no para retenerlo. Es perfectamente lógico en el intenso calor de las sabanas africanas, donde los seres humanos evolucionamos.
En el frío, el cuerpo empieza a temblar y disminuye la irrigación sanguínea en las extremidades. Si la temperatura corporal cae sólo 2 grados, primero perderemos la conciencia y después disminuirá el ritmo cardíaco, a causa de la hipotermia. La muerte sobreviene, en general, a alrededor de los 24 grados, cuando el corazón se detiene. Sin embargo, Anna Bagenholm sobrevivió atrapada bajo el hielo a 13,7 grados por 80 minutos sin secuelas.

¿Cuán alto se puede llegar?
La altura tiene efectos extraños sobre el cuerpo humano, cuando se reduce la presión de oxígeno en el aire. Nuestras células necesitan oxígeno para sobrevivir. Cuanto mayor es la altura, la hemoglobina (proteína encargada de transportar el oxígeno de los pulmones a las células) no puede absorberlo completamente.
El cerebro es muy sensible a los niveles de oxígeno; por eso, los dolores de cabeza y los mareos son los primeros signos de la enfermedad de altura. Con estadías prolongadas por sobre los 5000 metros, la masa muscular se deteriora y se sufre el riesgo de la acumulación fatal de líquidos en los pulmones y el cerebro. Por encima de los 7500 metros, el déficit de oxígeno puede ocasionar desmayos e, incluso, la muerte.

¿Cuánto peso se puede levantar?
La máxima cantidad de peso que se haya levantado en la historia es 263,5 kg. Todd Schroeder, de la Universidad de California del Sur en Los Angeles, cree que estamos cerca del máximo, incluso en el caso de los atletas que utilizan esteroides.
Los músculos son los que ponen el límite. La mayoría de las veces en que no se consigue levantar el peso propuesto, lo que ocurre es que los atletas simplemente no tienen la fuerza necesaria. Pero en los casos en que se causa un daño, suele ser de las fibras musculares, cerca de los tendones.
CIFRAS DIFICILES DE SUPERAR
263,5 kilos
Es el peso máximo que una persona ha levantado por sobre su cabeza; Andy Bolton, un levantador de pesas británico, fue capaz de levantar 457,5 kilos hasta la altura de sus muslos.
11 minutos y 35 segundos
Es el tiempo máximo que una persona -Stephane Misfud- fue capaz de permanecer sin respirar bajo el agua. El límite para un ser humano, afirman los especialistas, rondaría los 15 minutos.
9,58 segundos
Es el récord que marcó Usain Bolt en los 100 metros. Para los expertos, no se puede correr más que 0,1 segundos más rápido que Bolt en los 100 metros.
67.890 números
Fue capaz de recitar de memoria Chao Lu. Según los expertos, un adulto puede recordar la información equivalente a 100 libros de la extensión de Moby Dick.
¿Cuánto podemos sobrevivir sin comer ni beber?
Teóricamente, el cuerpo dejaría de funcionar cuando se terminan sus reservas de grasa, proteínas y carbohidratos. Sin embargo, Jeremy Powell-Tuck, médico clínico que atendió a David Blaine después de su ayuno en Londres en 2003, sostiene que uno moriría antes. Sin las vitaminas B solubles en agua para poder metabolizar los depósitos de grasa, una persona podría morir de inanición siendo todavía gorda.
Kieran Doherty, un irlandés en huelga de hambre, murió en 1981 después de ayunar durante 73 días. Con un suministro de vitaminas y agua, una persona podría sobrevivir más de un año sin comer. Con vitaminas, pero sin agua, el tiempo de supervivencia se reduce drásticamente: sólo unos días.

¿Durante cuánto tiempo podemos sobrevivir sin dormir?
Randy Gardner, un estudiante de 17 años de San Diego, California, estuvo despierto durante 264 horas, entre el 28 de diciembre de 1963 y el 8 de enero de 1964. Después de 11 días, durmió durante solamente 14 horas. Las personas que sufren falta de sueño tienden a entrar y salir de "microsueños", segundos durante los que se duermen sin notarlo, en general con los ojos abiertos. Sin embargo, sabemos que la privación de sueño es eventualmente fatal.
¿Durante cuánto tiempo se puede mantener el aliento?
Existe un reflejo de los mamíferos: cuando su cara es sumergida dentro de agua fría, nuestros vasos sanguíneos se contraen, dirigiendo la sangre de las extremidades hacia el corazón y el cerebro. El ritmo cardíaco se reduce y disminuye la cantidad de oxígeno que se utiliza. La hiperventilación previa también es importante, porque el cerebro monitorea la cantidad de dióxido de carbono (CO2) en la sangre para decidir cuándo activar el reflejo de jadear. La eliminación de CO2 con respiraciones profundas y rápidas incrementa el tiempo que se puede resistir a este impulso.
Johan Andersson, de la Universidad de Lund, estudia a submarinistas y cree que estamos lejos de alcanzar el límite de tiempo que podemos estar sin respirar: 15 minutos.




2008/08/26

Reflexión sobre el amor‏





El ser humano hace el amor cuando el aprecio de los valores, la condivisibilidad de ideales, el interés y el deseo de lo mejor para ese otro alguien lo llevan a llamarlo amigo. Lo hace cuando, en la mutua donación, se abre a la vida generadora de un nuevo ser cuyo primer nombre será “fruto del amor conyugal”. El ser humano hace el amor cuando manda y obedece, cuando ríe y llora, cuando se alegra y sufre, cuando sirve, cuando estudia, cuando se dona al prójimo más próximo y al más lejano…Pero el amor no se agota en un acto ni se reduce a un espacio de tiempo. El amor no es un cielo preñado de nubes que hoy están y mañana quién sabe. No es como la enfermedad que suele ser pasajera. El amor es perenne. Si fuese efímero sería otra cosa, menos amor. La enfermedad se padece; al amor se tiende, se le busca, se le necesita, se le lleva como suave yugo cuando las circunstancias son adversas y como insignia de oro al pecho cuando de ellas ha salido victorioso. Un poeta definió en un soneto el amor:

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde, animoso:
no hallar fuera del bien, centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo.

Enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;
huir el rostro al claro desengaño,
beber licor por veneno suave,
olvidar el provecho, amar el daño,
creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño,
esto es amor, quien los probó, lo sabe.

Quien lo probó sabe que el ser humano no puede vivir sin amor. El mismo es para sí un ser incomprensible; su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente: el amor es la impronta que se busca dar y recibir; característica única de la persona humana porque somos libres y el amor, ante todo, es un acto continuo de libertad suprema. Por eso cuando se ama se puede hacer lo que se quiere: porque si se calla, se callará con amor; si se grita, se gritará con amor; si se perdona, se perdonará con amor. Si está dentro de nosotros la raíz del amor, ninguna otra cosa sino el bien podrá salir de tal raíz.
Amor y libertad van de la mano, son inseparables. El acto supremo de la libertad es el amor y no se puede hablar de amor si éste no es libre. No hay amor sin libertad porque no se puede amar sin ser uno mismo y sin elegir al otro libremente. Velle alicui bonum, escribieron los filósofos para definir el amor; querer el bien del otro que no es aplicarle algo externo sino promover su libertad. Es a partir del amor a la libertad del otro que se ama efectivamente. Y es que el que tiene amor siempre tiene algo que dar; tiende a darse. Y porque se es libre, conciente de lo que se hace, del amor que se ofrece, se es responsable. La justificación de sus elecciones converge en la responsabilidad del ser humano con relación a su actuar. Del actuar del hombre es de donde nace su vocación, la vocación universal al amor; amor que es el océano a donde van a parar todas las restantes virtudes.
El amor nunca se da por concluido y completado; se transforma en el curso de la vida, madura y, precisamente por ello, permanece fiel a sí mismo. Sólo el ser humano es capaz de hacer el amor. Esa conciencia debería llevar a aquel abandono que plasmó Virgilio en sus Églogas: “Todo lo vence el amor; cedamos pues, también al amor nosotros”. Somos capaces de hacer el amor. El amor del prójimo es un camino para encontrar también a Dios. Cerrar los ojos antes el prójimo nos convierte también en ciegos ante Dios y es que amor es ver con los ojos de Cristo para dar mucho más que cosas externas necesarias: es ofrecer la mirada de amor que el otro necesita. Por eso amar a Dios y amar al prójimo son la única y misma cosa. No se trata de un mandamiento externo que impone lo imposible, sino de una experiencia nacida desde dentro, un amor que por su propia naturaleza ha de ser ulteriormente comunicado a otros. El don más grande que da Dios al corazón humano es el de sepultar su egoísmo mientras su alma se enciende y ama. Si quieres ser amado, decía Séneca, ama.

2008/05/18

Un ejemplo de mujer y de bondad

Jolanta ha muerto
Fuente: Fluvium.org

No conocía nada de la vida de Irena Sendler (Otwock, 15 de febrero de 1910, Varsovia, 12 de mayo de 2008), hasta que hace no mucho tiempo un amigo me envió un PowerPoint sobre esta maravillosa mujer. La vida de Irena Sendler, la madre de los niños del Holocausto, es sin duda un ejemplo de humildad y de coraje digno de admiración y respeto. Esta mujer valiente –que no se reconocía una heroína porque, según decía, "podría haber hecho más, y este lamento me seguirá hasta el día en que yo muera"–, arriesgó su vida durante la ocupación nazi para salvar la vida a más de dos mil quinientos niños judíos.
Gracias a su estatus de enfermera se las ingenió para rescatar a los niños del gueto judío de Varsovia en cubos de basura, en ataúdes, con supuestas enfermedades contagiosas como el tifus,… y los repartía por familias y conventos católicos de Europa. Para llevar el control y al acabar la guerra, poder devolverles a sus autenticas familias, Irena escondía los nombres de los niños y la identidad de sus nuevos padres en botes de conserva, que luego enterraba bajo un manzano frente a los barracones de los alemanes cercanos a su casa. Torturada por la GESTAPO, ella nunca reveló el paradero de los niños.
Cuentan que lo único que le mantenía con vida en esa situación fue una estampita ajada de Jesús Misericordioso con la leyenda: "Jesús, en vos confío"; la conservó consigo hasta el año 1979, momento en que se la obsequió a Juan Pablo II. Y seguramente el rostro del Señor lo veía en las caritas de esos niños hambrientos y asustados. Ella siempre prefirió mantenerse en el anonimato, porque como decía: "Yo no hice nada especial, sólo hice lo que debía, nada más". Pero años más tarde, gracias al trabajo de investigación de unos jóvenes estudiantes norteamericanos, su historia apareció en los periódicos. Al ver su foto muchos de esos niños reconocieron a Jolanta y no tardaron en ponerse en contacto con ella para decirle: "Recuerdo tu cara… soy uno de esos niños, te debo mi vida, mi futuro y quisiera verte…".
Hoy, sin duda, Jolanta habrá sido recibida con miles de besos a las puertas del cielo. Cientos de padres y madres le habrán abierto las puertas de par en par por haber salvado la vida de sus hijos arriesgando la suya propia. Y seguramente todos ellos junto a Jolanta , hoy, también toman prestadas las palabras de Juan Pablo II en su saludo a los participantes del 60° aniversario de la insurrección de Varsovia : "Pido a Dios que, con su gracia, haga cada vez más noble el corazón de todos los polacos, para que el recuerdo de las gestas heroicas de nuestros antepasados no sea sólo una evocación de la historia remota, sino también un ejemplo estimulante de amor a la patria que, incluso en tiempos de paz, se exprese poniendo el bien común por encima de los intereses personales".