Mostrando entradas con la etiqueta Literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Literatura. Mostrar todas las entradas

2011/04/10

Literatura Clàsica


Trabajo realizado por estudiantes de Enseñanza media 2011 Unidad: Literatura Clàsica

Estimadas estudiantes, en este espacio tienes la oportunidad de compartir con muchas personas informaciòn, investigaciòn y propuestas de mejora. Espero que en el transcurso del presente año puedas tener unos minutos, para realizar actividades de aprendizaje que te proponemos.


Al hacer click en Literatura Clàsica, que aparece como tìtulo... podràs observar el trabajo que realizaste en la unidad: Conociendo la literatura desde sus orìgenes.


Ademàs, debes responder a lo siguiente: ¿Por què los literatos griegos y latinos (clàsicos) se convirtieron en modelos para otros escritores?

Puedes hacernos llegar tu respuesta desde cualquiera de los medios: Blogger (èste, ), Slideshare (donde aparece tu trabajo) o Facebook.


Gracias por tu visita y tu cometario.

2010/06/18

Ateo declarado y comunista, José Saramago, muriò

El escritor portugués y Premio Nobel de Literatura José Saramago murió este viernes a los 87 años de edad.
El novelista nacido en Azinhaga -una pequeña aldea ubicada 120 kilómetros al noreste de Lisboa- padecía de leucemia crónica.
La página web del escritor informó que fallecióen su casa de Lanzarote, en las Islas Canarias, poco después del mediodía (hora local) "a consecuencia de un fallo multiorgánico después de una larga enfermedad".
"El escritor murió acompañado de su familia, despidiéndose de una forma serena y plácida", se informó.

Tal vez ayudara el hecho que el hombre que debió haberse llamado José Sousa –Saramago era en realidad el apodo de su familia paterna y el novelista fue inscrito con ese nombre en el registro civil por error- fuera un viejo conocido de la muerte.
Una de sus últimas novelas, "Las intermitencias de la muerte", cuenta la historia de un país sin nombre, en el que la muerte un día decide dejar de trabajar.
Origen humilde
Esa historia bien podría haber sido inspirada por los relatos de leyendas y apariciones que acostumbraba contarle su abuelo Jerónimo cuando regresaba de vacaciones a Azinhaga, de donde salió rumbo a Lisboa a los dos años.
"Pasábamos todas las vacaciones en el pueblo y aquello fue crucial. Cuando llegábamos, lo primero que hacía era quitarme los zapatos y bajar al río con mis amigos, pasear por el campo. Cuando teníamos que regresar a Lisboa, lo último que hacía era volver a ponerme los zapatos", le dijo Saramago a BBC Mundo en una entrevista realizada en junio del año pasado.
En Lisboa, sin embargo, sus padres no se pudieron permitir mantenerlo en el bachillerato. Así que a los 13 años el futuro Premio Nobel estudió para ser mecánico de automóviles.
Las tres décadas siguientes las pasaría trabajando como cerrajero, en una empresa metalúrgica y en una agencia de servicios sociales.
Su primera novela la publicaría en 1947, pero el éxito tendría que esperar. Antes, llegaría la militancia en el Partido Comunista, de la que el escritor nunca renegó, y una activa vida política y como subdirector del Diario de Noticias, hasta 1976 .
"Soy un comunista hormonal, mi cuerpo contiene hormonas que hacen crecer mi barba y otras que me hacen comunista. ¿Cambiar? ¿Para qué? Me sentiría avergonzado, y no quiero convertirme en otra persona", le dijo en una ocasión a la BBC.
Y este compromiso político es evidente en parte de su producción, que incluye 17 novelas, cinco obras de teatro y numerosos relatos, poemas y crónicas.

Exilio simbólico
Fue una de estas novelas –"El Evangelio según Jesucristo"- la que lo hizo trasladar su residencia de Lisboa a Lanzarote, en 1992.
Se trató de un exilio simbólico motivado por la decisión del gobierno portugués de impedir la candidatura de esta novela a un premio literario europeo, por considerarla "herética".
Para ese entonces, Saramago ya había publicado obras de la talla de "Memorial del Convento" (su primer gran éxito, que llegaría a los 60 años), "El año de la muerte de Ricardo Reis" e "Historia del Cerco de Lisboa".
Le seguirían "Ensayo sobre la Ceguera" (llevada al cine en el 2008) y "Todos los Nombres", publicada poco antes de que se le concediera el Premio Nobel de Literatura, en 1998.
Con el Nobel -el primero otorgado a un escritor de lengua portuguesa- la Academia Sueca quiso celebrar la capacidad de Saramago de "volver comprensible una realidad huidiza, con parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía".

Voz crítica
Esa capacidad, y su inconfundible voz crítica, Saramago la continuó exhibiendo hasta el final, tanto en sus novelas como en sus artículos periodísticos o en su blog, en el que acostumbraba comentar sobre los diferentes temas de actualidad.
Una recopilación de las mejores entradas de este último, en las que flagelaba al capitalismo, al consumismo, al Papa y a George W. Bush, fue publicado el año pasado bajo el título de "El Cuaderno".
En una entrevista con BBC Mundo celebrada para marcar la ocasión, Saramago reconoció que ya no le quedaba mucho por vivir.
"Me pueden quedar tres o cuatro años de vida, quizá menos", anunció en esa oportunidad.
Pero también quedan su prolífica e inconfundible obra para quien lo quiera recordar o descubrir.
Las novelas de Saramago
1947 Tierra de pecado
1948 Claraboya (nunca publicada)
1977 Manual de pintura y caligrafía
1980 Levantado del suelo
1982 Memorial del convento
1984 El año de la muerte de Ricardo Reis
1986 La balsa de piedra
1989 Historia del cerco de Lisboa
1991 El Evangelio según Jesucristo
1995 Ensayo sobre la ceguera
1997 Todos los nombres
2000 La Caverna
2002 El hombre duplicado
2004 Ensayo sobre la lucidez
2005 Las intermitencias de la muerte
2008 El viaje del elefante
2009 Caín
Nota de la BBC.

José Saramago muriò

2010/06/12

Cómo escriben los que escriben


Cada mañana, Jorge Luis Borges registraba sus sueños y luego utilizaba ese material para enriquecer sus ficciones. Ernesto Sabato tenía el hábito de incendiar por la tarde lo que había producido hasta el mediodía. Y Carlos Fuentes contó que componía "mentalmente" sus seis o siete páginas diarias en un paseo que incluía la casa de Albert Einstein, la de Hermann Broch y la de Thomas Mann, en Princeton.

Pero de todas las historias sobre escritores a la hora de encarar la rutina del oficio, quizá la más singular pertenezca a Abelardo Castillo. Años atrás, el autor de Crónica de un iniciado sufría de una extraña afección: sentía que no podía ponerse a trabajar si antes no limpiaba su máquina de escribir. Para ello, tenía un pincelito especial para repasar los tipos y evitar que se empastaran. Su obstinación, a menudo, surtía efectos no deseados: como utilizaba querosene, los mecanismos muchas veces terminaban por ensuciarse y, al final de la tarea, no se podían usar. "Cuando me quería acordar, habían pasado tres horas y no había escrito nada. Creo que estas costumbres pertenecen más a la zona de la demencia que a la zona ritual", dice Castillo, un poco en broma, a adncultura .

¿Cómo escriben los escritores? ¿Cuántas horas diarias trabajan? ¿En qué momento del día? ¿Qué estrategias prefieren para crear tramas y personajes? ¿Qué tipo de letra usan? Las respuestas a estas preguntas suelen estar confinadas al ámbito de las entrevistas y de las leyendas, antes que al de los estudios literarios. Sin embargo, aportan datos valiosos a la hora de trazar el perfil de un autor y abordar su obra.

Dashiell Hammett, quien en su caótica etapa de Hollywood se había instalado en una suite del Beverly-Wilshire y recibía a sus pocas visitas vestido con una costosa bata con sus iniciales, solía decir que un hombre puede hacer con su vida lo que quiera, pero que la escritura tiene ciertos principios que deben respetarse. Puede discutirse si la vida de Hammett acabó con su escritura o si la escritura acabó con su vida. Lo único cierto, en todo caso, es que los escritores son animales de costumbres y que la mayoría de ellos tiene una debilidad por los rituales y la disciplina.

Hemingway, que en París era una fiesta dejó muchos consejos sobre el arte de escribir, dijo que se requiere disciplina para trabajar todas las mañanas y también para dejar de pensar en la obra al levantarse del escritorio, de modo que ésta se siga escribiendo sola en alguna parte de la mente. También recomendaba dejar de escribir cuando la historia fluía, de modo de poder retomarla sin inconvenientes a la mañana siguiente.

El escritor, fatalmente, se hace. Y en esa tarea, los ritos y los métodos ayudan. Así pensaba Faulkner, quien además tenía una áspera receta para cualquier aspirante a narrador. Según el autor de Luz de agosto, se requería un 99% de talento, 99% de disciplina y 99% de trabajo para lograrlo.

Claro que ese talento y esa disciplina, muchas veces, pueden parecerse al caos. Un buen ejemplo de ello es la anécdota de Antonio Dal Masetto durante el proceso de escritura de su novela Siempre es difícil volver a casa. Para producir esa obra, el escritor se propuso recopilar diálogos, apuntes de personajes y descripciones en servilletas de bares y papelitos sueltos, que fue acumulando en numerosas cajas de zapatos. Para imponerse un orden, dividió las cajas en tres grandes grupos: inicio, nudo y desenlace. Siguió así hasta que, en un momento dado, le puso punto final a esa tarea, se sentó frente a la máquina, vació las cajas y a partir del material acumulado redactó una página, un capítulo y, finalmente, el libro entero. "Es un método que no se lo recomiendo a nadie", bromeó después Dal Masetto en una entrevista.

Otro estadounidense que ha revelado algunas de sus costumbres más extrañas es Gay Talese. El autor de "Frank Sinatra está resfriado" confesó que su día de escritura no comienza en su escritorio, sino en el vestidor del cuarto piso de su casa. Allí, cada mañana se viste como si fuera un ejecutivo de Wall Street, con camisa y corbata. Cuando está listo, baja cinco plantas hasta su búnker, una antigua bodega sin puertas ni ventanas, en el sótano de su casa. Una vez allí, se quita el traje y se pone un pantalón común y un suéter. Trabaja sin descanso hasta tener una página nueva sobre su escritorio. Una vez que ha consumado esa tarea, vuelve a vestirse como si fuese un banquero y sube a su casa para almorzar.

Detrás de escena, lejos de las interpretaciones académicas, algunos de los más destacados escritores argentinos le contaron a adncultura cómo enfrentan su trabajo, y cómo sus hábitos y sus rituales forman parte, también, de su estética. Hablaron de sus temores y de los fantasmas que los visitan con mayor frecuencia: el terror a la página en negro (la página llena de escritura inútil), el bloqueo de la creatividad, la soledad que rodea al oficio del escritor y el necesario equilibrio, siempre sordamente amenazado, entre la creación genuina y la escritura "por dinero".
Por Ezequiel Vinacour

2010/04/01

La fórmula del best seller



Para unos, apetecible material de lectura. Para otros, opio intelectual.
Ensalzados por el público, denostados por la crítica, los best sellers son una construcción ambivalente. ¿Elitismo literario y prejuicio contra lo popular? ¿Adicción al entretenimiento fácil, conversión de lo cultural en pura mercancía? ¿Qué valor literario tiene un best seller?
La categoría de mejor vendido.
La expresión "best seller" comenzó a usarse en las primeras décadas del siglo XX para referirse a aquellos títulos que conseguían un altísimo número de ventas en poco tiempo y que, por entonces, comenzaron a aparecer listados en las páginas de los periódicos culturales como orientación a los lectores de qué libros eran los que estaban siendo más buscados y leídos.

Prejuicios
Es que, efectivamente, para algunos lectores, el solo hecho de que un libro sea muy vendido constituye una garantía. Para otros, ocurre lo contrario: si un libro es masivo se vuelve sospechoso de baja calidad. Es que lo comercial tiene mala fama. Y lo popular, muchas veces, también.

¿Hay fórmulas?
Una característica que puede achacarse a la literatura best seller es su gran cantidad de tópicos y estereotipos: tramas que no dejan respiro ni momentos para la reflexión -las acciones se suceden y quedan abiertas de modo tal que se desea pasar las páginas lo antes posible para resolver los enigmas-; personajes cliché pero rasgos distintivos que los hagan especiales, atractivos y algo exóticos; conspiraciones del poder político, científico o religioso, con una correcta ambientación y el contexto informativo necesario para seguir el argumento y sentir que uno mientras tanto "aprende"... entre otros ingredientes.

Hay un blog que lleva a la práctica esta idea con mucha comicidad: con solo poner nombre y ciudad, el sitio devuelve el argumento de una historia que bien podría aparecer en la contratapa de un más vendido.
Lo cierto es que gran parte de los best sellers son muy previsibles (aunque no por eso menos atrapantes) y en consecuencia muchas veces se sospecha que detrás de las rimbombantes figuras autorales están los escritores fantasmas, que escriben por encargo según lineamientos bastante trillados.

Matices
Sin embargo, no todo es tan blanco o negro. Dentro de los muy vendidos hay también cierta variedad y diferencia. Entre Wilbur Smith, Sidney Sheldon y Paulo Coelho, y García Márquez (que a partir de Cien años de soledad vendió cada nuevo título en grandes cantidades), Salinger o Francis Scott Fitzgerald hay alguna distancia. Principalmente, en lo referido a que el segundo grupo de autores introdujo alguna novedad en la forma de hacer literatura: sea por el espacio inventado, sea por dirigirse a un nuevo segmento del público, sea por usar el lenguaje de forma inédita. Que García Márquez, Puig, Vargas Llosa sean también best sellers (y también long sellers, como se conoce a los títulos de venta duradera y sostenida) demuestra que el gusto popular puede apreciar la calidad o la novedad.
Las preguntas
Entonces, los best sellers, ¿son necesariamente mala literatura o -para no ser tan radicales- literatura que no nutre el pensamiento o que nos adormece intelectualmente con un entretenimiento fácil?

Tal vez esto tenga que ver con otra pregunta más básica: qué creemos que debe ser la literatura. ¿Tiene por función entretenernos o hacernos pensar? ¿Para qué lee usted: para pasar un rato de ocio o para desarrollar nuevas ideas, para aumentar su capacidad de reflexión? ¿Qué espera usted de la literatura? El debate, en el blog.
"Un buen escritor expresa grandes cosas con pequeñas palabras; a la inversa del mal escritor, que dice cosas insignificantes con palabras grandiosas." Ernesto Sábato (nacido en 1911), escritor argentino
Red.

2010/01/30

Soledad Puértolas ingresará en la Academia de la Lengua


A punto de publicar un nuevo libro de relatos, Soledad Puértolas (Zaragoza, 1947) resultó ayer elegida miembro de la Real Academia Española (RAE), con lo que ya son cinco las mujeres que ocupan un sillón de la institución que vigila la salud del español. «No creo en las cuotas», declaró a la agencia Efe poco después de hacerse público el resultado de la elección para la que era la única candidata.
Fue elegida por mayoría simple en la tercera votación y ocupará el sillón g que dejó vacante el científico Antonio Colino, fallecido en marzo del 2008. La candidatura de Puértolas fue presentada por los académicos Carmen Iglesias, José Antonio Pascual y Luis Mateo Díez, quien la calificó la víspera de «excelente escritora». Su nombre se sumará a los de Carmen Iglesias, Ana María Matute, Margarita Salas e Inés Fernández-Ordóñez.
Considerada una de las voces más destacadas de la actual narrativa española, la escritora ha cultivado especialmente la novela y el relato, y en menor medida el ensayo. Tiene publicados una treintena de libros y ha sido reconocida con distintos galardones. Logró el Premio Sésamo en 1979 por El bandido doblemente armado, obra con la que se dio a conocer. Ha publicado también Una enfermedad moral, Todos mienten, Queda la noche (Premio Planeta 1989), Días del arenal y La vida oculta, premio Anagrama de ensayo en 1993. En el año 2003 recibió el Premio de las Letras Aragonesas.
APORTACIÓN
«Personalmente es un honor y una satisfacción», afirmó la autora tras conocer la elección. Aunque aseguró que su aportación a los trabajos de la academia «no serán los conocimientos eruditos de un filólogo o un lingüista», esta mujer rubia y reservada sabe que el mundo imaginario de los creadores contribuye a la evolución de una lengua.
«Lo mío será mucho más personal y subjetivo, como lo es la creación literaria; y algo más intuitivo, quizá más arriesgado», declaró. Y advirtió: «Los creadores siempre nos salimos un poco de la norma. Por su propia esencia, buscamos y exploramos caminos nuevos». En todo caso, considera que si la RAE quiere contar entre sus miembros con novelistas y poetas es porque «tiene en cuenta el riesgo que implica la aventura de la creación».Puértolas descubrió de niña la magia de los cuentos. «Vivo en la literatura, un mundo muy cercano al de los sueños y los recuerdos», afirmó esta escritora que se inspira en lo cotidiano para concebir sus historias. «Las preguntas que se hacen mis personajes son las que nos hacemos todos en la vida».

2010/01/23

Borges fue durante décadas ignorado

Borges fue durante décadas ignorado y denostado por la izquierda. Era un hombre que se jactaba de ser conservador y de apoyar sistemas autoritarios de derecha. Pero con el tiempo, la literatura venció el prejuicio político y hasta dentro de ese grupo crítico se volvió incuestionable. Hay un paralelismo obvio con Juan Gelman, que fue ignorado por los conservadores y por la derecha liberal durante años. Era un hombre comprometido con la izquierda y tuvo un cargo relevante en la cúpula de la organización Montoneros. Sin embargo, con el tiempo, su poesía logró también vencer el prejuicio y quienes no lo leían comenzaron a hacerlo. Ese proceso tuvo una cumbre simbólica cuando ganó el premio Cervantes. Fue entonces cuando Gelman, al igual que antes Borges, se volvió incuestionable en la Argentina y en el mundo. Se trata, hay que decirlo, de uno de los mayores poetas vivos de habla hispana.

Nació en Villa Crespo y cuenta la leyenda que comenzó a escribir poemas a los ocho años. Luego fue alumno del Colegio Nacional de Buenos Aires y militó en la Federación Juvenil Comunista. Eso derivó de alguna manera en el grupo "El pan duro", que en 1955 pugnaba por una poesía "comprometida y popular". Su primer libro se llamó Violín y otras cuestiones . La revolución cubana le produjo una crisis ideológica: el PC argentino no estaba de acuerdo con la lucha armada y aborrecía secretamente al Che Guevara. Gelman simpatizaba con la lucha armada y eso lo hizo virar hacia el peronismo de izquierda.
Fue un periodista importante. Trabajó en Panorama , La Opinión , Crisis y Noticias , el diario de Montoneros. Cuando llegó la dictadura militar, se fue camino al exilio con la misión de denunciar las violaciones de derechos humanos. Abandonó Montoneros en 1979, repudiando el militarismo de la organización. El lobby internacional de Onetti, Vargas Llosa, García Márquez, Octavio Paz y Roa Bastos, durante los primeros años del alfonsinismo, logró que le levantaran la orden de captura y que pudiera regresar a la Argentina. Lo indultó Menem en 1989. Su hijo había desaparecido y el cadáver fue descubierto muchísimo después: lo habían matado de un tiro en la nuca. Y Gelman apareció en todos los diarios del mundo por la desgarradora búsqueda que encaró para recuperar a su nieta apropiada, a quien finalmente encontró en Uruguay.
Escribió, mientras tanto, poemarios fundamentales como Gotán , Si dulcemente , Citas y comentarios , Interrupciones , Valer la pena , País que fue será, Mundar y el reciente De atrásalante en su porfía , entre muchos otros. Rodolfo Braceli lo entrevista para esta edición de adn cultura. Termino con su breve poema "Mi Buenos Aires querido": "Sentado al borde de una silla desfondada,/ mareado, enfermo, casi vivo,/ escribo versos previamente llorados/ por la ciudad donde nací./ Hay que atraparlos, también aquí/ nacieron hijos dulces míos/ que entre tanto castigo te endulzan bellamente./ Hay que aprender a resistir./ Ni a irse ni a quedarse,/ a resistir,/ aunque es seguro/ que habrá más penas y olvido".
De: Jorge Fernández Díaz

Juan Gelman, premio Cervantes, es considerado uno de los más importantes poetas en lengua española.


-En tu casa libros no faltaban.
-Siempre había libros. Boris era un lector voraz, yo le saqueaba la biblioteca; se hacía el que no se daba cuenta él. Tuvimos una relación muy buena. Me enseñó a jugar al ajedrez, me recitaba poemas de Pushkin en ruso... Todavía me acuerdo de algún verso aunque sigo sin saber qué significa.

-Si recordás, es que algo rescatabas.
-Sí, la música y el ritmo. Yo creo que eso influyó en mi relación con la poesía, que el que me despertó algo fue mi hermano. Me recitaba esos poemas a los 5 o 6 años míos, y yo no entendía un pito. Alguna vez me tradujo qué era, pero nunca los retuve, lo que me encantaba era el ritmo y el sonido del ruso. Yo lo acosaba, le pedía que me los volviera a decir. Y eso me creaba una sensación como de estar en otra parte, en el sentido de sentir algo no habitual.

-¿Te recordás aprendiendo a leer?
-Me enseñó Teodora, mi hermana, que falleció cerca de Jerusalén. El tema de la dispersión de la familia es una constante, porque mi hermano falleció en Brasil y tengo cuatro nietos en cuatro países.
-No te queda otra que ser ciudadano del mundo.
-Vos sabés que eso no existe, porque, mirá, yo no creo que exista tampoco el amor a la humanidad.

-¿Y aquello del amor universal?
-Uno no puede querer a la humanidad entera, no existe el amor universal; no puedo querer a los militares que mataron a mi hijo. Entonces mi amor es bastante selectivo.
-Volvamos sobre Juan aprendiendo a leer.
-Mi hermana dijo públicamente que yo aprendí a los 3 años; lo dudo. Esa cosa de embellecer, ¿no? Aprendí antes de ir a la escuela, eso sí.

-¿Cuál fue el libro que primero te sacudió?
-Mirá, leía las cosas escolares, pero a los 8 o 9 años empecé con los clásicos españoles, no Quevedo sino los poetas del siglo XIX. El primer libro que me produjo una emoción muy grande fue Humillados y ofendidos, de Dostoievski, que tenía mi hermano... Él tenía una habitación arriba, con una escalera de hierro. Un domingo se fue y subí y le saqué ese libro. Me senté en la escalera y me lo leí de arriba a abajo. Después estuve en cama dos días con fiebre. Tenía 14 años. Y no era que estuviera resfriado ni nada por el estilo. Eso fue una conmoción tremenda. Seguramente tuve lecturas superiores, pero ésa fue la que... no sé, me impresionó de un modo muy particular.

-¿En qué momento te das cuenta de tu vínculo con la poesía?
-Vos sabés que eso no es fácil, ¿no? En el Colegio Nacional de Buenos Aires conocí al que después se convirtió en una especie de hermano, Marcelo Ravoni, un poeta italiano que ya falleció. Nos mostrábamos las cosas, pero, bueno, uno entonces no pensaba que iba a ser poeta ni nada por el estilo.

-¿Y a la hora de la vocación?
-En la universidad elegí doctorado en Química. Abandoné el primer año, intenté al siguiente y volví a abandonar. Me puse a trabajar en distintas cosas para ganarme la vida. Seguía viviendo en casa de mis padres, pero, claro, ya tenía 19 años...

-Se te cruzó algo...
-Sí, ahora recuerdo que a los 15 años tuve un sueño maravilloso, ¡eso sí que fue extraordinario! Mis hermanos se habían casado, yo había heredado la pieza de arriba con algunos libros, pero ya tenía los míos... De ese sueño todavía me acuerdo, ¡pero mirá vos!

-¿Cuál era ese sueño?
-Entonces yo soñé, día tras día y no me acuerdo por cuánto tiempo, que yo era un paje en una corte y que me enamoraba de no sé quién, y le escribía un poema extraordinario. Yo me dormía con un papel en blanco y un lápiz al lado de la cama porque, me decía, cuando lo escuche me despierto y lo escribo. Bueno, nunca ocurrió.

-Te querías afanar el poema.
-Me quería afanar el poema del sueño, sí... pero nunca me desperté. Otro sueño estoy recordando... ya tenía más de 30, soñaba con que me tocaba de nuevo el servicio militar. ¡Y eso era una pesadilla! Bue, menos mal que pasó. Y que ya no hay servicio militar.

-¿Vos lo hiciste completo o eras "apto relativo"?
-Sí, sí, claro: trece meses en un regimiento de caballería. Ahí se produjo el golpe de Menéndez, contra Perón. Y lo que pasó alrededor del golpe, la vida ahí en el regimiento, todo eso vuelve a cachos, porque es una larga interrupción. Fue muy largo eso.

-Aparte del emprendimiento familiar, ¿por dónde se te dio?
-Mirá, cuando tenía 19, trabajé para una revista de las aseguradoras. Iba adonde pasaba algo, a ver si tenían seguro o no. En general tenían. Pero una vez me tocó ir al puerto porque se había incendiado una lancha que era de dos hermanos; llego y estaban de lo más alicaídos. Ahí les digo: "Ustedes tenían seguro, ¿no?" "Se venció ayer", me dicen. Volví con esa historia, agobiado, y el director se restregó las manos y "¡Fantástico, escribila ya!". La escribí y me fui. Terrible.
-Más que amarillo, periodismo sádico.
-Sí, crónicas sádicas... Voy a pedir otro café... (Hace una seña, "Cortado con espuma de leche, por favor. Y agua".) Bueno, después trabajé de camionero.

-¿Tenés auto?
-No.
-Nunca te imaginé manejando, y menos camionero.
-Y dentro de la ciudad no es fácil, eh. Trabajé en una fábrica de muebles también y después en una casa de repuestos de automóviles, hasta que entré en el periodismo. Al mismo tiempo publicaba mi primer libro. Yo tenía 26... Cuando se lo llevé a mi mamá, me dijo: "¡De esto nunca vas a poder vivir!". Y tuvo razón, pero lo recibió con una ancha sonrisa.

-¿Cuándo te das cuenta de que lo tuyo es la poesía?
-Con este amigo Marcelo, a los 17, merodeaba por revistas literarias. Había un grupo de poetas que andaban por los 23, incluso habían publicado; se reunían en un café, les presentábamos poemas ¡y siempre desaprobaban los míos! Entonces un día dije esto no puede ser, tan malo no soy. Escribí uno y se lo atribuí a un poeta hebreo del siglo XII. Llegué al café y les dije "Miiiren, traje este poema; no sé si lo quieren leer..." "Sí, sí, cómo no." Se deshicieron en elogios. Ahí me di cuenta de varias cosas y de la más importante: lo único que vale es la escritura. Nada más. Me di cuenta de la vanidad que rodea a toda esta historia.

-Hablando de la utilidad de la poesía se dice que sirve para "levantar mujeres". ¿Vos le diste ese uso alguna vez?
-Cuando tenía 9 años. Quería enganchar a una vecinita de 11 y yo le mandaba poemas de Almafuerte como si fueran míos.

-¿Y?
-No pasaba nada, entonces dije bueno voy a escribir yo.
-¿Y?
-Nada, pero yo seguí. Me consta que hay gente que ha usado mi poesía. Yo escribí un poema que se llama "Ofelia" y que empieza diciendo "Esta Ofelia no es la prisionera de su propia voluntad...". Un día me invita un cubano, en México, a una fiesta, y voy con mi mujer. Se acercan dos mujeres a saludarla y me dice una: "Le quiero presentar a mi esposo, porque después va a contarle algo". Y viene el tipo y me cuenta: que él primero había conocido a la amiga de su mujer, la que estaba ahí con ella, y le había enchufado el poema con su nombre, suponete, Patricia: "Esta Patricia no es la prisionera...". La cosa no caminó. Después conoció a la que fue su mujer, no sabía que eran amigas, y le enchufa el poema: "Esta Carolina no es la prisionera...". Ja, otra que me pasó fue una vez que justo salió un libro de Benedetti y uno mío, entonces nos hicieron una entrevista radial, pero en un café. Nos piden que cada uno lea un poema. Él leyó el suyo; yo, el mío, de amor. Termina la entrevista. Se me acerca una chica y me dice: "¿Ese poema es suyo?". Digo sí. "¡Hijo de puta!" "Mire, disculpe, el poema no será muy bueno pero yo soy un hombre decente." "No -me dice-, hijo de puta el novio que tuve, que me lo mandó como que era de él."

-A veces uno no puede usar ni su propio poema.
-Pero a mí eso me alegra, porque ¿quién dice que la poesía no sirve, que la poesía es inútil? Además, en el siglo II un filósofo chino, no me acuerdo el nombre, decía que todo el mundo habla de la utilidad de lo útil, pero nadie repara en la utilidad de lo inútil.
-Volvamos al eterno "para qué sirve la poesía".

-Ésa es una pregunta que se hizo, sobre todo, Hölderlin: ¿para qué poetas en estos tiempos mezquinos y miserables?
-Justamente.
-Sí, justamente.
-La abundancia de poetas abonará la teoría de las compensaciones.
-Mirá, los poemas son botellas al mar que por ahí llegan a la playa de un alma.
-Un alma, nada menos.
(Viene el café. Es el momento de mostrarle a Gelman aquellas dos fotos. "Te las traigo sin ánimo de andar nostalgiando." Las mira y cabecea: "¿Pero esto es pa´ reprocharme la vejez?". Las fotos tienen pulso. Mediados de los años 60: la escena sucede en Mendoza, al oeste del paraíso. Alberto Patiño Correa (galerista, casado con Pampa Mercado, cuñado de Tununa) invita a Mendoza a Juan Gelman, Paco Urondo, Tata Cedrón y dos músicos más. Para presentar Madrugada, un disco con poemas de Gelman y tangos de Cedrón. En aquel encuentro apunté para una crónica palabras de Urondo: "Nos guste o nos reviente, no hay poesía regular o pasable; ser buenos muchachos no alcanza, no sirve para esto".

Pero volvamos a las fotos: fue el día anterior al recital, vivimos horas de ésas que la memoria no suelta. Gelman recuerda enseguida: "Chivito. Comimos un chivito en la montaña". Habíamos ido en dos autos, camino adentro de la precordillera. En Puesto Lima almorzamos y bebimos luminoso vino oscuro, sin miramientos. De vuelta, desandando la montaña, nos encontramos con unas nubes tan gordas que reventaban; muy bajas, lamían el camino pedregoso. Alguien dijo: "¡Paremos un rato!" El auto hizo caso. Enseguida Cedrón y los otros dos músicos, guitarra, violín y bandoneón, se pusieron a tocar. Parece soñado, parece mentira, pero las fotos atraparon aquel pestañeo de eternidad: ahí está Gelman bailando a la intemperie con Zulema Katz (entonces compañera de Urondo). Ahí estamos, en racimo. Al decir de Patiño Correa, "entonces bailábamos valses y estábamos todos..." Cosas que pasan cuando colisionan música, poesía y vino. Sumado a corazones en estado de vida. No imaginábamos lo que nos esperaba a la vuelta de la década. Soñábamos a raja cincha, sin tiempo para presagios.)
-Ahí estás, Juan, bailando el valsecito en la montaña... Te emocionaste.
-Que no se enteren en el barrio.
-Mirá, quiero preguntarte algo pero no sé cómo... Tu hijo y tu nuera y tu nieta desaparecidos...
¿Cómo se hace para soportar tanto dolor, cómo el corazón no estalla en pedazos?
-Hay gente que no lo aguantó, por supuesto; yo creo que eso se resuelve de una manera muy individual. En mi caso yo ya me había convertido en exiliado y pedía a las fuerzas políticas de Europa Occidental solidaridad con el pueblo argentino. Primero fue contra Isabel Perón, cuando empezó el pregolpe. Porque la verdad es que el golpe tuvo dos etapas: una fue la Triple A y después vino la directamente militar. Una de las cosas que me sostuvo fue la poesía, pero no el hecho de escribirla sino el hecho de leerla.

-¿Cuáles fueron esas lecturas?
-San Juan de la Cruz, santa Teresa de Jesús, la Cábala, los profetas, los Rollos del Mar Muerto, en fin, todas esas cuestiones que tienen que ver con el misticismo. Encontré una especie de coincidencia con lo que yo mismo sentía que era, o es, lo que llamé la presencia ausente de lo amado. Para ellos, Dios; para mí, el país, el hijo, los amigos y compañeros desaparecidos. Eso me ayudó mucho. También el Quijote me ayudó, en la medida que podés leer pasajes que te hacen morir de risa... Un consuelo. Además tiene una característica muy importante: Cervantes no sólo inventa palabras sino que también aconseja inventarlas. Esto es interesante porque hace unos años había varios poetas, españoles sobre todo, que decían que no había que lastimar el lenguaje; y es al revés... Porque desde que la gente empezó a hablar lo lastima cada día. Eso es así. Entre comillas lo lastima.
-Porque lo lastiman vive.
-Claro, si no, está muerto. Aunque yo ya venía inventando palabras por necesidad expresiva. Aparte de las lecturas, me ayudaron en esos tiempos amigos, amores, desamores y todo eso.
-En la búsqueda de tu nieta no estuviste solo.

-Quien hizo realmente la investigación para encontrarla fue Mara La Madrid, mi segunda mujer, que no es la madre de mis hijos. Ella, como ciudadana, se interesó mucho y con rigor; archivos, documentos, todas las noches nos reuníamos, desechábamos información, incorporábamos otra, porque cada vez que yo venía a la Argentina no faltaban personas que me venían a ver con fotos y me decían: "Mire, qué parecida a su nuera", o "qué parecido a su hijo". No sabíamos si era niña o niño. Entonces una noche con mi mujer decidimos que no era ésa la forma de buscar, que lo que teníamos que buscar era el destino de mi nuera, María Claudia García Iruretagoyena. Por ese camino sí pudimos dar con ella, después de más de tres años de investigación y de una campaña internacional que yo hice con la ayuda de un poeta alemán y uno colombiano.

-¿El desenlace cómo fue?
-Ubicamos a mi posible nieta. Yo le pedí a un obispo uruguayo que intermediara con la supuesta madre de la chica, el supuesto padre ya había fallecido. En realidad era la única madre que había conocido en su vida. Porque a los dos meses de nacer la separaron de María Claudia, a quien raptaron en Uruguay. A Macarena la pusieron en una canastita y la dejaron en el umbral de la casa de esta familia; él era jefe de policía en un departamento de Uruguay y muy amigo del presidente Sanguinetti. Le di todos los datos al obispo; le digo: "Mire, nosotros tenemos noventa y tanto por ciento de seguridad de que esta persona es mi nieta, vive en tal lado con la señora que la crió y lo que le ruego es que usted hable con ella". Porque la habían anotado como propia, sabés, y a una edad en la que en aquel entonces no era posible que ese matrimonio pudiera concebir un hijo. Bueno, el obispo habló. Mientras tanto, la campaña internacional estaba a pleno. Ahí Sanguinetti cometió una serie de faltas imperdonables. Por ejemplo, Günter Grass escribió una carta y él prácticamente lo calificó de idiota útil y de ignorante. Eso provocó más indignación todavía. La carta por mi nieta fue firmada por más de cien mil personas de cien países, doce premios Nobel, escritores, gente de a pie... A mí siempre me pareció una cosa extraordinaria, porque ¿cómo hacés después de veintitrés años para recuperar a alguien cuya madre fue secuestrada, su padre secuestrado y asesinado y ella... vaya a saber en manos de quién?

-¿Qué resultados obtuvo la gestión del obispo?
-Unos quince días después de que él hablara con esta señora, ella le dijo a Macarena que no era la madre y que probablemente fuera mi nieta. Macarena quiso saber. Vos sabés que hay hijos de desaparecidos que no quieren saber; yo no los critico, no quieren saber y punto. Mi nieta quiso. El obispo sirvió de nexo hasta que mi mujer y yo fuimos a Montevideo. Concertó una reunión y apareció mi nieta en la habitación. Fue una impresión muy fuerte. Ella decía que no tenía abuelo. Después me contó que al entrar me vio y dijo: "Sí, éste es mi abuelo"... Mi mujer la encontró parecida a mi hijo y yo la encontré parecida a mi nuera. En realidad se parece a mi hijo.

-Ahí empieza la relación entre abuelo y nieta.
-Relación que no fue fácil, por supuesto, muchos años de vacío y además, ella vive en Uruguay y yo en México. Pero cuando podemos, nos vemos y entonces la nuestra es una relación afectuosa, cordial, ella no tenía la menor idea de quién era yo, y ahora leyó casi todo lo que escribí... Espero que lo que escribí no la enoje conmigo. Se trata de construir una relación que no es la normal... Yo sé que la búsqueda fue como un deber que yo tenía con mi hijo, la única herencia.

-En esta porción de mapa se desnucaron todos los colmos, se violó la vida y se violó la muerte, hasta se robaron criaturas. La pregunta nos cae sobre la mollera: ¿el promedio de nuestra sociedad aprendió algo?
-Decímelo vos. Yo no estoy seguro. Creo que buena parte de la sociedad se enteró de los horrores de la represión desatada por la Junta Militar. De ahí a desear firmemente que no vuelva algo parecido... Creo que hay diferentes terrenos donde puede haber un aprendizaje. Parece que hay sectores que no tienen el menor deseo de aprender. De un lado y de otro, eh. A lo mejor tiene que pasar más tiempo. No tengo idea. No tengo idea. Pero también depende de los casos individuales; vos podés hacer una apreciación general como la que acabo de hacer, pero tampoco ese patrón se aplica a todo el mundo... Yo creo que además de indiferencia activa, hubo apoyo activo. En la Argentina nunca un golpe militar tuvo éxito sin apoyo civil. En ese sentido, pareciera que la historia argentina está congelada. En ese sentido.

-Según pasan los años, ¿tus obsesiones se han ido modificando?
-Mirá, no se han modificado. Yo creo que todos los artistas pueden cambiar la expresión de sus obsesiones, pero por lo menos en mi caso, las obsesiones no cambian. Siempre tengo la imagen de sor Juana Inés de la Cruz de la espiral como definición de la belleza. Es decir, como si desde el punto donde esa espiral se inicia, también una obsesión se inicia en ese punto y da lugar a la espiral. Después, como si se mirara desde sus distintos puntos, cada vez más alto, cada vez más lejos, a la derecha, a la izquierda y todo lo demás... Mis obsesiones siguen siendo la niñez, el otoño, la muerte, el amor, la justicia social, la revolución. Pero además los hechos hacen que la calidad de la obsesión, su intensidad, se modifique; una cosa era cuando yo creía que estaba haciendo la revolución y otra cosa es lo que veo que pasó y está pasando. Entonces, en mi libro más reciente hay un poema que dice: "la revolución se paró en algún lado".

-¿Se paró o se bajó del mundo?
-Yo no he dicho eso, he dicho que se paró en algún lado... Yo ya sé que yo no la voy a vivir ni la voy a hacer.
-Pero sentís que alguna vez va a suceder.
-Después de tantos fracasos y errores, lo único que puedo decir es que es imposible mutilar en los seres humanos la capacidad de sueños, el deseo de cambio... Hay épocas muy grises, como la actual, que vivimos desde hace años y que viviremos unos años más todavía. Pero la historia enseña que al final algo cambia. Yo creo que en cada caso se cambia de una manera diferente y eso no lo puedo predecir. A pesar de todo el esfuerzo que este mundo globalizado, entre comillas, hace para manufacturar nuestra subjetividad a nivel mundial, para amansarnos, para convertirnos en tierra fértil para los autoritarismos... a pesar de todo yo creo que hay momentos en los que la gente dice basta. La historia muestra eso. ¿Cuándo, cómo, dónde va a ocurrir? No lo sé.
-Eso que llamamos condición humana, ¿ha avanzado al menos un centímetro? Hay hasta genocidios preventivos...
-Yo también digo ¿cómo es posible? Eso no creo que haya cambiado mucho, han cambiado sistemas sociales, pero no sé, no sé... He leído a Freud que habla del instinto de muerte y una cantidad de cosas como componente de la subjetividad humana. No lo veo ese cambio. Desde el comienzo de la historia que conocemos, esto viene ocurriendo. Si es posible que deje de ocurrir, no lo sé.

-En lo personal, la muerte te ha pegado más que de cerca. ¿Qué sentís por ella: furia, asco?
-Asco no, porque es un proceso natural. En De atrásalante en su porfía, yo me enojo con la muerte, pero son momentos... Uno se rebela porque muere la madre, el padre, el hermano, un amigo. Uno siente dolor pero también siente odio. Es inevitable eso. Que uno no se acostumbre es un asunto, pero enojarse por eso es otro asunto.

-¿La suposición del después de la muerte te sirve de algún consuelo?
-Bueno, yo no creo en la otra vida.
-¿Y si la hubiese?
-Bienvenida, no me voy a negar.
-Con Dios, ¿cómo te llevás?
-Hay una creencia que respeto, de mucha gente. Pero yo no creo en Dios, creo que es la creación de los hombres y no al revés... Soy ateo.

-Ateo, ¿nunca agnóstico?
-No, ateo. Lo que no quita que los místicos que te mencioné o toda esa indagación, empezando por la Biblia, siempre me ha interesado. Es un tema serio, más allá de la creencia o no creencia.
-Te propongo ahora jugar un rato.
-Pero no a eso de responder con una palabra.
-No tengás miedo. Vamos a imaginar visitas. Por ejemplo, han entrado César Vallejo y Juanele Ortiz. Se sientan en esas sillas.

-¿Acá, al lado?
-Sí, ya están en esta mesa. Aprovechá para preguntarles.
-A Juanele lo conocí. A Vallejo, no. Yo le preguntaría varias cosas a él. Por ejemplo, cómo empezó a escribir, qué piensa de la poesía actual... una conversación de colegas. No porque yo me considere tan grande ni mucho menos sino porque qué gran poeta fue, es, y yo creo que se puede seguir aprendiendo mucho de él. En cuanto a Juanele, cada tanto me iba a Paraná para verlo. Era un hombre excepcional. Estaba al tanto de todo lo que pasaba en el mundo, dormía cuatro horas, escuchaba la radio... y al mismo tiempo es el poeta que es. Una vez estaba escribiendo un poema sobre el río Gualeguaychú y me dice: "Estoy con un problema". ¿Por qué? "Y bueno, porque hablo de mariposas... Mariposa es una cosa y mainumbí, en guaraní, es otra. Mainumbí, Juan, vuela mucho mejor." Ahí Juanele estaba planteando un tema muy importante, el de la música, el sonido y todo lo demás.

-¿A Oliverio Girondo lo conociste?
-A Oliverio no.
-También él anda por aquí.
-¡Ah, no!... Creo que lo invitaría a al hipódromo, jaaa... Simplemente para ir, tomar unas copas, hablar de lo que venga. Es otro absolutamente extraordinario.
-En los años 70 se solía elegir entre Neruda y Vallejo. Vos ibas por Vallejo.
-Mirá, yo creo que Neruda es, evidentemente, un gran poeta. Pero hay poesía más afín a uno o menos afín. Hay grandes poetas que yo leo y no me tocan nada; no es culpa de ellos, es culpa mía. No hay que hablar de culpas en esto. Es una cuestión de afinidad espiritual, experiencia y todo eso.
-Ya Adán y Eva, parece, discutían qué es poesía. Para algunos, la palabra menos pensada. Para otros, la más pensada.

-Yo te hablo de mí: la escritura de un poema empieza por el primer verso, y hay que poder encontrarlo. Y después ya sigue sigue, sigue, sigue y cuando estás en un poema no es lo mismo que cuando lo terminaste o lo dejaste y lo ves desde otro lugar.

-¿Te das cuenta cuando te sucede el poema?
-Cuando estás en el poema, no sabés bien qué estás diciendo... simplemente me doy cuenta de que lo escribo, pero no de lo que escribo. Y después, cuando uno lo lee, dice bueno, esto está más o menos, esto suena mal, o este poema no se logró y va a la basura.

-¿El trabajo de corrección sobre el texto puede llegar a ser otra etapa de la inspiración?
-En mí no. Corrijo poco; es decir, tiro aquello que me parece que no salió. El poema está o no está. Y después soy consciente de que tiene imperfecciones pero no me pongo a componerlo.
-Entrarías así en la fabricación del poema.
-Claro, pero, te hablo de mí, hay otros poetas que no, y no es que sean malos poetas, todo lo contrario, son muy buenos y es probable que si yo me dedicara a corregir, mis cosas saldrían mejor. Pero a mí lo que me interesa es el acto de la poesía, y siento que lo traiciono si me pongo a corregir mucho... Como el que escribe es otro, cuando yo corrijo siento que estoy corrigiendo a otro. Y eso no se hace.

-Hay escritores para los que el acto de la escritura resulta tortuoso. Simenon, que tanto escribió, declaró que "escribir no es una profesión, sino una vocación de infelicidad". Otros hay que confiesan gozar como un animal que encuentra su ojal cuando está en celo.
-El mejor momento del poema es para mí su escritura. La infelicidad llega después, cuando lo leo.
-Faulkner decía que era novelista, pero como poeta fracasado. ¿Te acordás de Víctor Hugo Cúneo, el poeta? Tenía un quiosquito de libros al que lo prendieron fuego y después, para redondear, se prendió fuego él, en una plaza de Mendoza. Aquel Cúneo chuceaba a Di Benedetto diciéndole poeta fracasado, y a Tejada Gómez, diciéndole novelista fracasado.
¿Vos alguna vez intentaste una novela?
-Lo intenté una vez.
-¿Y?
-Y llegué a la página 30. Cómo cansa.
-A propósito de Faulkner, escribió: "Porque si en Norteamérica hemos llegado en nuestra cultura desesperada al punto en que debemos asesinar niños, no importa por qué razón o de qué color, no merecemos sobrevivir, y probablemente no sobrevivamos". Esta sociedad, la Argentina, siguiendo este razonamiento, ¿merece sobrevivir?

-Sobrevive, en todo caso. La altisonante afirmación de Faulkner tiene una ligera falla: usa la primera persona del plural y se incluye entre los asesinos. ¿Acaso fue así?
-Graham Greene insistía en que la naturaleza humana no es blanca y negra, sino negra y gris. Para Gelman, ¿cómo es?

-Negra, gris y de todos los colores, hasta los que no existen en la naturaleza.
-Cuando te nombran como un "poeta político", ¿cómo te suena?
-¿Dirías que Arquíloco fue un poeta político? Y sin embargo, escribió poemas pacifistas. ¿Dirías que Shakespeare fue un poeta político? Y sin embargo, nadie como él indagó las crueldades y las infamias de la lucha por el poder. No me estoy comparando, desde luego, no hay que hacer comparaciones, como decía Gardel. Creo que la poesía es palabra calcinada, que su único tema es la poesía.
-Entonces se puede hablar de todo en la poesía.
-Se puede hablar de todo. Hasta de amor.

-¿Cómo imaginás la literatura argentina si Borges no hubiera nacido?
-No me la puedo imaginar. Como no me la puedo imaginar sin Cortázar y tantos otros. La literatura es un tejido. Si alguno falta, queda un agujero.
-Sigamos con la patria: ¿qué extrañas? Si es que extrañás.

-A ver... no es una situación de extrañar, pero por ejemplo cuando llego a Buenos Aires me alegra muchísimo. Buenos Aires me alegra.
-Serías la excepción a la regla de la melancolía. ¿Te llega eso que se ha dado en llamar crispación?
-Yo sé lo que está pasando, pero el tema es que vengo de otro país. Todos los mexicanos que conozco vienen a Buenos Aires y vuelven encantados. Yo siento la vitalidad o crispación de esta ciudad. Crispación que también existe en México, pero se manifiesta de manera diferente... Pero me da alegría estar aquí. No es que necesite esa alegría para vivir, te estoy diciendo lo que Buenos Aires me produce. De pronto reconozco calles vinculadas a mi infancia; me despiertan recuerdos.

-¿Qué olores, colores, palabras te vienen si buscás en el fondo de tu niñez?
-Muchas. Las plantas del patio de mi casa, la cocina a carbón, el sótano en el que mi mamá dejaba fermentar guindas para un vino, los partidos de fútbol en la calle esquivando tranvías y otras y otras.
-Juan, cerrá los ojos para mirar más lejos: a ver, ¿cuál es tu imagen más lejana, la primera?
-Yo sé cuál es, yo sé, a lo mejor es un recuerdo reconstituido, a esta altura ya no estoy seguro, porque me lo recordó mi madre treinta años después de haber sucedido: yo tenía un perro que se llamaba el Negrito, al que por supuesto quería mucho. Yo tenía año y medio... y un día el perro no estaba en la casa, entonces salí a buscarlo, y al rato mi mamá descubrió que yo no estaba y salió a buscarme. Me encontró sentado en el empedrado al lado de un perro que había pisado uno de los raros coches que por aquel entonces pasaban por la ciudad y por esa calle. Entonces mi mamá dice que me encontró llorando. Y cuando ella me lo contó, yo me acordé, pero no estoy seguro de si es un recuerdo o es algo que ella despertó con sus palabras, y entonces ya es otra cosa. Pero digamos que desde el punto de vista de la edad, salvo mi nacimiento, es lo primero que recuerdo.

-Hay preguntas que son tercas, Juan. Para decirlo urgente: ¿Qué es poesía? Decime, ¿con cuál de estas preguntas-respuestas te identificás más? ¿Es la sed hasta las últimas primeras consecuencias? ¿Es el verbo sin retorno, arrojándose sin red? ¿Es el marinero que quiebra adrede el eje de la brújula? ¿Será la desesperación entusiasmada?
-Tiene algo de todo esto y para resumir: es un árbol sin hojas que da sombra.

-Otra pregunta porfiada, la última, y nos vamos a caminar un rato. En este minuto, en éste, ¿cómo es tu relación con la muerte?
-Me molesta.
Ya en la vereda, caminamos por Castro Barros. Una cuadra y doblamos por Don Bosco, paredes sembradas con escrituras en aerosol. Su semblante lo dice: a Gelman esta ciudad le produce alegría. Mientras el fotógrafo hace, me pongo a conversar con hebras entresacadas de un libro suyo. Gelman se retrata en una línea:
-"Miro mi corazón hinchado de desgracias..."
-Pese a todo, pese a tanto, Juan, con nosotros el amor.

-"Somos los que encendimos el amor para que dure, para que sobreviva a toda soledad. Hemos quemado el miedo, hemos mirado frente a frente al dolor antes de merecer esta esperanza."
-La esperanza, ¿derecho o deber? ¿Podemos elegir?
-"Si me dieran a elegir, yo elegiría esta salud de saber que estamos muy enfermos, esta dicha de andar tan infelices."

-¿Sólo eso?
-"Si me dieran a elegir, yo elegiría esta inocencia de no ser inocente, esta pureza en que ando por impuro... este amor con que odio, esta esperanza que come panes desesperados."
Caminamos otra media cuadra, lenta y, creer o reventar, en una pared descascarada, con letra infantil, enorme, alguien escribió: "El poeta". ¿Habrá leído alguna vez a Gelman quien escribió eso? ¿Imaginaría que él lo leería riendo y dichoso? Gelman me pasa la mano por encima del hombro. Pienso pero no se lo digo: "Gelman, cómo no te ibas a llamar Juan".
La música de una sola sílaba, arrojada.

¿Podría ser ahora, Juan, que suspendiéramos toda palabra dicha en voz alta, dicha en grito o dicha en escritura?
¿Podría ser que nos diéramos aquí mismo un abrazo a pleno sol en la plena noche?
A este encuentro le queda todavía media hora. Luego nos llevará un viejo Peugeot 404 modelo 69. La ciudad atorada, espesa de autos y bocinazos. Pero la alegría del poeta no amaina. Imperdonable lo mío, empecé con pregunta grave, concluyo con otra semejante:
-Hace un rato, Juan, me dijiste que la muerte te molestaba. No me dijiste por qué.
-Porque no me va a permitir que siga queriendo a los que quiero.
Entrevista: Por Rodolfo Braceli

2010/01/18

Amistad en la literatura


Esta es una interesante nota que elaborara un reportero de "Telegrafo", Luis Alfredo Medina. El trabajo muestra a los escritores americanos y latinoamericanos más resaltantes de la literatura; la anécdota en estas líneas es la gran amistad y/o enemistad que se forjo entre uno y otro autor.
El caso es que, más allá de las cercanías o distancias cada uno de ellos es famoso por su creación literaria, aporte valioso para la humanidad que aún se deleita con estos clásicos de la literatura universal e hispana.

Pese a que algunas terminaron mejor que otras, todas logran trascender a su época.

Con los recientes homenajes que se realizaron para recordar al literato francés Albert Camus -por el cincuentenario de su muerte-, la vida del autor de La Peste fue llevada, nuevamente, a la palestra. Biografías, especiales televisivos y toda una serie de investigaciones sobre su vida brotaron como hongos en el mundo literario.Uno de los aspectos más interesantes en la historia vital de Camus es su relación con otro intelectual de peso de su época, el pensador que rechazó el premio Nobel para no perder su identidad de filósofo: Jean-Paul Sartre. Los dos protagonizaron una de las amistades/enemistades más famosas de la literatura, tan idílica pero, por supuesto, no tan caótica- como la de Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa.
El prólogo de la relación data de antes de que los franceses se conocieran personalmente. Camus leyó La náusea, una de las obras cumbres de Sartre, y publicó una elogiosa crítica en un diario argelino para el que trabajaba. Luego, Sartre reseñó El extranjero y El mito de Sísisfo, de su homólogo, reconociéndolos como textos extraordinarios y hasta clásicos. Se encontraron por primera vez en 1943, durante el estreno teatral de Las moscas, de Sartre. Según relata Simone de Beauvoir, Albert abordó a Jean-Paul sin que nadie los presentara. Así empezó una amistad que duró diez años, hasta que se produjo un rompimiento ideológico sustentado por argumentos como que para Sartre, Camus era un extraordinario escritor, pero un filósofo de limitado interés; y para Camus, las novelas de su amigo eran solo una sucesión de argumentos filosóficos hechos imágenes literarias.

Sartre interpretó el ensayo El hombre rebelde como un ataque personal, y rompió públicamente su amistad...
El corazón de la discordia es diáfano: Camus, pacifista, rechazó la violencia política mientras que el otro la aceptó. Las querellas se transformaron en textos. En 1951, Sartre interpretó el ensayo El hombre rebelde como un ataque personal y finalizó públicamente la amistad. Sin embargo, al morir el argelino, escribió un elogio fúnebre que, entre otras cosas, decía: “El y yo estábamos peleados: una pelea no es nada -aunque uno no vuelva a verse con el otro, únicamente es otra forma de vivir juntos”. Como esta, la historia mundial de las letras está llena de amistades famosas. Goethe y Schiller, Carlyle y Emerson...
Algunas finalizadas en malos términos y otras que encarnan la palabra “amigos”. En el primer grupo está, por ejemplo, la mencionada anteriormente: Gabriel García Márquez / Mario Vargas Llosa, que culminó en un incidente que bien podría ser el puñetazo más famoso de la literatura. Este hecho fue abordado en el libro De Gabo a Mario, escrito por Ángel Esteban y Ana Gallego y publicado por la firma editorial Espasa Calpe.Otro de los vínculos reconocidos, que -por cierto- escandalizó la élite literaria parisina de finales del siglo XIX, es el que hubo entre los poetas Paul Verlaine y Arthur Rimbaud. Fue un nexo con implicaciones homosexuales, excesos de ajenjo y que llevó a Verlaine a la cárcel después de que, en Bruselas, disparara al autor de Una temporada en el infierno. Escapando del final oscuro, aparecen dos parejas de intelectuales no menos importantes: Truman Capote y Harper Lee, y -por supuesto- los inolvidables argentinos Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares.
Sobre el primer dúo, amigos desde la infancia, se puede decir que Lee ayudó a Capote en el extenso proceso de investigación de campo para su novela más famosa: A sangre fría. El hombrecillo de la no ficción dedicó este libro “con cariño y gratitud” a la ganadora del Pulitzer por Matar a un ruiseñor, mientras que esta nunca aclaró un rumor que sugería que Capote había “metido mano” a su premiado texto. La relación entre Casares y Borges, en cambio, logró ser tan fuerte que llegaron a escribir juntos, bajo el seudónimo Honorio Bustos Domecq. En su autobiografía, el pensador de El aleph y otras grandes ficciones, revela que -pese a ser mayor que Casares- llegó a admirarlo y verlo como un maestro.

Literatura y realidad

Angel Lombardi, hace pocas semanas lanzó un artículo de sumo interés en el campo de la Literatura. De hecho, ofrece, una respuesta a un cuestionamiento que por años ha sido motivo de análisis y extensos debates orales y escritos. Espero que de alguna manera llegue a los amantes de la lectura, y se pueda comprender en que medida la historia y por ende la realidad es fuente de la creación literaria... veamos:
Toda verdadera literatura, dice JM Coetze (premio Nobel de Literatura 2003), “es un manual de historia, pero de tipo fantástico, con su propia verdad, esa clase de verdad en la que pensaba Aristóteles cuando decía que la poesía es más verdadera que la Historia; más verdadera debido a su poder para condensar y representar lo múltiple en lo típico”.
Churchill decía que para conocer la literatura de Inglaterra había que leer a Shakespeare. Un grupo de intelectuales acaban de asumir que para conocer a América Latina hay que leer Cien años de soledad (1967), de Gabriel García Márquez; Pedro Páramo (1965), de Juan Rulfo; Las venas abiertas de América Latina (1971), de Eduardo Galeano; El laberinto de la soledad (1950), de Octavio Paz; y Conversación de la catedral (1969), de Mario Vargas Llosa. Como toda lista, es discutible e incompleta y termina siendo excluyente, y así se deja a tantos otros autores y libros que expresan nuestro continente con la misma intensidad y pertinencia que los autores antes citados.

Argentina sin Sarmiento, JL Borges, Sábato y Cortazar sería un enigma. Perú sin el Inca Garcilaso de la Vega, Ricardo Palma y el propio Vargas Llosa con sus otros libros se nos escaparía en su comprensión. Para entender a Venezuela es imprescindible Rómulo Gallegos con su galería de personajes tipológicos.

Es decir, que cuando abrimos la mente y no nos dejamos condicionar por ningún prejuicio y mucho menos por condicionantes ideológicos-políticos la lista se nos vuelve casi infinita, y si aplicamos la tesis de la identidad como literatura, al final, más que la América Latina real, nos queda el continente mítico y extraordinario que somos, de allí que García Márquez acertó al inventar Macondo siguiendo el ejemplo de William Faulkner con su nebuloso e irreal Yoknapatawpha, todos pueblos imaginarios, más reales que cualquier realidad; y es que como dice el escritor italiano Cesare Pavese (1908-1950): “Necesitamos un pueblo, aunque sólo sea por las ganas de marcharnos. Ser de un pueblo quiere decir no estar solo, saber que en la gente, en las plantas, en la tierra hay algo tuyo que inclusive cuando no estás sigue esperándote”. La historia siempre es insuficiente para comprender lo real, de allí la literatura, tan necesaria con sus imprescindibles “mentiras-verdaderas”.

2010/01/02

Perlas en la red: Literatura electrónica

Hipernovelas, hipermedias, webnovelas, blogonovelas y wikinovelas. Éstos son los formatos y "géneros" que incluye el portal Literatura Electrónica Hispánica, un banco de experimentación literaria que bucea en las posibilidades narrativas que ofrece el entorno digital. "Tres rasgos distinguen una obra literaria electrónica de una convencional: el hipertexto, los recursos multimedia y la interactividad -explica Juan José Díez, su director-. Son narraciones diseñadas para la red, viven en un espacio puramente virtual donde la ficción narrativa ya no se materializa en formato códice (hojas de papel impresas, cosidas y numeradas), sino en pantallas de ordenador." Creado hace apenas dos meses dentro de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes -iniciativa de la Universidad de Alicante y el Banco Santander-, el portal contiene una generosa sección de artículos teóricos y un blog donde se comentan las obras y las novedades de la incipiente industria de la literatura electrónica.

El portal es una gran vidriera para asomarse a los distintos formatos: la hipernovela (con enlaces internos que permiten una lectura no lineal), el hipermedia (narrativa que incluye texto, imágenes, sonidos y videos), la webnovela (que incorpora enlaces de conexión directa a la web), la blogonovela (producida desde el formato epistolar o episódico de los blogs) y la wikinovela (de escritura colectiva, creada generalmente por múltiples autores anónimos).

Entre las obras se destaca ¡Más respeto que soy tu madre!, la blogonovela de Hernán Casciari que llegó con éxito a las librerías editada por Editorial Sudamericana y al teatro de la mano de Antonio Gasalla. En su versión on-line incluye los comentarios que los primeros lectores del blog fueron escribiendo a medida que iban leyendo los 200 capítulos-post de la obra.

La narrativa hipertextual aún explora sus fronteras en la búsqueda de un lenguaje propio, que por supuesto debería ir más allá de revestir las formas literarias tradicionales con ropaje electrónico.

2009/12/28

Un análisis de la entrega del Premio Nobel

Herta Müller, Premio Nobel de Literatura

Marcel Proust, Franz Kafka o James Joyce son algunos de los nombres más citados a la hora de recordar a los eternos olvidados del Nobel de Literatura.


En defensa de la Academia sueca, institución des t inada a premiar la buena literatura, es justo reconocer que, entre los premiados con el codiciado Nobel, ni caben todos los que son, ni existe un criterio objetivo al que atenerse, aunque muchas han sido las voces que han ido más allá y que han apuntado a un sistema de votación politizado y a un reparto de los premios más pensado en términos geográficos que literarios.
Aunque Proust, Kafka o Joyce se encuentran en el núcleo duro de los autores “ignorados” por el máximo galardón literario, la lista de agraviados es larga y en la misma también se han echado tradicionalmente de menos a personajes como los argentinos Jorge Luis Borges o Julio Cortázar, el ruso Vladímir Nabókov o el uruguayo Carlos Onetti.

Nadie duda de que no debe ser fácil para el jurado decidir cada año al autor que haya producido en el campo de la literatura “la obra más destacada en la dirección ideal”, deseo expresado en su testamento por el millonario sueco Alfred Nobel, creador de estos prestigiosos galardones, lo que seguramente justifica para el común de los mortales, aunque quizá no para algunos expertos, el que grandes autores clásicos del siglo 20 no hayan estado entre los afortunados premiados.

El primer laureado con el Nobel de Literatura recién iniciado al siglo 20 (1901) fue el francés Sully Prudhomme, con su obra “La Felicidad”, una época en la que contemporáneos como Tolstoi o Zola probablemente fueron considerados por el jurado demasiado anarquista el primero y demasiado avanzado para su tiempo el segundo.

Hubo que esperar hasta 1909 para que una mujer estuviese en la lista, correspondiendo tal honor a la sueca Selma Lagerlöf con “El Maravilloso Viaje de Nils Holgersson”, quien abrió el camino para que el Nobel consagrase durante todo el siglo a un total de doce féminas, la última de ellas la de este año, la rumano-alemana Herta Müller.
Mucho ha llovido desde entonces, pero a lo largo de más de un siglo, de los cien autores galardonados con el Nobel, 10 lo fueron de habla hispana.
Los homenajeados han sido los españoles José Echegaray y Eizaguirre (1904), Jacinto Benavente (1922), Juan Ramón Jiménez (1956), Vicente Aleixandre (1977) y Camilo José Cela (1989), el guatemalteco Miguel Ángel Asturias (1967), los chilenos Gabriela Mistral (1945) y Pablo Neruda (1971), el colombiano Gabriel García Márquez (1982) y el mexicano Octavio Paz (1990).

Borges, el olvidado
Para muchos críticos literarios, la fecunda obra de Jorge Luis Borges, uno de los escritores más importantes de la literatura del siglo 20, bien hubiera merecido este reconocimiento, que también se le podría haber concedido a Carlos Onetti, con una obra literaria de una incuestionable originalidad.
Tampoco estuvieron nunca entre los “elegidos” autores mundialmente reconocidos comoTolstoi, novelista ruso con obras de la contundencia de “Guerra y Paz” o “Anna Karenina”; Paul Valéry; el padre del naturalismo, el francés Emile Zola; el británico Joseph Conrad; el alemán Bertolt Brech; el español Federico García Lorca o la francesa Marguerite Duras.
No obstante, para la mayoría de ellos, el plazo se agotó inexorablemente, ya que las estrictas normas de los Nobel relegan sólo al mundo de los vivos este galardón y prohíbe que el mismo pueda ser atribuido a un autor a título póstumo.

Entre los escritores vivos considerados año tras año eternos candidatos se encuentran autores de la talla del peruano Mario Vargas Llosa, el mexicano Carlos Fuentes, el español Miguel Delibes, el israelí Amos Oz o el estadounidense Philip Roth, a quienes numerosas voces piden que se les haga justicia por su contribución, en calidad y cantidad, al campo de la literatura.

No obstante, mientras unos anhelan este reconocimiento otros osaron rechazarlo, como Borís Leonídovich (1958), debido a las presiones del gobierno soviético para no aceptarlo, o Jean- Paul Sartre (1964), quien alegó que su aceptación implicaría perder su identidad de filósofo. Asimismo, en 1914 y 1918 no se concedió el premio a la causa de la Primera Guerra Mundial, al igual que sucedió entre 1940 y 1943 a causa de la Segunda Guerra Mundial.

Los últimos en incorporarse al elenco de escritores reconocidos con tan polémico galardón han sido el francés Jean-Marie Gustave Le Clézio, en 2008 por “La Cuarentena”, y más recientemente, en 2009, la rumanoalemana Herta Müller, por su obra “En Tierras Bajas”.
Para los autores premiados, tan importante como el diploma que atestigua la percepción del Premio Nobel es la cuantía económica que le acompaña, superior al millón de euros, con la que la Academia intenta evitar al laureado preocupaciones económicas que le hagan descuidar su trabajo en favor de la literatura.

Pero para algunos de los designados, como la británica Doris Lessing, a la que el reconocimiento le llegó en 2007, a punto de cumplir 88 años y después de figurar más de30 años entre los favoritos, el Nobel se convirtió, un año después de su recepción, “en un maldito desastre”.
“Todo lo que hago ahora es dar entrevistas y pasar tiempo en sesiones de fotos”, dijo la autora de “El Cuaderno Dorado”, quien confesó que el galardón había trastornado completamente su hasta entonces apacible vida en Londres.

A pesar de que los miembros de la aclamada Academia sueca han asegurado siempre que se les ha querido oír que su designación está al margen de criterios políticos, no han sido pocos quienes han visto esa intención en la elección de personajes como el ex primer ministro británico Winston Churchill (1953) o el disidente polaco Czeslaw Milosz.
Sin embargo, guste o no guste el resultado, año tras año en el mes de octubre se seguirán sucediendo los Nobel de Literatura, que probablemente seguirán dando más de una sorpresa a propios y extraños y haciendo mundialmente famosos a algunos escritores hasta ese momento prácticamente desconocidos y escasamente traducidos.


Controversia
Este es un premio tradicionalmente polémico por haber ignorado a escritores universalmente reconocidos y beneficiar, quizá en demasiadas ocasiones, a figuras con una obra interesante pero totalmente desconocida internacionalmente.

El dato
Hasta 1909 no ganó el Nobel de Literatura una mujer, correspondiendo tal honor a la sueca Selma Lagerlöf.
Los autores de habla hispana distinguidos con el galardón a lo largo de más de un siglo han sido un total de diez.
La lista de “agraviados” es larga, y en la misma se encuentran autores reconocidos mundialmente como el ruso León Tolstoi, el francés Emile Zola, el alemán Bertolt Brech, el español Federico García Lorca, el argentino Jorge Luis Borges o el norteamericano Philip Roth.




Tomado de Vnaguardia...Edición impresa.

2009/12/20

Obra que ahonda en la doble vida del Azorín político y cronista


El escritor alicantino José Ferrándiz, junto a su obra sobre Azorín ANAIS SÁNCHEZ

El género literario por excelencia en el siglo XX ha sido el periodismo, como en el XIX lo fue la novela o el teatro en el XVI. El escritor de Monóvar José Martínez Ruiz, Azorín, centralizó buena parte de su vida en la literatura de los periódicos, deparando algunos de los libros y escritos más maravillosos que ha dado nuestra Literatura. Mario Vargas Llosa ya dijo en 1996 que "La Ruta de don Quijote de Azorín es uno de los más hechiceros libros que he leído. Aunque hubiera sido el único que escribió, él sólo bastaría para hacer de Azorín uno de los más elegantes artesanos de nuestra lengua". El libro recogía su recorrido por las olvidadas y míseras tierras de La Mancha, con una pistola que le proporcionó "por lo que pueda tronar" el director de "El Imparcial"."La Ruta de Don Quijote", publicada en 1905, muestra con claridad cómo Azorín fue un precursor de las técnicas del Nuevo periodismo, que Tom Wolfe y los norteamericanos popularizaron en los años 60, especialmente con la salida al mercado de "A sangre fría" de Truman Capote. Esta es una de las más firmes evidencias de cómo Azorín es un renovador de los géneros periodísticos, y a la que se acaba de sumar una prueba nueva con la investigación del escritor y politólogo alicantino José Ferrándiz Lozano con "Azorín, testigo parlamentario", publicado por el Congreso de los Diputados en su colección Monografías. La obra, que recientemente ha salido a la venta, aborda la doble vida del Azorín político y periodista en el paréntesis temporal de 1902-1923, y su vinculación al Parlamento como cronista de Cortes y diputado en cinco ocasiones. "Azorín es el gran renovador de la crónica parlamentaria. Porque hasta que él llega, los periódicos se limitan a dar extractos de los discursos que se pronunciaban, pero cuando llega Azorín, él inventa otro tipo de crónica y añade la imagen. Guía a los lectores sobre cómo visten los políticos, qué ocurre en el hemiciclo, cómo reaccionan los diputados e incluso empieza a informar de todas las cosas que oye en los pasillos", apunta Ferrándiz Lozano. Pero la doble barrera que simbolizan la vida periodística con la política pronto comienzan a descomponerse y, como agrega José Ferrándiz, el tono satírico o crítico de sus escritos se desvanece y el partidismo es cada vez más visible, sobre todo cuando Antonio Maura le introduce en el Congreso. "Azorín siempre concibió el periodismo como un arma de influencia política. Intervino en escasas ocasiones como diputado, y siempre en temas menores, pero fue un intelectual de acción política que la ejerció desde el periodismo", afirma Ferrándiz, colaborador de INFORMACION y doctor en Ciencias Políticas y Sociología. La novedad de "Azorín, testigo parlamentario", tesis doctoral del autor becada por el propio Congreso con la que obtuvo el Premio Extraordinario, es que no solamente se basa en el libro "Parlamentarismo español" de 1916 sino que estudia todo el corpus periodístico completo de la época, con más de 900 artículos en los que Azorín alude de algún modo a cuestiones parlamentarias. Vargas Llosa dijo de estas crónicas que "Azorín convierte las sesiones en un espectáculo teatral inusitado, lleno de sorpresas y de gracia, de estupidez y de ternura, en una frase gentil a la que el lector asiste con indulgencia y buen humor. Cada crónica es un dechado de sabiduría narrativa, con repeticiones y precisiones efectistas que dejan imágenes muy vívidas en la memoria".

"¿Qué es la literatura?"

La trayectoria filosófica de Jacques Rancière (Argelia, 1940) se inicia con su participación, en los años sesenta, en el grupo que bajo la tutela de Louis Althusser elaboró uno de los libros más influyentes de su tiempo: Para leer el Capital . Desde entonces -y tras un pronto distanciamiento de las posiciones de su maestro-, Rancière ha realizado una vasta y original producción que lo señala como una de las principales figuras de la filosofía política francesa. También han resultado fundamentales sus intervenciones en relación con la educación. Menos conocidos son sus trabajos sobre estética. La aparición de La palabra muda , cuya edición francesa es de 1998, viene a atenuar dicha carencia.
Es un lugar común afirmar que los filósofos encuentran problemas donde el resto de los mortales sólo ve obviedades. Rancière lo asume cuando se atreve a plantear la pregunta: "¿Qué es la literatura?". Cualquier librero, cualquier docente, cualquier lector parece estar en condiciones de distinguir en una biblioteca un libro de literatura de otro que no lo es. Pero, no obstante, si se le pide que brinde una definición precisa que permita explicar en qué se basa esa distinción, el problema mostrará toda su complejidad. La cuestión de fondo es aquella que ha atormentado a tantos teóricos -entre los que cabe destacar a los formalistas rusos- que han intentado abordar la "literaturidad"; es decir, las características específicas de ciertos textos a los que se da el calificativo de "literarios".
El trabajo de Rancière se inicia con un análisis de "la naturaleza y las modalidades del cambio de paradigma que destruye el sistema normativo de las Bellas Letras". El punto clave allí será el abandono de la idea de representación. El paso siguiente consistirá en mostrar la tensión interna del paradigma moderno, que se manifiesta en la simultánea puesta en juego de principios contradictorios. Dichos principios postulan, por un lado, la "indiferencia de la forma con respecto a su contenido" y, por otro, la necesidad de que la literatura sea una cabal "expresión de la sociedad". Para abordar esta tensión de corte hegeliano, el filósofo realiza un minucioso análisis de textos de Flaubert, Mallarmé y Proust.
Como es de suponer, el libro no culmina con una respuesta definitiva a la pregunta que lo originó. No hay disolución de las contradicciones, ni definiciones esclarecedoras. Es el recorrido, el trayecto en sí mismo, el que puede aportar algún tipo de saber. Como sucede con La fenomenología del espíritu , de Hegel, el valor de arribar al final estriba en que entonces se está en mejores condiciones de retomar la pregunta desde el comienzo.

2009/10/25

Vargas Llosa recibe "conmovido" el Premio Internacional de Ensayo Caballero Bonald

El escrito obtiene el galardón, dotado con 30.000 euros, por su obra 'El viaje a la ficción: El mundo de Juan Carlos Onetti'

El escritor hispano-peruano Mario Vargas Llosa recibió hoy "profundamente conmovido" el Premio Internacional de Ensayo Caballero Bonald, obtenido con la obra El viaje a la ficción: El mundo de Juan Carlos Onetti. El galardonado se refirió al ensayo como "la parienta pobre, la cenicienta de los géneros literarios", por lo que celebró que "tenga estímulos como este", dijo en alusión al certamen. Vargas Llosa recibió hoy el premio de manos del propio Caballero Bonald en una ceremonia enmarcada en los actos del XI Congreso de la Fundación que lleva el nombre del escritor jerezano y que culmina hoy en La Atalaya, en Jerez de la Frontera (Cádiz).


Este galardón le fue concedido a Vargas Llosa en el mes de septiembre por un jurado compuesto por Victoria Camps, José-Carlos Mainer, José María Pozuelo Yvancos, Fernando R. Lafuente, Santos Sanz Villanueva y Fernando Domínguez Bellido, como secretario sin voto. La obra premiada, El viaje a la ficción: El mundo de Juan Carlos Onetti, publicada por la editorial Alfaguara, es un elaborado estudio sobre la obra del escritor uruguayo, uno de los más relevantes autores en español del siglo XX, y cuyo centenario se cumple precisamente este año. En su libro, Vargas Llosa recrea, con aires de narración, el "inquietante" mundo literario de Onetti, "en un ejercicio de gran intensidad crítica".


El escritor peruano dijo sentirse "profundamente conmovido por el premio con el que el jurado ha querido honrarme". Ante los medios de comunicación, reconoció que este premio supuso "una gran sorpresa" para él y "un gran honor", al considerar que supone también un "espaldarazo" a un escritor como Juan Carlos Onetti, "uno de los grandes escritores de nuestra lengua que no ha sido leído como debería serlo". En este sentido, aseguró esperar que el premio sirva para promover la obra de Onetti entre los lectores que aún no lo conocen. De él, destacó que está muy vinculado a España, pues pasó los últimos días de su vida en Madrid, donde tuvo una mayor de su obra, pero "aún así, creo que entre los grandes escritores modernos de nuestra lengua es el que ha sido menos leído y reconocido". En cuanto al ensayo, consideró que se ha convertido en un género "bastante minoritario" y añadió que "precisamente por falta de estímulos no es un género que llegue a grandes públicos y eso hace que los editores vean con cierta reticencia ese género, así que la existencia de un premio como el Caballero Bonald me parece una iniciativa magnífica". A su juicio, el ensayo es "muy importante" porque "dentro de la enorme proliferación bibliográfica que caracteriza a nuestro tiempo se necesita una guía, que alguien discrimine, establezca jerarquías, separe lo importante de lo transitorio y superficial, y esa es la función del ensayo". Por otra parte, dijo que "puede ser un género creativo como se puede comprobar en los ensayos de Ortega y Gasset o Azorín. Sería una pena que se convirtiera en un género de catacumbas", sentenció.


El Premio Internacional de Ensayo Caballero Bonald es convocado por la Fundación Caballero Bonald, con la colaboración del Ayuntamiento de Jerez y con el patrocinio de la Fundación Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes y de Banco Santander, a través de su División Global Santander Universidades. Se concede anualmente al libro de ensayo que, en opinión del jurado, destaque entre los publicados durante el año anterior en cualquier lugar del mundo, en cualquiera de las lenguas oficiales del Estado español. Su dotación económica asciende a 30.000 euros. Antes de entregar el premio, Caballero Bonald celebró que haya recaído en Vargas Llosa, puesto que "acrecienta sin duda el prestigio del premio y que a mí personalmente me enorgullece, por muy especiales motivos de afecto y admiración" y continuó diciendo que "al margen de su extraordinaria labor de narrador, la actividad de Vargas Llosa como crítico literario ha alcanzado una proyección eminente".

2009/10/11

OBAMA Y NO VARGAS

De todos los titulares que leí en la prensa de ayer sobre la concesión del Premio Nobel al presidente de Estados Unidos, me quedo con el publicado por EL DÍA: "Obama recibe el Nobel de la Paz por lo que debe hacer, no por lo que ha hecho". Esa es una realidad. La otra acaso sea la necesidad imperiosa de consolidar un líder mundial con carisma, quizá al estilo de Kennedy. Y una más, si me apuran, sería la no menos perentoria urgencia de prestigiar un galardón -el propio Premio Nobel- que nadie discute en su faceta científica, eso es evidente, pero que ha dejado una estela con bastantes borrones a la hora de reconocer los méritos literarios y las gestiones a favor de la paz.
¿Será laureado alguna vez con él, por ejemplo, el escritor Mario Vargas Llosa? Difícilmente. ¿Y por qué? ¿Porque su obra carece de calidad literaria? En absoluto. "Conversación en la catedral", sin ir más lejos, es de lo mejor que se ha publicado en español a lo largo de todo el siglo XX. El estigma de Vargas Llosa ante la Academia sueca es otro: sencillamente, no es un pensador de izquierdas. El hecho de que este escritor peruano, hoy también con nacionalidad española, haya introducido un estilo propio en las letras universales cuenta poco. Otros con menos méritos que él, e internacionalmente menos conocidos, sí han recibido esta distinción. Omito nombres para no ofender.

Obama puede hacer mucho por la paz mundial. Eso está en las manos de cualquier presidente de Estados Unidos. Un solo portaaviones de la clase Nimitz supera en poderío aéreo a muchos países desarrollados; España, por ejemplo. Sobra añadir que el gasto norteamericano en "defensa" también está por encima del presupuesto total de muchos estados. En consecuencia, insisto en ello, basta un gesto de Obama -que también es el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas gringas- para que se apacigüe o se incremente la belicosidad planetaria. Una combatividad, la verdad sea dicha, que sigue vigente en Irak pese a que el actual presidente ha anunciado una retirada en 2011 -ya veremos- y también en Afganistán; un conflicto en el que han muerto hasta ahora 90 militares españoles, y del que Obama no tiene, al menos de momento, ninguna intención de retirarse. Al contrario: sigue exigiéndoles más efectivos a sus aliados. Por añadidura, tampoco en Oriente Próximo están las cosas mejor desde que él se instaló en la Casa Blanca.

¿Necesita el mundo ese líder de izquierdas antes mencionado? Indudablemente que sí, lo reitero, por una mera cuestión de ilusionar al planeta. Sobre todo en una época, como la actual, en la que necesitamos muchas esperanzas en el futuro para salir de la hecatombe financiera. Lo malo -para quien tenga que ser esto malo, naturalmente- es que Obama no milita en la izquierda. Ningún presidente del imperio lo ha hecho, con independencia de que sea blanco, negro o piel roja. El Partido Demócrata es una formación netamente de derechas, aunque no tanto como el Republicano. Ilusionémonos, pues nada malo hay en ello, pero sin perder de vista que se trata sólo de eso: una ilusión.

2009/10/10

¿Para qué sirve el Premio Nobel de Literatura?


Otra vez nos quedamos sorprendidos con la elección para el premio más importante de literatura en el mundo. Desde 1901 se otorga el Nobel y mientras que autores de excelencia indiscutible como William Faulkner o Gabriel García Márquez se quedaron con el galardón, son muchos más aquellos que después del premio quedaron en el olvido. Aquí, más que una respuesta, una opinión hecha de preguntas.

Una pregunta: ¿Qué tienen en común León Tolstoi, James Joyce, Marcel Proust, Ezra Pound, Franz Kafka, Joseph Conrad, Vladimir Nabokov, Jorge Luis Borges, Jack Kerouac y William Burroughs? Que ninguno de ellos ganó el Premio Nobel de Literatura.

Segunda pregunta: ¿Qué tienen en común: Bjørnstjerne Bjørnson, Rudolf Eucken, Carl Gustaf Verner von Heidenstam, Carl Friedrich Georg Spitteler, Frans Eemil Sillanpää, Halldór Kiljan Laxness y Herta Müller. Me imagino que ya adivinó la respuesta. Todos ganaron el Premio Nobel de Literatura. Apuesto que el lector común, como lo definió Virginia Woolf, podría nombrar una obra de cada uno de la primera lista. Y apuesto que el mismo lector común (un amante voraz de la literatura, el que no se va ni siquiera al baño sin un libro) tendría gran dificultad en nombrar solo una obra de la segunda lista de autores. Esto es un juego de salón. Pero en el juego se ejemplifica la pregunta que da título a esta nota: ¿Para qué sirve el Premio Nobel de Literatura? Vamos a la fuente.

Según el dice el testamento de Alfred Nobel el su premio en la categoría de letras es para "un autor de cualquier país en el campo de literatura el trabajo más extraordinario en una dirección ideal." Puede ser que por aquí empiezan las dificultades, porque es una definición ambigua. Pero sin duda La guerra y la paz, Ulises, Los cantos, El corazón de las tinieblas, Almuerzo desnudo, o La metamorfosis podrían ser considerados como ejemplares dignos de esta definición. O Vida, instrucciones de uso de George Perec. O hasta la obra bizarra de H.P. Lovecraft o las novelas de Philip K. Dick o Raymond Chandler y Italo Calvino.

Ya se discutió hasta el hastío sobre el uso político del premio de literatura. Veamos los otros premios. Obviamente el de la paz es un premio político. ¿Pero el de física? ¿El de medicina? ¿El de química? ¿Y el de economía? El problema central para contestar esta pregunta es que resulta difícil que nuestro lector común tenga la educación suficiente para entender los trabajos científicos de vanguardia. La ciencia se ha especializado y se ha ido a un nivel de abstracción que hace falta por lo menos un pos-grado para realmente comprender qué es lo que hacen los mejores físicos, químicos y médicos del planeta.

Tal vez el premio de economía –la ciencia atroz ("the dismal science" como lo denominó Thomas Carlyle)- sea tan ambiguo como el de literatura y se explota con fines políticos. Pero la economía, en su más alta expresión teórica también es lejana a la inteligencia común y corriente, hasta de una persona considerada culta. Además, si entendieran de verdad los economistas cómo funciona la economía, ¿por qué no pudieron predecir la catástrofe financiera de los últimos años? ¿Por qué no pueden solucionar el problema de la pobreza mundial? Pero eso quedará para otra columna de opinión.

La excelencia en la literatura es subjetiva. No podría ser de otra manera. La literatura no descubre nada. O sí: descubre la vida. La que vivimos todos, yendo al trabajo, tomando café, enterrando nuestros muertos... Los grandes escritores, premiados o no, son los que nos dan vida con su obra. Que crean con letras sobre papel un simulacro de la vida tan potente que casi se parece más a la vida que la vida misma.

El problema, al fin, del Premio Nobel, es que ya nos dejó de sorprender (e, irónicamente, si hay una cualidad que comparte toda la gran literatura es aquella de sorprender). O se le otorga a una eminencia gris que se lo merece de sobras (en la lista de esta categoría que aún esperan el premio, los conocemos a todos: Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Milan Kundera, Philip Roth, Don Delillo...); o se le da a un escritor o escritora que –francamente– es de muy poca trascendencia (lo que no significa que sea mala escritora). Como es el caso este año con Herta Müler. ¿Me van a decir que Herta Müller ha escrito textos "más extraordinarios" y que van más en "una dirección ideal" que Cormac McCarthy, Thomas Pynchon, James Ellroy, Gonzalo Rojas, William T. Vollmann, Geoffrey Hill, Steven Millhauser, Jonathan Littell o –si, también- Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa y etcétera.

2009/10/07

Premio Nobel de Literatura


Para mañana jueves, según anuncia la Academia en su sitio y en su canal ¡en you tube! -la modernidad no escapa al proyecto-, se espera el anuncio del Premio Nobel de Literatura.
Como siempre, hay intriga y especulaciones. Los periodistas culturales declaran estar más desconcertados que otras veces respecto del resultado. Pero de todos modos ¿quiénes pueden tener chances? ¿Quiénes pueden quedar siendo los relegados de siempre? Y ¿quiénes toman las decisiones y con qué criterio?
24 horas antes del gran momento, espiaremos un poco entre bambalinas para contar cómo se da la elección que, por el prestigio que se le asigna, repercute tanto en el mercado editorial como en la historia de la literatura.

¿De dónde surge el Premio Nobel? El Premio Nobel de literatura surge de un fondo que legado por el inventor Alfred Nobel (1833–1896) y que es manejado por la Fundación Nobel. La tarea de selección de los ganadores en cada categoría es confiada a la Academia Sueca o a instituciones específicas desde 1901, año del primer premio.
¿Qué premios da la Academia?
Además de literatura, se premian las siguientes especialidades: fisiología y medicina, química, física, ciencias económicas y de la paz (que se anunciará el viernes 9). Toda una declaración de principios respecto de lo que Alfred Nobel consideraba valioso para una cultura (sacando el premio de ciencias económicas, que no fue elegido por él, sino agregado hace relativamente pocos años).
¿Quiénes pueden ser elegidos Premios Nobel de Literatura? En principio, cualquier escritor. Pero para ser tenido en cuenta se debe estar nominado y esto se consigue mediante la postulación de alguien apto para hacerlo: miembros de la Academia Sueca o de otras academias, instituciones similares en objetivos, profesores de literatura en universidades, premios anteriores del Nobel de Literatura. Obviamente, nadie puede postularse a sí mismo.
¿Cómo sigue el procedimiento? Suele haber alrededor de 350 escritores nominados por año entre conocidos e ignotos. Para el premio de cada año, se reciben postulantes hasta el 31 de enero. La lista de nominados es completamente secreta.Todos los nominados son evaluados por un comité. Muchos nombres se borran rápido cuando por algún motivo se entiende que no están allí por razones de calidad literaria. Los que quedan son estudiados a fondo. Se piden traducciones especiales si la lengua de origen es inaccesible para los miembros de la Academia o se crean comisiones ad hoc para el análisis de obras poco difundidas. Hacia abril, ya hay una lista estable y bastante reducida de candidatos preliminares. Antes del receso de verano (julio, agosto, en el hemisferio norte), quedan usualmente solo cinco candidatos. Cada miembro del comité prepara además un reporte individual para la reunión después sus vacaciones, a mediados de septiembre. Entonces ya comienzan las decisiones: se proponen nombres hasta que un candidato reciba más de la mitad de los votos. Para octubre, ya está definido el ganador y algún jueves del mes (esta vez, mañana, 8) se anuncia.
¿Quién gana el Nobel?"La persona que ha producido en el campo de la literatura la obra más destacada". Algo así dejó dicho Alfred Nobel en su testamento. Pero qué se interpreta por esto, qué valores se priorizan, qué se considera "destacado" queda bajo el criterio de los miembres de la Academia.Casi siempre, los premiados no son populares, ni siquiera conocidos en algunos países. Este premio se caracteriza por no pretender seguir el gusto masivo.
¿Quiénes se comenta que son los candidatos posibles?
Para este año, se habla del israleí Amos Oz, los estadounidenses Joyce Carol Oates y Philip Roth, y el español Luis Goytisolo.
Los candidatos de siempre
Mario Vargas Llosa (que queda relegado por motivos políticos, se sostiene: la Academia tiene una ideología de izquierda), Antonio Tabucchi, Thomas Pynchon, Milan Kundera. Hasta Bob Dylan se ha vuelto un clásico dentro de los postergados.

¿Quiénes lo ganaron? Autores muy leídos como Rabindranath Tagore, Thomas Mann, William Faulkner, Hermann Hesse, Ernest Hemingway, Juan Ramón Jiménez, Albert Camus, Samuel Beckett, Gabriel García Márquez y José Saramago.
Autores para nada recordados hoy en día, como Sully Prudhomme, Władysław Reymont, Halldór Laxness o Ivo Andrić.
Curiosidades sobre el Nobel*El país que más ganadores tiene (¿significará que tiene los mejores escritores del siglo?) es Francia, con 14. Le siguen muy de cerca Estados Unidos, Inglaterra y Alemania.

*Se han premiado obras en lenguas tan disímiles como el occitano, el serbo-croata, el bengalí y el chino.
*Dos de los ganadores rechazaron el premio: Boris Pasternak, en 1958 (se dice que por presión del gobierno soviético) y Jean-Paul Sartre, en 1964 (por razones ideológicas).
*Relegados históricos, que, como hoy se sabe, merecían el premio y no lo obtuvieron: Borges (quien decía con su delicada ironía que no se trataba de un premio de justicia literaria, sino geopolítica por su rotación geográfica), Virginia Woolf, Kafka, Tolstoi y Proust, entre otros ausentes más.

*Pregúntele al Nobel: en el sitio de la Academia se ofrece la posibilidad de plantear preguntas a los nobeles. Se toman preguntas a cada ganador, de entre las cuales se seleccionarán las que resulten más pertinentes.

*En el mismo sitio, hay una sección para geniecillos (o informados): los juegos del Nobel. Están en inglés, pero resultan accesibles. Preguntas para ustedes:
¿Cuál es su cantidato favorito? ¿Quiénes merecerían ganar el Nobel? ¿Le presta atención a esta premio? ¿Qué premios le resultan importantes (el Herralde -de la editorial Anagrama-, el Rómulo Gallegos, el Juan Rulfo, La sonrisa vertical -de literatura erótica-, el premio Planeta, Premio Clarín...)? ¿Cuáles de todos esos premios le resultan una guía para elegir nuevas lecturas? Esperamos sus apuestas y sus favoritos.