2008/06/30

En España: Catalán y Castellano

Contra el monolingüismo

Es conveniente que los intelectuales no se inhiban ante los problemas de la sociedad. Ahora bien, desanima y desconcierta que personas brillantes como Mario Vargas Llosa, Fernando Savater, Luis Alberto de Cuenca o José Antonio Marina apoyen el reciente manifiesto en defensa del castellano como lengua común en España. ¿Son conscientes de la distancia enorme que separa el país que describen del real en el que vivimos unos cuantos millones de personas? ¿No conocen los datos rigurosos sobre conocimiento y uso del español y del catalán por ámbitos que el jueves difundió el barómetro de la comunicación y la cultura?El castellano no corre peligro de desaparición en las autonomías con doble oficialidad lingüística, porque la escuela garantiza el conocimiento y porque cualquier ciudadano que viva en estos territorios encuentra el castellano en una posición predominante cuando lee las publicaciones que puede adquirir en un quiosco o en una librería, cuando ve la televisión, cuando mira las carteleras de cine... Es lamentable, además, que la UPD de Rosa Díez y el PP compitan por conseguir adhesiones a un texto tan poco fundado. Pueden estar tranquilos: sus temores no están justificados en absoluto, porque el español es una de las lenguas más difundidas en todo el mundo, sino porque ni las instituciones ni la gente pretenden, al impulsar el aprendizaje y el uso del catalán, que el castellano desaparezca.
La presentación del documento sirvió también para que Savater reiterara que los ciudadanos tienen derechos lingüísticos, pero los territorios, no. ¿Por qué, entonces, habla de España el manifiesto? ¿O es que quizá hay algún catalanohablante que reclame trabajar en catalán en Madrid o en Rusia? ¿O no es territorial el vínculo que establece la oficialidad del holandés en Holanda, con independencia de que los holandeses de nacimiento hablen también otras lenguas o de que vivan en Holanda personas con otras lenguas maternas? Pero vamos al meollo de la polémica que cíclicamente reaparece. Aprender una nueva lengua nos enriquece cultural y comunicativamente, y no comporta renunciar a las lenguas que ya se conocen. Defender el catalán no significa destruir el castellano. Tras este manifiesto hay una dificultad para entender que cada vez serán menos las sociedades monolingües y que Catalunya no aspira a la opción reduccionista del monolingüismo, sino a lograr que el catalán, que se habla en este país hace ya 1.200 años, tenga un uso institucional y público destacado, que no debe impedir el conocimiento y el uso normal del castellano, que es también oficial en Catalunya, y la adquisición por parte de la población catalana de conocimientos crecientes de otras lenguas.
A PROPÓSITO
Rosa Díez recoge firmas en Bilbao para el manifiesto en defensa del castellano
La diputada y líder de UPyD, Rosa Díez, defendió ayer en Bilbao la necesidad de una ley contra la discriminación por razones lingüísticas y por la libertad de elección de los ciudadanos de la lengua oficial en que quieren relacionarse con la Administración o educar a sus hijos. Junto a otros representantes de su formación, Díez recogió firmas en el centro de la capital vizcaína en apoyo del Manifiesto por la lengua común promovido por una veintena de intelectuales, entre ellos Mario Vargas Llosa, Fernando Savater o José Antonio Marina.
La diputada reclamó que "no se produzca discriminación a aquellos ciudadanos que quieren educar a sus hijos en la lengua castellana", informa Efe. Díez, quien registró el pasado viernes en el Congreso una proposición de ley orgánica contra la discriminación en este ámbito, consideró que establecer en el currículo vasco el euskera como lengua principal del sistema educativo supone "una decisión en contra de la libertad de elección".

En su opinión, hay que garantizar que se pueda educar a un niño en cualquiera de las dos lenguas oficiales del País Vasco y también que un ciudadano español que recorra la península pueda ver "los carteles en cualquiera de las dos lenguas oficiales, pero siempre y en toda España, en la lengua común". Agregó que "son principios tan obvios" y "de sentido democrático que es un pena tener que regularlo por ley, pero hemos llegado a una situación en que no es el castellano el que está perseguido", sino que "están discriminadas las personas que quieren utilizarlo". Los más afectados por esa discriminación que aprecia son los ciudadanos con menor renta, incidió.
Nada amenaza al castellano
El Manifiesto por la lengua común, promovido por Fernando Savater y al que se han adherido intelectuales de expresión castellana cuya obra respetamos, ha abierto una caja de Pandora sin nada dentro más que los tópicos y lugares comunes de un conflicto político-lingüístico poco menos que inexistente, al menos en Catalunya. La sensación de que, animados por las mejores intenciones, los firmantes del manifiesto se han prestado a la manipulación política de la derecha intransigente se impone a cualquier otra consideración: ni el castellano está por fortuna en retroceso ni las otras lenguas españolas son una amenaza para nadie. Antes al contrario, la cohesión social prevalece allí donde el castellano comparte el espacio lingüístico con otra lengua, tanto en Euskadi como en Galicia, Baleares, Valencia y Catalunya.La inmersión lingüística ha cosechado un éxito académico indiscutible y no es un "atropello", como dice el manifiesto. Bien al contrario, ha permitido que los estudiantes terminen el ciclo obligatorio con un conocimiento similar de castellano y catalán, y si se llega a la conclusión de que nuestros jóvenes tienen un dominio deficiente de ambos idiomas, debe achacarse a la debilidad general de nuestro sistema educativo y no a la inmersión. Es más, las pruebas de acceso a la universidad celebradas este mes han arrojado una nota media en el castellano (6,25) superior a la del catalán (5,52).
De acuerdo con la ley El Tribunal Constitucional y el Tribunal Superior de Justícia de Catalunya han confirmado que el sistema se atiene a la ley, con independencia de que la Administración debe cumplir determinadas condiciones para garantizar la educación en castellano de los niños cuyos padres así lo desean. Y, desde luego, si este requisito no se cumple, debe ponerse remedio a esta situación que, en cualquier caso, afecta a un número francamente pequeño de familias. Puesto que el bilingüismo es la norma y, nada justifica que se enquisten en el engranaje educativo aquellos casos concretos que pueden enturbiar la realidad.La enseñanza y, por extensión, la vida cotidiana en todas partes, no puede regularse desde enfoques politizados tan respetables como reduccionistas.
El régimen lingüístico que rige en nuestras aulas debe quedar a criterio de los especialistas en la materia y no de los políticos, porque, en este caso, se da pie a situaciones tan poco ejemplares como el tira y afloja para la implantación de la tercera hora de castellano, pospuesta un año para remansar las aguas de ERC. Pero deducir de lo antedicho que nos hallamos ante "imposiciones abusivas", como dice el manifiesto, es una exageración.También se antoja exagerado presentar la situación en las comunidades bilingües como la propia de un régimen permanente de imposiciones y sanciones. Seguramente no siempre han tenido los gobernantes catalanes el punto de prudencia y contención deseables, pero de ahí a colegir que se coarta la libertad de los ciudadanos media un abismo que parece que los afectos al manifiesto se han atrevido a cruzar de una sola zancada.Cambios innecesariosEs igualmente exagerado reclamar del Parlamento "una normativa legal de rango adecuado" --sin descartar la reforma de la Constitución-- para salvar al castellano de las presuntas amenazas que se ciernen sobre él, como se recoge en el manifiesto.
Basta con navegar por el dial radiofónico o dar un repaso a los canales de televisión, basta con entrar en una librería o acercarse a un quiosco de prensa, para darse cuenta de que la conflictividad lingüística es inexistente y la debilidad del castellano, un espantajo para alarmar a personas poco informadas o agitar la política.En suma, los firmantes del manifiesto transmiten a la sociedad catalana --también a las de las demás comunidades con lengua propia-- que, una vez más, los intelectuales de expresión castellana se desentienden de la suerte del catalán y solo se movilizan para consagrar una situación objetiva de privilegio. Un esfuerzo del todo innecesario porque también en Catalunya se entiende que la cultura castellana --escritores, editoriales, tradiciones, la inmigración de la posguerra-- forma parte de su propia cultura, y rara vez se ha puesto en duda este dato esencial para comprender la urdimbre de la identidad catalana.

2008/06/29

La dama de las camelias -l Lteratura romántica





La Dama de las Camelias por su autor Alejandro Dumas se inspiró para crear esta inmortal y romántica heroína (que Verdi a su vez recreó cambiando el nombre de Margarita Gautier por el de Violeta Valery en su famosísima ópera La Traviata) en una figura real: Marie Duplessis, cortesana de raro y exquisito refinamiento, que fue su amante, y que murió, como la heroína de ficción, muy joven, y asimismo de tuberculosis.“La persona que me sirvió de modelo para la heroína de La Dama de las Camelias se llamaba Alphonsine Plessis, quien se había compuesto el nombre más eufórico y destacado de Marie Duplessis”, reveló Dumas hijo en 1867, 19 años después de la primera edición de la pieza.Según su autor, el personaje original era grande, bien formada, de pelo negro y rostro “rosa y blanco. Tenía la cabeza pequeña, de largos ojos como una japonesa, pero vivos y finos, los labios rojos de cerezas y los más bellos dientes del mundo...”.Sin embargo el autor la conoció en 1844 cuando la opulencia de su belleza comenzaba a apagarse a causa “de un mal del pecho”, elípsis para evitar nombrar a la temible tuberculosis que en aquella época era incurable.La joven Duplessis murió en 1847 a la edad de sólo 23 años, narraba Dumas hijo.

“Fue una de las últimas y únicas cortesanas que tenían corazón” explicó el autor sin ocultar su simpatía por aquella mujer que él ayudó a inmortalizar.La novela apareció un año después de su muerte. Para quienes se pasean por París, Dumas hijo tiene una propuesta: si en el cementerio de Montmartre, ustedes piden ver la tumba de La Dama de las Camelias, el guardián los conducirá a un pequeño monumento cuadrado que lleva escrito sólo éstas palabras: “Alphonsine Plessis, una corona de camelias blancas artificiales, selladas en el mármol blanco. Esta tumba tiene hoy su leyenda. El arte es divino, crea o resucita...”
Argumento
Alejandro Dumas (hijo) narra en su novela La Dama de las Camelias (1848) la historia de Margarita Gautier -cortesana en el París del siglo diecinueve- quien sintiéndose redimida de su pasado por el auténtico amor que por ella profesa Armando Duval -joven perteneciente a la alta burguesía provinciana- decide recluirse con este último en el campo.

Gautier/Duplessis guarda la esperanza de disfrutar del amor verdadero durante los últimos días de su vida, ya que no considera la posibilidad de poder sobreponerse a la terrible tuberculosis que la afecta.
Jorge Duval -padre de Armando-, se presenta de improviso, y en un encuentro a solas con Margarita, le ruega que abandone a su hijo, aduciendo que la familia del prometido de su otra hija, rehusa realizar el matrimonio por el escándalo que supone que Armando conviva con una conocida cortesana.
Margarita resuelve sacrificarse en aras de la felicidad de la pura e inocente joven, fingiendo abandonar a Armando por un nuevo, aristocrático y adinerado amante, y volver a su antigua vida licenciosa.
Armando, enloquecido de furia y celos, la humilla en público cruelmente durante una fiesta, arrojándole un fajo de billetes “en pago de sus favores”.

A través de la lectura del diario íntimo de Margarita, Armando se entera de su abnegación y sacrificio, aunque ya es demasiado tarde. Margarita, abandonada por todos salvo por la fiel ama de llaves y su mucama, muere clamando por Armando, único y verdadero amor de su infortunada vida.Armando, con la excusa de cambiar de sitio la tumba de Margarita, contempla desolado el cadáver de ésta, por última vez, en la escena que abre la narración de Alejandro Dumas.

2008/06/28

Mario Bunge es un genio de antaño...Todo un positivista


"La razón no existe separada de la emoción"

El físico y filósofo argentino evoca su infancia, habla de sus preferencias literarias y reflexiona sobre los riesgos que entrañan las religiones. También señala la importancia de que los ciudadanos se involucren en la vida política del país y de que el Estado invierta recursos en investigación científica y tecnológica.
Buenos Aires es un caos de tránsito incluso en la coqueta zona de Plaza San Martín, donde Mario Bunge se hospeda con su esposa durante su estadía otoñal en la Argentina. Llegamos apurados a conversar con él, pero la impuntualidad no parece molestarle a este señor atildado, sin exageraciones ni poses de celebridad. Hace siete años que no viene a la Argentina, pero Bunge no encuentra mayores diferencias: las veredas destrozadas, la misma basura en las calles. "Eso sí, la gente parece estar mejor, mucho más amable", dice el filósofo, epistemólogo y físico que ha pasado sus últimas cuatro décadas en Canadá. Desde su cátedra de Lógica y Metafísica en la Universidad McGill, en Montreal, Bunge se ha dedicado a enseñar y a escribir incansablemente. De esa labor resultaron tratados de erudición inmensa, como los ocho tomos sobre filosofía que están empezando a traducirse al español; además de artículos especializados y libros sobre su gran pasión: la filosofía y la metodología de la ciencia. Pero es posible que su fama se la haya ganado, para bien o para mal, gracias a sus posiciones recalcitrantes respecto del "psicoanálisis, la homeopatía, el existencialismo y otras pseudociencias", tal como se encarga de subrayar.

A esta altura, a Mario Bunge se le puede perdonar todo: su lucidez, su escepticismo, su mordacidad, su estilo de predicador del progreso y sus críticas despiadadas a los que no son de su gusto. Y eso que la lista de los que caben en su categoría de "charlatanes" es larga: empieza con los filósofos Husserl, Kant, Heidegger y Sartre, sigue con los pensadores y científicos neodarwinianos Daniel Dennett, Steven Pinker y Richard Dawkins, y termina, siempre, con Freud, "el rey de los macaneadores", como le gusta decir a Bunge en uno de los tantos giros porteños que se le agradecen. En 1995, una revista de actualidad lo puso en tapa con el título "Bunge: El hombre más inteligente de la Argentina". ¿No será mucho?, se preguntaron algunos entonces. No obstante, hay que reconocerle a Bunge el haber sido fiel no a su inteligencia sino a sus pensamientos. Este hombre tiene la cualidad de la honestidad intelectual, esa virtud que precisamente falta en muchos de quienes lo acusan de "dinosaurio".

Como dice, "se puede ser arrogante cuando se es muy ignorante". Bunge quiere ser exacto en todo, hasta en la filosofía, la psicología, la sociología y la moral. Pero es capaz de pasar del análisis lógico y distante de una cuestión metafísica a confesar su adoración por los niños con una sonrisa encantadora. Con unos ojos azules que se adivinan tras los lentes, y con un visible esfuerzo para superar la sordera de un oído, Bunge se abre a la entrevista con la paciencia de quien ha escuchado a decenas de periodistas "que no tienen idea de nada", como se encarga de advertir desde el principio. -Usted ha investigado en filosofía política, en economía y le apasiona la política. Además, una parte de su familia (la vinculada a Bunge & Born) tiene profundas vinculaciones con el campo.

¿Qué piensa del conflicto por las retenciones al agro? -No me interesa contestar sobre eso, no estoy al tanto. Hay dos bandos ideológicos claros, pero no quiero meterme en esto. -Pero usted siempre se declaró socialista. -Sí, pero del socialismo auténtico, el que nace de abajo para arriba, el que propugnó en el siglo XIX Louis Blanc. Si uno predica el socialismo desde arriba, estatizando, está buscando la dictadura política. Y socialismo sin democracia no es socialismo. -Evo Morales, el presidente de Bolivia, estatizó las petroleras y las comunicaciones.


¿Cuál es su opinión al respecto? -Asocio la nacionalización con una medida de emergencia. Cuando una compañía extranjera estorba al país, puede ser conveniente, pero no creo que el Estado deba convertirse en industrial. La única función del Estado es administrar el bien común, facilitar el progreso y la iniciativa privada sin apoyar el privilegio.

-¿Usted se siente privilegiado en algún sentido? -Sí, por supuesto. No he pasado mayores apuros económicos, salvo durante el peronismo. He tenido el privilegio de ser el hijo de mis padres [el médico y diputado socialista Augusto Bunge y la enfermera alemana María Schreiber]. He ido a las mejores escuelas que había en ese momento y he enseñado en las mejores escuelas, tanto aquí como en Canadá y en Europa. He tenido la gran suerte de que me dejaran seguir estudiando a pesar de que en la secundaria era un alumno mediocre. De mediocre para abajo.

-¿Cómo es eso? ¿No fue al Colegio Nacional de Buenos Aires y dio las últimas materias libres? -Sí, al final me fui, y me puse a estudiar en serio. Porque entonces ya no era la responsabilidad del profesor sino de mí mismo. Y me encantaron materias como Matemática, Física, Química, Biología.

-¿Por qué era un alumno mediocre? ¿No le interesaba estudiar en esa época? -Me interesaba mucho más estudiar la naturaleza, jugar al fútbol, andar en bicicleta, explorar los alrededores de la ciudad, conversar y leer sobre política, que siempre me apasionó, y leer novelas que estudiar para el colegio. No es que fuera vago, es que no me interesaba la enseñanza autoritaria. Una vez me llamó el rector del colegio, un noruego altísimo y muy seco, para preguntarme por qué no me interesaba el colegio. Y yo le dije que ahí regía una disciplina medieval [se ríe]. No se podía silbar, no se podía caminar si no era a una cierta velocidad, no se podía hablar, parecía un monasterio. Le causó gracia lo que le dije pero es que había que memorizar unas poesías de poetas españoles que a mí me parecían mediocres, prefería leer poesía en otras lenguas, prefería a Heine en alemán que a Gustavo Adolfo Bécquer, que me resultaba muy cursi.

-¿Cómo aprendió a leer alemán? -Recibí clases particulares. Mi padre apreciaba mucho la cultura alemana y hablaba alemán perfectamente. A mí me encantaba leer en francés. De hecho, al único profesor que estimaba era al de francés: Osmar Moyano. Era el único que comprendía a los chicos, los trataba individualmente, incluso les regalaba y les recomendaba libros que podían interesarles. Era muy buena persona y muy buen profesor. Desgraciadamente, mis compañeros se burlaban de él, pero yo siempre lo traté con respeto.

-¿Cuáles son los autores que aún le calientan el corazón o los nuevos que le gustan? -Los más grandes novelistas son Cervantes y Tolstoi. El Quijote y La guerra y la paz para mí son libros insuperables, los sigo leyendo y los leía de a poquito, de a cuatro o cinco páginas, para que no se terminaran y poder disfrutarlos. Pero yo leo omnívoramente, hay muchos autores de distintos países que me gustan. La última novela que me causó impresión fue la del afgano Khaled Hosseini, Cometas en el cielo . Leo a franceses, indios, albaneses, canadienses. Mi favorita entre los últimos es Margaret Atwood. Es una gran estilista, ha escrito poesía, novela, teatro, y también es una gran activista social.

-¿Un escritor tiene que tener siempre un compromiso social? ¿O la literatura se sostiene sola? -No necesariamente tiene que tener un compromiso social. En el caso de la poesía lírica, no. Pero en la novela sí, porque se trata de gente de carne y hueso. Por eso me gustan tanto los escritores indios, que generalmente viven en Inglaterra, en Estados Unidos o en Canadá.

-¿Qué tiene Canadá que atrae a gente de tantas partes del mundo? -Canadá es una sociedad muy poco conflictiva, la tasa de crimen es muy baja, es muy raro que alguien se muera de hambre. Es una sociedad pacífica y bastante igualitaria, aunque últimamente ha aumentado la desigualdad de ingresos. No hay conflictos de razas, de creencias. Ninguna de las iglesias es agresiva, a diferencia de las de los protestantes estadounidenses, que son de una mentalidad medieval. Y no tienen influencia sobre la educación, por ejemplo. No ponen trabas a la biología evolutiva o a ciertas investigaciones científicas. No tienen influencia sobre el gobierno. A ningún primer ministro canadiense se le ocurriría decir que su gobierno está basado en la fe, la gente se reiría. Hay separación completa entre Iglesia y Estado.

-¿Qué piensa de la religión? -Pienso que las religiones son creencias primitivas, que las religiones casi siempre han apoyado el statu quo . Cristo, como sabemos, no fue un revolucionario social sino un reformista religioso. Nunca se pronunció contra los peores males de su época: la esclavitud y la guerra; no combatió el imperialismo romano. Las religiones, todas, han sido usadas como instrumento de control social. La única que no ha sido usada así en el comienzo fue el budismo, pero como sabemos, el budismo no es una religión, porque Buda era ateo.

-Usted mismo es un ateo [Interrumpe] -Ah, sí, sí, sí. Pero no soy un ateo militante. Creo que hay problemas mucho más importantes que las religiones. Tengo mucho cariño por parientes y amigos que son católicos fervientes, y los aprecio mucho más que a algunos compañeros ateos. Tienen buenos sentimientos y buenas ideas acerca de la sociedad. Stalin era ateo y no tenía precisamente buenos sentimientos.

-¿De dónde surge esta necesidad de creer? -Durante 5000 años China ha sido un país ateo. Y Japón, uno de los países más avanzados del mundo, es un país de ateos. No es una necesidad la religión, es algo impuesto desde arriba. -¿No hay alguna creencia que suplante la necesidad de la religión para usted? -Sí, la necesidad de vivir lo mejor que se pueda la única vida que tenemos y ayudar a los demás. -La base de su filosofía ética es: "Disfruta de la vida y deja a los demás disfrutar de la suya". -Sí, exacto. Creo que es la máxima máxima moral. Todo lo demás sale de ahí.

-¿Qué es para usted disfrutar la vida? Porque para cada uno puede ser algo diferente. -Claro, creo que ninguna Iglesia ni ningún Estado debería decirle a uno cómo disfrutar la vida, pero sí debería ayudarlo a uno a disfrutarla como mejor le parezca. Y ayudarlo en todo caso a no dañarse a sí mismo. A comprender que el alcohol es malo y el tabaco, si se puede decir, es peor; que la cocaína es mala, que matar es malo, que el egoísmo es malo, etcétera. -Las sociedades consideran un crimen quitarse la vida. -Eso es otra cosa. Creo que el suicidio es criminal si perjudica a otras personas, por ejemplo, si alguien al suicidarse deja a una familia desamparada. Pero una persona que no puede seguir gozando de la vida ni puede ayudar a nadie, que sufre de una enfermedad horrorosa o que se siente ya inútil, triste y deprimida, tiene el derecho de matarse. Hay derechos y obligaciones en la vida. Eso es lo malo de la Declaración de los Derechos del Hombre. Tendría que ser Derechos y Obligaciones del Hombre. Hace muy poco me enteré de que la máxima que yo creí haber inventado ("No hay derechos sin obligaciones y no hay obligaciones sin derechos") era un lema de la primera Asociación Internacional de Trabajadores.
-¿Cuáles son las obligaciones humanas? -Pagar los impuestos, no jorobar al prójimo, tratar de ayudar cuando lo necesite, hacer contribuciones a organizaciones no gubernamentales, participar en política. Para mí, participar en política es un derecho y una obligación. Usted tiene el derecho de votar y la obligación de informarse para hacerlo. No tiene por qué afiliarse a un partido, aunque es aconsejable, pero el ciudadano tiene que participar de alguna manera en la vida política. Precisamente lo malo de nuestras democracias es que son muy restrictivas en cuanto a la participación.

-Hay un movimiento de intelectuales que reclama que sólo voten los que quieren. Que haya libertad de no votar, como en Estados Unidos. -Ah, no, no. Todos tenemos la libertad de votar en blanco, pero todos tenemos la obligación de considerar, de estudiar la situación y tomar alguna decisión. Aunque sea la decisión de decirles a todos los partidos: "Ninguno de ustedes me gusta", que es votar en blanco. Si el voto no es obligatorio, el resultado es que los más emprendedores, los más pillos toman la delantera y ocupan el espacio político. Como usted sabe, en los países europeos, como aquí, la votación es obligatoria. En Estados Unidos, el presidente es elegido por una cuarta parte del electorado. Sólo vota la mitad, y la mitad de ellos elige al presidente. Bush representa, en el mejor de los casos, el 25% del electorado. Eso no es democracia.


-Usted ha sido a lo largo de su vida un adalid del progreso, un abanderado de las ciencias. ¿Se sostiene todavía eso en un mundo donde la ciencia está imbricada con la tecnología y puede resultar negativa para la sociedad? -Por supuesto que sigo siendo un abanderado de las ciencias. Pero el progreso tiene que ser en todos los órdenes: hace falta no sólo progreso cultural y técnico sino también social, político, económico.


-¿Pero la ciencia y la técnica van, per se, hacia un progreso benefactor? ¿Habría que ponerles algún límite? -A la técnica, sí, porque hay técnicas benignas y malignas, como la del asesinato en masa, la tortura. Pero el conocimiento no hace bien ni daño por sí mismo. Algunos pocos conocimientos pueden utilizarse para el mal, pero la mayoría no. Por ejemplo, la matemática pura, la astrofísica, la historia no sirven para dañar a nadie.

-Para usted, se sigue sosteniendo la diferencia tajante entre ciencia y técnica. Le pregunto, entonces: ¿la política y los intereses económicos influyen en la ciencia o ella es neutra completamente? -Seguro que influyen, pero la política puede favorecer la investigación o coartarla. Por ejemplo, en la Argentina jamás gobierno alguno ha favorecido el desarrollo científico en la medida en que ha debido hacerlo. Los argentinos son tacaños con la ciencia, invierten solamente el 0,3% del producto bruto interno. Brasil invierte el 1%, por eso nos ha ganado la carrera y produce mucho más ciencia que la Argentina. Ni hablemos de países como Corea del Sur, la China, Inglaterra.

-Tal vez algo pueda cambiar ahora que se creó el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva en la Argentina. ¿Qué le parece? -Depende del poder que se le dé. Sadosky [designado en su momento por Raúl Alfonsín] no tenía poder, tenía un presupuesto mínimo y heredó una infraestructura que no pudo cambiar. Los ministros de Ciencia y Técnica de otros países tienen poder porque tienen presupuesto. Por otra parte, la ciencia no les interesa a los partidos políticos ni acá ni en Estados Unidos, donde los candidatos no han dicho una palabra sobre la ciencia, porque no saben, no están enterados.

-Creo haberle escuchado decir a Obama que va a bajar el presupuesto de la NASA -La NASA es una empresa técnico-política. Tiene poca ciencia. Ha hecho cosas interesantes, especialmente al mandar sondas a Marte para ver si hay vestigios de vida y al estudiar el origen de la vida. Pero hay mucha gente en Estados Unidos que está de acuerdo en que es absurdo gastar tanto en el programa espacial cuando se gasta tan poco en programas sociales sobre la Tierra. Pero no hace falta quitarle el presupuesto a la NASA, con el del Pentágono alcanza. El gobierno de Bush heredó un superávit. Ahora tiene un déficit de 10 trillones de dólares. Es criminal gastar ese dinero en aventuras bélicas que ni siquiera han dado el resultado esperado, cuando hay tanta miseria.

-Hay una gran discusión sobre el proyecto de la presidenta argentina de construir un multimillonario tren bala. ¿Qué piensa? ¿Puede ser una idea-fuerza hacia el futuro, como cuando Kennedy se impuso el objetivo de llegar a la Luna? -¿Por qué no adoptar un plan mucho más barato y más útil: restaurar las vías férreas que fueron desmontadas por el gobierno de Menem? Esto sólo favorece a los camioneros y a los autobuses pero quedan desamparadas decenas, sino centenares, de poblaciones. Lo mismo pasó en Estados Unidos: levantaron miles de kilómetros de vías férreas para favorecer el famoso trío formado por las empresas camioneras, petroleras y constructoras de caminos.

-¿Ha perdido las esperanzas respecto de la Argentina como país? -Al contrario, de ninguna manera. Creo que la Argentina tiene un material humano de gran calidad y además, a pesar de todo, el ingreso medio de los argentinos es el doble que el de los brasileños. Es decir, el ingreso está mejor repartido que en el Brasil. Desgraciadamente, no hay cifras en la Argentina sobre la desigualdad de ingresos. El índice GINI se usa en casi todos los países del mundo para medir desigualdad. Así se sabe que Suecia y Japón son los países más igualitarios del mundo, mientras que Guatemala, Brasil y las semicolonias centroamericanas tienen el índice más alto de desigualdad. América latina es la región del mundo caracterizada por la mayor desigualdad del ingreso. Más que África. Estamos a la cola, sobre todo después de la aplicación del Consenso de Washington en los años noventa.

-Me gustaría preguntarle si una persona tan racional como usted ha tenido lugar para el amor en su vida. -¡Ah! Siempre he sido muy enamoradizo pero soy también gran partidario de la familia. Yo he estado casado dos veces: la primera, durante 17 años; respecto de la segunda, estoy por cumplir 50 años de casado. Y por supuesto que quiero muchísimo a mis hijos, y no sólo a ellos. A cualquier chico que anda por ahí, me paro a mirarlo, me parece una maravilla. Y la razón no existe separada de la emoción, por la sencilla razón de que en el cerebro humano, la corteza cerebral, que es el órgano de la razón, está íntimamente relacionada con el órgano de la emoción, que es el sistema límbico. La idea de Descartes de la razón pura, de que es posible pensar sin las emociones, es completamente absurda. Yo soy un apasionado de la razón. Pero además trato de controlar mis emociones, controlar mi cólera, aunque me resulta muy difícil frente a la industria de la charlatanería (el psicoanálisis, la homeopatía, el existencialismo y tantas otras cosas). No tienen la menor idea de lo que es el método científico, jamás sometieron a pruebas experimentales sus ideas. Son macaneadores completos, pero ganan bien.

-¿Qué piensa de la aplicación de categorías darwinianas en la sociología y la psicología? -No creo en la llamada psicología evolutiva. Es una pila de fantasías porque dan por sentada la teoría evolutiva de Richard Dawkins, y no es cierto lo del gen egoísta. La tesis de que somos fósiles andantes cuya mente fue conformada hace 100.000 años y que nuestra mente está adaptada a la sabana, a la llanura, a las pampas del África Oriental cuando nuestros antecesores tenían que luchar contra leopardos y cosas así es completamente ridícula. Las mentes modernas han producido la teoría de la evolución, la física cuántica, la biología molecular y tantas otras que han abordado cuestiones que no tienen nada que ver con la supervivencia del hombre primitivo. Es puro macaneo. Y, además, ha servido para apuntalar el conservadurismo político, la idea de que la educación y las reformas sociales nada pueden. Dennett, Pinker y Dawkins, los tres mosqueteros los llamo yo, propagan pseudociencia al mismo tiempo que se proclaman a sí mismos los inteligentes ( the right ones ), lo que es muestra de su arrogancia. Y se puede ser arrogante solamente cuando se es muy ignorante.

-Usted tiene 88 años. ¿Le teme a la muerte? -A morir, sí. A la muerte, no. Es decir, al proceso de morir le tengo miedo, a quedar impedido. Por eso he firmado el living wills [una especie de deseo testamentario] donde pido que si estoy impedido de hablar, de pensar, traten de matarme lo antes posible. Yo no trabajo para la muerte, sino para vivir lo mejor posible.

¡Oh! no que genio, pero toda una eminencia. Me hace recordar mis años universitarios... el pesado Mario Bunge.

Dios y la depresión

Un vídeo interesante

2008/06/26

Toda la obra de Margaret Atwood, premio Príncipe de Asturias, contiene una mirada crítica

El Premio Príncipe de Asturias de las Letras ha galardonado este año a la escritora canadiense Margaret Atwood por su defensa "de la dignidad de las mujeres" y su "denuncia de situaciones de injusticia social", tanto en su obra novelística como poética. En la última votación, Atwood (con seis títulos publicados en España por Ediciones B) se impuso a Juan Goytisolo, defendido por los miembros del jurado que reclamaban que el galardón recayese en un escritor en lengua española.Candidata al Premio Nobel de Literatura desde hace algunos años, Margaret Atwood (Ottawa, 1939) es la personalidad literaria más representativa de la literatura canadiense actual y una de los escritores más sobresalientes de las narrativas occidentales de hoy. No obstante, pese a que es la novela el género que le ha otorgado reconocimiento internacional, hay que tener en cuenta que Margaret Atwood es también ensayista. Una brillante ensayista y, sobre todo, poeta. De hecho, la poesía fue su primera expresión literaria, y los 20 títulos que ha publicado en este terreno le han valido el estar considerada como una de las poetas mayores de la poesía que se escribe hoy en lengua inglesa. Y aunque su prestigio y reconocimiento internacionales obedecen a su excelente producción narrativa --por razones obvias--, la autora no ha dejado nunca de escribir y de publicar poesía: The Door (La puerta, de próxima publicación en Bruguera), su último poemario, apareció ahora hace tan solo un año, al cabo de unos meses de la aparición de su última entrega narrativa Desorden moral (Bruguera, 2008).
ENTRE DOS GÉNEROS Así, pues, sin que el éxito como novelista la apartara de la poesía, Atwood ha ido alternando siempre la escritura poética y la narrativa. Ha dividido su quehacer literario en la práctica de dos escrituras completamente diferentes, o eso al menos es lo que se deduce de sus propias palabras en Under the Thumb: "En mi opinión, la poesía se nutre de la parte melancólica del cerebro, y, si no haces nada para evitarlo, te encuentras caminando lentamente por un largo túnel sin salida. Yo he evitado esta situación convirtiéndome en ambidiestra; también escribo novelas".Y, en una entrevista publicada en The New York Times, insistiendo en la radical diferencia existente entre su poesía y sus novelas, afirmaba que críticos y lectores, que se obstinan en entablar paralelismos y semejanzas entre su poesía y su narrativa, no reconocerían su escritura poética en caso de que la publicara con pseudónimo.Sea como fuere, el caso es que Margaret Atwood abandona el universo "aural" de la poesía --así lo denomina ella, quien confiesa que no podría vivir siempre inmersa en él-- para refugiarse en la "racionalidad" de la novela. Y, gracias a esa disociación, sus lectores podemos gozar de la obra de dos magníficas Atwood: la poeta y la novelista.Margaret Atwood, en sus construcciones novelísticas, realizadas con sabia perfección, nos remite siempre a cuestiones íntimamente ligadas con el ser humano, con el ser humano actual, inmerso en un mundo tejido a base de violencia, de domino de los más fuertes sobre los más débiles, de problemas que nos afectan a todos.
Desde El cuento de la criada, novela futurista cuyas páginas constituyen una crítica feroz a los totalitarismos, y Ojo de gato, extraordinaria recreación del universo infantil, calificada por buena parte de la crítica como su mejor novela; hasta Doña oráculo, parodia de los cuentos de hadas y de las novelas de amor, hasta Oryx y Crake, ficción especulativa de anticipación, escalofriante visión del mundo destrozado por la tecnología en oscura alianza con los intereses económicos de la industria farmacológica, las novelas de Margaret Atwood constituyen una mirada crítica sobre el mundo que nos rodea. Ecologista, defensora de los derechos de la mujer y de la libertad de expresión, en sus novelas profundiza en las razones y complejidades del comportamiento humano, de los hombres y mujeres que luchan presos entre sus sombrías interioridades y la feroz realidad exterior, a la vez que denuncia los mecanismos de poder, ya sea económico, político o religioso, capaces de generar toda clase de injusticias.

Vargas Llosa se convierte en actor


Él mismo afirmo: "Espero que como actor me vaya mejor que como político, porque si no, sería una catástrofe". Con esta frase ha explicado sus expectativas en su nueva faceta de actor el escritor peruano Mario Vargas Llosa. El próximo 2 de julio estrenará, junto a la actriz Aitana Sánchez-Gijón, una versión de Las mil y una noches, que se ha dado en llamar Las mil noches y una noche.


El escritor ha dicho sentirse "muy nervioso, asustado y, al mismo tiempo, feliz" ante la nueva experiencia, aunque no es la primera vez que se subirá a las tablas sino la tercera. Vargas Llosa ha participado en el montaje de La verdad de las mentiras en 2005 y Odiseo y Penélope en 2006.


La adaptación del clásico la ha realizado Vargas Llosa, "una versión muy libre" y ha sido presentada hoy en la Casa Árabe. La obra inaugurará el ciclo Los veranos de la Villa, un festival de artes escénicas que tiene lugar en Madrid durante el verano. Luego, la obra se representará en Sevilla el 17 y 18 de julio y en Santa Cruz de Tenerife el 26 y 27 de julio.
Un honor, vivir la ficción
El escritor ha explicado que para él subir a los escenarios es un honor. "Pocos autores tienen el privilegio de, además de inventar ficción, poder vivirla en un escenario". Para su versión del clásico, Vargas Llosa ha elegido algunos de los cuentos menos conocidos, y los ha articulado "con toda libertad" para que tuvieran unidad. "El resultado es una adaptación minimalista de un gran clásico de la literatura, cuyo sentido primordial es un homenaje al cuento, esa tradición tan antigua como el lenguaje", ha explicado.
Aitana Sánchez-Gijón, que coprotagonizará la obra junto al escritor, será Sherezade, mientras que su pareja en las tablas hará del rey Sahrigar. Pero además, la pareja interpreta también a los múltiples personajes de las historias que ella le cuenta al rey para librarse del verdugo. Sánchez.-Gijón ha sido generosa con su pareja de trabajo: "Actúa con humildad y entrega, porque se arremanga y suda la camiseta", ha dicho.

La lectura y la sabiduría proporcionan los "buenos modales" de la inteligencia


Un 10 de julio de 1871 nació el escritor francés Marcel Proust. Su obra más famosa es, sin duda, la serie de siete novelas que componen En busca del tiempo perdido. Pero ha escrito otros textos y a veces para otros libros. Lo que hoy se conoce como Sobre la lectura, por ejemplo, es el prefacio que Proust escribió para su traducción de Sésamo y lirios, de John Ruskin. Aquí, un fragmento de ese libro sobre la práctica de leer:


"Si la afición por los libros crece con la inteligencia, sus peligros, ya lo hemos visto, disminuyen con ella. Una mente original sabe subordinar la lectura a su actividad personal. No es para ella más que la más noble de las distracciones, la más ennoblecedora sobre todo, ya que únicamente la lectura y la sabiduría proporcionan los "buenos modales" de la inteligencia. La fuerza de nuestra sensibilidad y de nuestra inteligencia sólo podemos desarrollarla en nosotros mismos, en las profundidades de nuestra vida espiritual. Pero es en esa relación contractual con otras mentes que es la lectura donde se forja la educación de los "modales" de la inteligencia. Los ilustrados siguen siendo, a pesar de todo, como las personas de calidad de la inteligencia, e ignorar determinado libro, determinada particularidad de la ciencia literaria, seguirá siendo, incluso en un hombre de talento, una señal de vulgaridad intelectual. La distinción y la nobleza consisten, también en el orden del pensamiento, en una especie de francmasonería de las costumbres y en una herencia de tradiciones."

Sobre los cuentos, reflexiones de Augusto Monterroso

Augusto Monterroso (guatemalteco, 1921-2003) vivió la mayor parte de su vida en México. En su obra -de prosa concisa, accesible, claramente inclinada a la parodia, la fábula, el absurdo, el humor negro y la paradoja- se destacan los títulos Obras completas (y otros cuentos) (1959), La oveja negra y demás fábulas (1969), Movimiento perpetuo (1972) y la novela Lo demás es silencio (1978). Fue galardonado con el premio Villaurrutia en 1975 y en 1988, con la condecoración del Águila Azteca. En 1996, recibió el Premio Juan Rulfo de narrativa.
Aquí su reflexión:
"Si a uno le gustan las novelas, escribe novelas; si le gustan los cuentos, uno escribe cuentos. Como a mí me ocurre lo último, escribo cuentos. Pero no tantos: seis en nueve años, ocho en doce. Y así.
Los cuentos que uno escribe no pueden ser muchos. Existen tres, cuatro o cinco temas; algunos dicen que siete. Con esos debe trabajarse.Las páginas también tienen que ser sólo unas cuantas, porque pocas cosas hay tan fáciles de echar a perder como un cuento. Diez líneas de exceso y el cuento se empobrece; tantas de menos y el cuento se vuelve una anécdota y nada más odioso que las anécdotas demasiado visibles, escritas o conversadas.La verdad es que nadie sabe cómo debe ser un cuento. El escritor que lo sabe es un mal cuentista, y al segundo cuento se le nota que sabe, y entonces todo suena falso y aburrido y fullero. Hay que ser muy sabio para no dejarse tentar por el saber y la seguridad."