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2008/09/03

El escritor es un poble diablo

José Saramago (Escritor): El escritor es un pobre diablo que trabaja

El escritor portugués José Saramago reivindica que “el escritor es alguien más entre los 7.000 millones de personas que viven en el mundo”, en la sesión sobre los escritores como referentes de la sociedad

El escritor José Saramago ha reivindicado que “escribir es un trabajo y a menudo esta parte se olvida”. Para Saramago cuando se habla de un escultor “las cosas cambian porque es un trabajo que se hace con las manos”. El escritor cree que “hace falta reivindicar la escritura, incluyendo la automática del surrealismo, porque se trata de una elaboración racional, se miden y ajustan unas palabras detrás de las otras”. “El escritor es un pobre diablo que trabaja”, ha apuntado Saramago. En relación con la cuestión planteada en la sesión sobre si el escritor es referente moral de la sociedad, Saramago ha dicho: “En ningún momento pasado o en eso que denominamos presente o futuro, el escritor será referente moral de la sociedad”.

Saramago ha explicado que “en un mundo donde viven 7.000 millones de personas el único referente que tenemos, o el que nos hemos visto forzados a tener, es la figura del cura”. Para Saramago, “el cura es un señor que cree ser portador de la verdad y que puede transmitirla pacíficamente; si está convencido de que la suya es la única verdad, entonces no es un referente, sino que se convierte en otra cosa”. Saramago ha explicado que “en el desembarco de las carabelas en un mundo desconocido los referentes fueron el cura y el soldado, y eso es un esquema autoritario fomentado en una única verdad, un solo referente”. El escritor ha explicado que existen dos formas de pensamiento: “El superficial que controlamos y el subterráneo que se encuentra en la mente y que en ocasiones sube a la superficie”. Para Saramago este segundo pensamiento “es lo que denominamos inspiración”. Saramago ha dicho: “Yo no soy referente, ni siquiera soy un referente en la calle donde vivo, ni en mi casa”.

Para Saramago su obra expresa lo que “yo quiero decir, lo que llevo dentro”. A pesar de ello, el escritor ha admitido que “aquello queda escrito y no podemos olvidarlo”. En este sentido, Saramago ha añadido que “siempre se puede extraer algo de la obra de un escritor, de algo debe servir”. Saramago ha reconocido: “He tenido referentes, pero eso debe ser privado, de cada cual, y si eso pasa el escritor no lo ha buscado”. También ha dicho que “este trabajo es absolutamente maravilloso, pero no hace falta tener la impresión de limpiar las palabras”. Para el escritor “hay palabras limpias y palabras que siempre estarán sucias, nosotros debemos tener la sabiduría de separar las unas de las otras”.

“Como escritores tenemos que vivir limpiamente, pero aun así, también utilizamos palabras sucias porque el mundo está lleno de ambas”, ha añadido Saramago. En este sentido, el escritor ha apuntado que “había palabras limpias que ahora están sucias y tal vez la culpa es nuestra porque no las limpiamos”. Saramago se ha referido al conflicto de Oriente Próximo, del que ha dicho: “Si los palestinos fuesen los que atacan, si fuesen la fuerza y los israelitas fuesen los débiles, la comunidad internacional hubiese intervenido para poner fin. Estados Unidos hubiese desembarcado”. “Las palabras se están utilizando como instrumento de la muerte”, ha añadido Saramago.

José Saramago

LA FLOR MÁS GRANDE DEL MUNDO
Visita y observa este vídeo
http://www.youtube.com/watch?v=-KTL94Rl7CI

José Saramago


Sin estudios universitarios y con una obra escrita casi en su totalidad a partir de los 50 años de edad, José Saramago (Portugal, 1922) es considerado uno de los más importantes narradores de nuestro tiempo. Tras ejercer los más diversos oficios, publicó en 1947 su primera novela Tierra de pecado, pero dejaría este género literario, en sus propias palabras porque “no tenía nada que contar aún”, para retomarlo 30 años después con Manual de pintura y caligrafía (1977) y Levantado del suelo (1980), libros que obtuvieron diversos premios literarios en su país. Fue el inicio de una serie de los reconocimientos que culminarían con el Premio Nóbel de literatura en 1998.Libros de Saramago comentados por Javier Agreda en esta página:

- Levantado del suelo (1980)

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Memorial del convento (1982)

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La balsa de Piedra (1986)

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Historia del cerco de Lisboa (1989)

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La caverna (2000)

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El hombre duplicado (2002)

-
Ensayo sobre la lucidez (2004)


Ensayo sobre la lucidez

Con más de 80 años de edad, el escritor portugués José Saramago (Azinhaga, 1922) se mantiene vital y productivo. Sigue publicando vastas novelas y generando controversias con ellas y con sus siempre polémicas declaraciones políticas, las de un “comunista libertario”, como se ha definido hace poco. Saramago, Premio Nobel de literatura 1998, acaba de publicar Ensayo sobre la lucidez (Alfaguara, 2004) novela eminentemente política, “fábula, sátira y tragedia sobre la democracia”.

En las elecciones municipales de la capital de un innominado país, la mayoría de los habitantes optan por el voto en blanco, obligando a que se hagan nuevas elecciones, en las que los votos en blanco aumentan, llegando al 85%. Entonces las autoridades, encabezadas por el propio presidente y sus ministros, deciden enfrentarse a lo que consideran una conspiración contra la democracia. Abandonan la ciudad, llevándose al ejército y a la policía, y declaran la emergencia y el estado de sitio. A pesar de ello, los “blanquistas” logran organizarse y vivir en paz sin autoridades; por eso éstas comienzan a perpetrar asesinatos y atentados terroristas, mientras acusan y juzgan públicamente a personas inocentes, para asegurarse que sean los mismos ciudadanos los que pidan el retorno del antiguo orden.

La historia se narra basándose casi exclusivamente en los diálogos entre autoridades (comisarios, ministros, presidente), en sus declaraciones y comunicados públicos. Saramago reproduce los discursos de estos personajes exagerando sus peculiaridades y vicios; para ello hace un verdadero despliegue de barroquismo verbal, humor negro y su reconocido virtuosismo técnico, que lo ha llevado a inventar una nueva y más dinámica convención para el manejo de los diálogos. Con esos recursos, la novela se convierte en una feroz sátira contra los políticos en general, la policía, los servicios de inteligencia; y también los medios de comunicación masiva (diarios, radios y TV), tanto los propietarios como quienes trabajan en ellos.

El énfasis en los diálogos tiene como consecuencia un cierto descuido de los otros elementos de la narración. En la propia novela se comenta algunas de estas debilidades: “la escasa atención, por no decir nula, que el narrador de esta fábula está dando a los ambientes en que la acción descrita, por otro lado bastante lenta, transcurre”. Pero el mayor problema es la falta de protagonistas, de figuras reconocibles por el lector dentro de la masa de votantes en blanco. Saramago parece darse cuenta de este defecto recién a la mitad de la novela (página 230) y entonces opta por una solución poco usual: traer a todos los protagonistas de otro libro suyo, Ensayo sobre la ceguera (1995). Así volvemos a encontrarnos aquí con ese extraño grupo de personajes sin nombre que sobrevivió a la trágica epidemia de ceguera blanca narrada en aquella novela.

A estos problemas estructurales se suman otros derivados de lo demasiado explícitas y reiterativas que resultan las propuestas políticas del autor, sus cuestionamientos a la democracia tal y como la conocemos hoy. Independientemente de la validez o las falacias de sus argumentos, al convertirse en lo más importante para la creación de un universo ficcional sólo generan personajes caricaturescos, situaciones maniqueamente llevadas al límite y extensos párrafos en los que el narrador omnisciente apela a una retórica que cae en lo demagógico. Características que han llevado a la crítica portuguesa a calificar a esta novela como un “malengendro político”.

Hace un par de años, con motivo de la publicación de la novela El hombre duplicado, Saramago afirmó estar saliendo de un largo “período de falta de inspiración”. Ensayo sobre la lucidez parece indicar lo contrario, pues no llega a sostenerse como ficción autónoma y como segunda parte de Ensayo sobre la ceguera es francamente decepcionante.