2009/10/26

La belleza en el retrato de Dorian Gray



SOPLAPUCO GUERRERO, Yessenia Geraldinne

Estudiante de la Facultad de Derecho, V ciclo

Asesora: María Flor Chirinos Sánchez

Asignatura: Lengua y Comunicación II

–Chiclayo- 2009


Una gran parte de esta única novela de Oscar Wilde gira en torno a la belleza. Su búsqueda, el egoísmo de poseerla eternamente y de adaptarla como forma de vida. De ella podemos decir pues, que se encuentra dentro de la corriente esteticista – el arte por el arte- que surge a finales del S. XIX en Inglaterra.[1] Pero la razón por la que decidí tratar este tema en especial es porque creo que la belleza, no solo se manifiesta a nivel de cada personaje, sino en la esencia de la obra misma. Esta sea tal vez, la clave del éxito literario de Wilde, pues esta “intención esteticista”[2] la hallamos en toda la obra.

Es por esto que pretendo centrarme precisamente en la manera en que Wilde plasma la belleza en sus personajes y la interpretación que estos hacen de ella. Comencemos pues, indagando sobre un concepto general de este término, según la RAE: “…Propiedad de las cosas que hace amarlas, infundiendo en nosotros deleite espiritual. Esta propiedad existe en la naturaleza y en las obras literarias y artísticas…” [3]

En esta novela, que “…eleva el placer a la categoría estética y presenta la vida como artificio e invención…”[4], observamos cómo este concepto se ve tergiversado y corrompido por el relativismo y el cinismo de la manera de pensar que poco a poco va adoptando el protagonista, el joven Dorian Gray. Como característica principal y general de este personaje, podemos considerar que se vale de su belleza física para cometer los vicios más despreciables.

¿Cómo se manifiesta esta característica?, pues bien, en Dorian presenciamos dos momentos y, por lo tanto, dos formas de observar su propia belleza: Antes y después de conocer a Lord Henry Wotton. Antes de conocerlo, al principio de la historia, la belleza de Dorian es un “atractivo natural”[5] determinado por su misma juventud, por su ignorancia y su inocencia.
“Si era, en realidad, maravillosamente gentil con sus labios escarlata finamente dibujados, sus francos ojos azules, su pelo rizoso y dorado. Todo en su cara atraía la confianza hacia él. Allí estaba todo el candor de la juventud unido a la pureza ardiente de la adolescencia. Notábase que el mundo no la había manchado aún…”[6]

En esta descripción que inmediatamente recorre la mente de Lord Henry al cruzar algunas palabras con Dorian por primera vez, podemos apreciar la impresión que produce el protagonista sobre aquel que trate con él. Queda por sentado entonces, la belleza física impresionante que posee el apuesto Dorian.

Al continuar la plática, después de haber sido presentados casi por obligación por Basilio Hallward, amigo de Dorian; nuestro protagonista queda impresionado por la filosofía de vida que a grandes rasgos le va mostrando Lord Henry. Poco a poco, va calando en el alma inocente de Dorian, quien nunca antes había escuchado algo igual. Veamos algunas de las frases que Lord Henry utiliza sutilmente para atrapar a Dorian:

“Usted, mister Gray, usted mismo, con su juventud rosa y su adolescencia blanquirrosa, habrá tenido pasiones que le hayan atemorizado, pensamientos que le hayan llenado de terror, días de ensueño y noches de ensueño cuyo simple recuerdo pudiera reír de vergüenza sus mejillas…”[7]

“…posee usted la más maravillosa juventud, y la juventud es lo único que vale la pena”[8]

A raíz de todo este intercambio de frases superfluas y frías es que Dorian queda maravillado y así, cambia de perspectiva con la influencia de Lord Henry, quien a su vez, hace las veces de “Mefistófeles” en la novela, pues es él quien “fomenta la egolatría y el hedonismo en Dorian”[9]

Pero es importante recalcar, que antes de todo este cambio, se aprecia una resistencia inicial de parte de Dorian hacia las ideas de su nuevo amigo, ya que en un principio, hasta trata de oponerse pues las encontraba “repugnantes y alarmantes”[10]. Sin embargo, éstas le hacen reflexionar profundamente y aquella tentación se hace cada vez más persistente.

“¡Deténgase usted! – balbuceó Dorian Gray-. ¡Deténgase! Me deja usted aturdido. No sé qué decir. (…)No hable. Déjeme pensar…”[11]

A medida que avanza la trama de la novela, las ideas de Lord Henry “violentan y dinamizan”[12] el pensamiento de Dorian y lo influencian de tal manera, que “despoja de su propia personalidad y conciencia”[13] y transforman la visión de la belleza de Dorian en una obsesión. Así pues, son muchas las ideas que asaltan la mente del adolescente, sobre todo después de apreciar aquel cuadro en el que Basilio lo retrató aquella tarde que conoció a Lord Henry.

“¡Qué triste es”-murmuraba Dorian con los ojos fijos todavía en su retrato-. (…)Me volveré viejo, horrible, espantoso. Pero ese retrato permanecerá siempre joven… (…) ¡Si ocurriese al contrario, al contrario, si fuera yo siempre joven, y si este retrato envejeciese! (…) ¡Por ello daría todo! (…) ¡Por ello daría hasta mi alma!”[14]

“Siento celos de todo aquello cuya belleza no muere. Tengo celos de mi retrato (…) ¿Por qué ha de conservar él lo que yo perderé?”[15]

Así, reconocemos como segundo momento en la interpretación de Dorian de la belleza, a la que tiene lugar después de conocer a Lord Henry, pues a partir de ello, Dorian “se vuelve consciente de lo efímeras que son la juventud y la belleza”[16]

Apreciamos pues, que la belleza física se vuelve una obsesión para Dorian Gray, y todo ello no sólo gracias a las expresiones persuasivas de Lord Henry, sino a todos aquellos halagos que recibía por su sola belleza física, “en todo momento le hablan de su belleza física, la que él tiene. Le hacen ver, también, lo desafortunado que sería sin ella (…) la belleza interior les importaba un bledo.”[17] Mientras Dorian, ante tanto halago, no se daba cuenta que su belleza, por ley de la vida, era intrascendente.

Inclusive el mismo Basilio, quien no deseaba en absoluto que Dorian se entere de su gran devoción por su belleza, se siente impactado por el físico del joven, y el retrato que hace de él es “fruto del amor que éste siente por el arte y la belleza de su joven modelo”[18]

Hasta ahí con Dorian. Para no perder la hilación de este ensayo en la continuidad de la novela, valga señalar que toda aquella corrupción del concepto de la belleza, y en general de la vida misma, al que hemos hecho mención líneas arriba, se refleja en el retrato de Dorian que pintó Basilio, éste pues, se llega a convertir en su alma; refleja no solo los estragos de la ancianidad, sino de su vida depravada y viciosa.

Me parece preciso pues, a manera de reflexión, analizar también y en última instancia, lo que significa la belleza para este personaje caracterizado por sus rebeldes y provocativas frases, Lord Henry Wotton[19]:

“…y la belleza es una forma del Genio más elevada; en verdad, que el Genio no tiene necesidad de explicación…”[20]

“…Es una soberanía de derecho divino. Hace príncipes a los que la poseen…”[21]

Lord Henry, ve por sobre todo la belleza física, para él esto es lo único que debe importar, toda su filosofía de vida se resume al hecho de que se debería gozar de su atractivo exterior porque los años no pasan en vano. En pocas palabras, la noción que posee de belleza es de pura vanidad.

Otra idea detentada por este personaje y que podemos reconocer, es la consideración de la belleza como un fin en sí mismo. Pues claro, al afirmar que la belleza no necesita explicación, sostiene firmemente que ésta no podría explicarse si no es según sus propias leyes. Así, rebaja al ser humano a la condición de un simple objeto o fuente del placer que produce la belleza.[22] He aquí la reflexión acerca del paradigma que se propone en este personaje: Va contra todo principio estético y moral.

Admitiendo la corrupción moral del protagonista, cabría pues introducir a ambos personajes, alumno y maestro, en un solo saco. “...Lord Henry y Dorian son dandies decadentes”[23]. ¿Qué quiere decir esta frase? Pues bien, sabemos que dandi es el hombre elegante; Wilde se consideraba uno. Los personajes mencionados eran dandies en cuanto transgredían la noción de la estética, o la belleza, al plantear mediante su ideología “la renuncia al alma como fuente de placer y, por ende, (…) proponer la posibilidad de cosificación del otro para convertirlo en objeto de placer”[24].

Tanto Lord Henry como Dorian atribuyen a la belleza un valor que en sí misma no posee. A Dorian le horroriza el saber que pronto se verá viejo, Lord Henry se lo hace saber; y ambos quieren cambiar este principio. “…La ambición, la vanidad, la vanagloria, envueltas en su aspecto bello, transmitidos por Lord Henry, hacen a Dorian una persona mas despreciable e infame….”[25]

Hemos visto pues, como la belleza, y el placer a su vez, tratan de colocarse por encima de lo humano. A mi parecer, el tema central de esta novela gira en torno a la degradación del alma humana por la pasión y búsqueda enfermiza de la eterna belleza. A raíz de esto es que podemos distinguir a lo largo de toda la obra, como la belleza, en su aspecto puro y sencillo, al abrir los ojos a una “falsa realidad” se corrompe y se convierte en obsesión.

La reflexión hacia la cual nos debería llevar esta interesante y bellísima novela, en un ámbito más profundo y un tanto filosófico, es a no permitir influenciarnos por pensamientos subjetivistas que nos retraten la realidad de manera equivocada. Nunca podrá existir la belleza y el placer por encima de nuestra persona.

BIBLIOGRAFÍA

DIAZ TARRILLO, Lelia. Tesis: “Análisis temático, estructural y de valoración ética de el retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde y el extraño caso del Dr. Jekyll y el Sr. Hyde de Robert L. Stevenson. Coincidencias y divergencias”. Especialidad: Lenguas. Chiclayo. 2007.

EDITORIAL RAMÓN SOPENA. Clásicos Ingleses Sopena. 1º edición. RAMON SOPENA. Barcelona. 1978.

GRUPO OCÉANO. Diccionario de Literatura Universal. 1º edición. GRUPO EDITORIAL OCÉANO. España. 2004.

MARTÍNEZ VICTORIO, Luis Javier. Transgresión estética y perversión racionalista en The Picture of Dorian Gray. Sección Departamental de Filología Inglesa. Universidad Complutense de Madrid. Estudios ingleses de la Universidad Complutense, ISSN 1133-0392, Nº 4, 1996, pags. 161-174. Ubicado el 04.06.2009. Obtenido en http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=174399

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. Diccionario de la Lengua Española. 22º edición. Tomo III. Q.W. Editores S.A.C. Lima-Perú. 2005.

WILDE, Oscar. El retrato de Dorian Gray. ALMÉN EDITORES. Lima-Perú. 2001.

ZAMORA NIETO, Fanny. Diccionario Zamora de la Literatura Universal. 2000 años de Literatura. Consultor bibliográfico y literario A-Z. 2º edición. ZAMORA. 1997.

[1] Cf. GRUPO OCÉANO. Diccionario de Literatura Universal. 1º edición. GRUPO EDITORIAL OCÉANO. España. 2004. 1098.

[2] Incluso en los diálogos (los de Lord Wotton, sobre todo) pues “…anuncian perfectamente el ingenio, la ironía (…) que habrán de ser la clave del éxito en sus comedias venideras…”. Cf. EDITORIAL RAMÓN SOPENA. Clásicos Ingleses Sopena. 1º edición. RAMON SOPENA. Barcelona. 1978. 747.

[3] REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. Diccionario de la Lengua Española. 22º edición. Tomo III. Q.W. Editores S.A.C. Lima-Perú. 2005. 245.

[4] ZAMORA NIETO, Fanny. Diccionario Zamora de la Literatura Universal. 2000 años de Literatura. Consultor bibliográfico y literario A-Z. 2º edición. ZAMORA. 1997. 1341.

[5] DIAZ TARRILLO, Lelia. Tesis: “Análisis temático, estructural y de valoración ética de el retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde y el extraño caso del Dr. Jekyll y el Sr. Hyde de Robert L. Stevenson. Coincidencias y divergencias”. Especialidad: Lenguas. Chiclayo. 2007. 132.
[6] WILDE, Oscar. El retrato de Dorian Gray. ALMÉN EDITORES. Lima-Perú. 2001. 21.

[7] Loc. Cit.

[8] Ibidem. WILDE: 2001; 26.

[9] Ibidem. DÍAZ TARRILLO: 2007; 12.

[10] Ibidem. DÍAZ TARRILLO: 2007; 58.

[11] Ibidem. WILDE: 2001; 23.

[12] MARTÍNEZ VICTORIO, Luis Javier. Transgresión estética y perversión racionalista en The Picture of Dorian Gray. Sección Departamental de Filología Inglesa. Universidad Complutense de Madrid. Estudios ingleses de la Universidad Complutense, ISSN 1133-0392, Nº 4, 1996, pags. 161-174. Ubicado el 15.06.2008. Obtenido en http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=174399. 7.

[13] MARTÍNEZ VICTORIO: 1996; 10. Op. Cit.

[14] Ibidem. WILDE: 2001; 30.

[15] Ibidem. WILDE: 2001; 31.

[16] ZAMORA NIETO: 1997; 1342. Op. Cit.
[17] Ibidem. DIAZ TARRILLO: 2007; 50.

[18] Ibidem. ZAMORA NIETO: 1997; 1342.

[19] Lord Henry encarna todos los vicios del siglo XX. Es un hombre muy superficial, vive los placeres y aconseja pensamientos egoístas. “No es virtuoso (…) el tema de la belleza física le interesa más, que la interior de Dorian…”. Cf. DÍAZ TARRILLO: 2007; 64.

[20] Ibidem. WILDE: 2001; 27.

[21] Loc. Cit.
[22] Cf. Ibidem. MARTÍNEZ VICTORIO: 1996; 8, 10.

[23] Ibidem. MARTÍNEZ VICTORIO: 1996; 12.

[24] Loc. Cit.

[25] DÍAZ TARRILLO: 2007; 132.

1 comentario:

  1. Anónimo2/9/15

    Muchas gracias por tu aporte, lo hemos usado para nuestro trabajo. Salu2

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